Carmen

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Era apasionada, entusiasta, cariñosa, muy culta, muy capaz, muy feminista.

Era tan guapa que enseguida empezaron a decir que era tonta. Era tan amable que decían que no se enteraba de nada. Era apasionada, entusiasta, cariñosa, muy culta, muy capaz, muy feminista. Fue la ministra de nuestros sueños, la pesadilla de quienes se cansaron de atacarla cuando comprendieron que no iban a poder con ella. Por muchos ministros, muchas ministras de Cultura que llegue a conocer en mi vida, Carmen Alborch siempre será la mía, la figura que encarnó los anhelos de quienes aspirábamos a una gestión cultural progresista, diversa, radicalmente nueva. Y sin embargo, a pesar de la importancia de su labor, Carmen fue mucho más que lo que hizo en el ministerio. Precursora de un modelo de mujer destinado a triunfar, su ejemplo se fue agrandando con el paso tiempo, mientras demostraba que se podía trabajar con la misma convicción en el poder y en la oposición. Pienso en los años difíciles de sus derrotas electorales, cuando Barberá parecía destinada a convertirse en la eterna alcaldesa de Valencia, y la recuerdo con la sonrisa y las fuerzas intactas, tan tenaz, tan luchadora como siempre. Entonces me pareció aún más admirable. La última foto que compartió con sus amigas es un montaje en el que aparece, esplendorosa como una estrella de cine de los años dorados de Hollywood, envuelta en una capa roja y abrazando a un Paul Newman muy joven, en albornoz. Mientras luchaba a brazo partido con la muerte, se aferraba a la vida con la conmovedora determinación de las mujeres valientes, y ni siquiera la enfermedad logró detenerla. Su última iniciativa fue pedir, hace menos de veinte días, que el feminismo fuera declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Sin ella, todas estamos un poco más solas.

Fuente: Almudena Grandes, Carmen, El País, 29 de octubre de 2018

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Carmen Alborch, Agua muy clara.

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Carmen Alborch era una verbena, pero una verbena muy seria. Llegaba, estallaba, iluminaba, escuchaba, decidía, animaba. Y era profunda. Luminosa y profunda.

Quiero despedir a Carmen Alborch citando, adaptado al personaje, al gran poeta valenciano Andrés Vicent Estellés: “No hi havia a València una llum com la teua, car de llums com la teua, a tot arreu i ara, en son parides ben poques” (“No había en Valencia una luz como la tuya, porque luces como la tuya, en todas partes y ahora, son paridas muy pocas”).
Carmen Alborch era una verbena, pero una verbena muy seria. Llegaba, estallaba, iluminaba, escuchaba, decidía, animaba. Y era profunda. Luminosa y profunda.

De sus tiempos como ministra de Cultura recuerdo, sobre todo, el profundo contraste establecido con su sucesora en el cargo, Esperanza Aguirre, ética y estéticamente, pero sobre todo éticamente. Era, para qué os lo voy a decir, todo lo contrario. Culta, socialista sin caspa, llena de savia y fecundidad, frutal. Pienso en ella y solo se me ocurren imágenes relacionadas con la madre tierra y con el mar. La tierra que ahora la acoge y que será mejor porque ella la abona. Carmen Alborch fue exactamente lo que necesitaba este país: lo contrario de Bernarda Alba (que sería Aznar, si también me lo permiten).

Era agua muy clara.

Fuente: Maruja Torres, Agua muy clara, El País, jueves 25 de octubre de 2018

“El intenso calor de la luna” de Gioconda Belli. LA IDENTIDAD FEMENINA EN LA MENOPAUSIA.

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Cuanta energía dedicamos a lamentarnos de lo que dejamos de ser

El intenso calor de la luna es una novela tan elocuente que merece la pena escuchar las voces de los personajes. Y es tan vivencial que, en ocasiones, se quiebra el hilo argumental. “Emma no logra hilvanar una narrativa coherente de lo que ha sucedido” (p. 298). Así pues, me limitaré a servir de hilo conductor para evitar que estas páginas se conviertan en un guirigay.

REESCRIBIENDO A FLAUBERT

De un momento a otro puede cambiarle a uno la vida. Todo lo que nos parece seguro y sólido puede desaparecer en un instante. Tomemos el caso de Emma (p.9)

Con este arranque tan novelesco, sabemos que la protagonista va a entrar en conflicto consigo misma y con Emma Bovary. Desde el primer momento sospechamos que irá más allá y trascenderá el modelo femenino de Flaubert. Nuestra Emma, a sus cuarenta y ocho años, se enfrenta a la menopausia y sufre una transformación interior. Se cuestiona su posición en la vida y lo que se espera de ella como mujer. Su lucha no la lleva al suicidio, como a su homónima, porque ya ha pasado el tiempo de inmolación para las mujeres y hemos roto muchos tabúes: “Este es un tránsito hacia vos misma, hacia esa persona que existe fuera de esos esquemas heredados de lo que es la feminidad” (p.96).

No en vano, esta novela es una reescritura de los patrones heredados. Gioconda Belli se arriesga a reescribir al mismo Flaubert: “Si Madame Bovary, su tocaya, pensaba que la luna existía para brillar por su ventana, ella piensa que el sol está en el cielo para alumbrarla a ella” (p.100).

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“Este es un tránsito hacia vos misma, hacia esa persona que existe fuera de esos esquemas heredados de lo que es la feminidad” (p.96).

Emma, después de su proceso catártico, siente conmiseración por las otras mujeres, por las otras emmas que “terminaron aplastadas por la obligación de matrimonios áridos” (p.299).

EL CONTENIDO NARRATIVO

El tema principal es el impacto que produce la menopausia en Emma, una mujer burguesa, tan insatisfecha como la de Flaubert. Y que vive la retirada de la menstruación como una amenaza contra su feminidad. Mientras va conduciendo por Managua, absorta por el retraso de la regla, atropella al joven Ernesto. Este accidente es el detonante de la acción de la novela y despierta nuevos sentimientos en la protagonista, Emma, que no supo rebelarse a tiempo contra los estereotipos que la atenazaban, y que lo hace ahora contra el papel de mujer madura.

La trama novelesca se convierte en una excusa para permitir que Emma supere los mitos que se han atribuido a las mujeres jóvenes, bellas y fértiles: “Los rostros jóvenes son como cuadernos bellamente empastados con las páginas en blanco. Solo el tiempo pone palabras en los rostros, historias, carácter” (p.77).

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Emma, que no supo rebelarse a tiempo contra los estereotipos que la atenazaban, y que lo hace ahora contra el papel de mujer madura.

Sabe que su hija Elena y sus amigas siguen atrapadas en prejuicios atávicos: “Las mujeres jóvenes hacían alarde de no necesitar a los hombres. Pero luego, a los treinta y cinco, cuando el reloj biológico sonaba su alarma, se desesperaban por encontrar padre para los hijos” (p.76). Ella misma se ha sentido asfixiada por las viejas creencias que condenaban a las mujeres menopáusicas: “Si hasta existe un código sobre cómo debe vestir la mujer madura, un claro empeño en invisibilizar la sexualidad femenina cuando ya no cumple la función reproductora” (p.89).

Toda la trama está construida para rendir un homenaje a esta heroína. Los episodios narrativos nos muestran cómo va descubriendo un nuevo erotismo y la posibilidad de llegar a ser ella misma, sin justificarse a través de su marido ni de sus hijos: “Que no le tema a la menopausia, que es la época donde una se pertenece a sí misma y puede alcanzar la plenitud” (p. 109).

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“Que no le tema a la menopausia, que es la época donde una se pertenece a sí misma y puede alcanzar la plenitud” (p. 109).

EL FEMINISMO

Impregna todas las capas de la novela. Diana le confiesa a su amiga Emma: “Una se da cuenta de las falsedades de la historia que nos han contado sobre nosotras mismas. No me quiero sentir víctima, pero a veces no puedo evitarlo ¡Dios mío! Desde Eva nos han mentido” (p. 163).

Emma conquista su nueva conciencia con ayuda de las grandes madres del feminismo: “Que el cuerpo femenino es complicado lo comprendo más que en los libros de texto, leyendo El segundo sexo de Simone de Beauvoir (p. 69). Sonrío recordando una novela de Erica Jong, Paracaídas y besos, en la que la escritora narraba sin tapujos una escena sexual, donde un hombre hacía el amor a una mujer en medio de su ciclo menstrual” (p. 147).

La ginecóloga Jeanine Piñeiro, una especie de alter ego de la autora, deja que se asome su feminismo en las digresiones que va intercalando: “Algunas mujeres pioneras del feminismo, como Betty Friedan, han intentado cambiar la tónica: “La fuente de la edad se llama el libro que esta escribió, donde celebra la edad de la sabiduría y la madurez” (p. 92).

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“Si hasta existe un código sobre cómo debe vestir la mujer madura, un claro empeño en invisibilizar la sexualidad femenina cuando ya no cumple la función reproductora” (p. 89).

En una entrevista que Gioconda Belli concedió a la revista Cultura, sobre El intenso calor de la luna, insistía en la conciencia feminista de su literatura. “Creo que es una novela política, en el sentido de que lo personal es político”. Y descifró algunas claves de su feminismo. A propósito de la relación de Emma con el joven Ernesto decía:

Tiene que ver con la reproducción. El hombre se puede reproducir hasta una edad avanzada, pero la mujer no, tiene un límite. Eso tiene que ver con algo casi atávico, pero es un gran error. Pero es cierto que es totalmente injusta la mirada de la sociedad sobre la mujer que está con un hombre más joven. A las mujeres nos dan un tiempo útil muy corto, entre los veinte y los treinta. Ese es el auge, el tiempo en que la mujer puede ser “miss tal cosa”, la mujer trofeo. Después de eso, una va perdiendo valor, se va depreciando a medida que pasa el tiempo.

Es el tema central que condiciona la trama. Emma atropella a Ernesto porque anda trastornada con un retraso menstrual, y descubre las relaciones de su marido con Margarita por un sofoco inesperado (p. 238).

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Al final, la temida menopausia se convierte en una nueva oportunidad para que Emma se encuentre consigo misma y entienda que el fin de la fertilidad no significa dejar de ser mujer.

LA MENOPAUSIA

Gioconda Belli se atreve con un tema tabú y reivindica una liberación. Intenta romper con un tópico que arrebata la sexualidad de las mujeres:

Este personaje no existía todavía en la literatura. La menopausia es un período en la vida de una mujer que está muy oculto. Se ha hablado más de la menstruación en la literatura, pero de la menopausia solo se habla en revistas científicas. Yo quería tocar el tema de una manera diferente a partir de una mujer que tiene una relación muy especial con su belleza y le dedica tiempo. Como les pasa a muchas mujeres, se ha quedado en mantener la juventud y la belleza a falta de otra cosa que hacer. Ella ya terminó su período maternal, sus hijos se han ido a vivir solos, entonces tiene lo que llaman “el síndrome del nido vacío”.

Al final, la temida menopausia se convierte en una nueva oportunidad para que Emma se encuentre consigo misma y entienda que el fin de la fertilidad no significa dejar de ser mujer.

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Emma piensa en el cuerpo de una mujer desprendiéndose de la luna, desprendiéndose del influjo con que esta ha marcado su vida de hembra de la especie; la sangre menstrual y el calendario de los partos. Ahora solo brillará para ella, como para Emma Bovary (p. 317).

AMOR NO ROMÁNTICO

A Emma la redime el amor que nace de la sensación de que otro ser humano la ama de igual a igual, sin paternalismo ni arrogancia (p. 291). Tiene que romper con el estereotipo romántico de la autonegación y el sacrificio. “Nos han condicionado para que el amor se comporte como debilidad, no como fuerza” (p.97).

EL FINAL

El párrafo final de la novela anuncia el paroxismo del poema con que se cierra el texto.

Emma piensa en el cuerpo de una mujer desprendiéndose de la luna, desprendiéndose del influjo con que esta ha marcado su vida de hembra de la especie; las sangre menstrual y el calendario de los partos. Ahora solo brillará para ella, como para Emma Bovary (p. 317).

Una vez acabada la novela, cuando los actores han salido del escenario, entra un poema, como los ditirambos de los coros de las tragedias griegas, para celebrar el exorcismo con la hoguera de compresas que Emma y Nora, su criada, encienden en el jardín.

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A Emma la redime el amor que nace de la sensación de que otro ser humano la ama de igual a igual, sin paternalismo ni arrogancia (p. 291). Tiene que romper con el estereotipo romántico de la autonegación y el sacrificio. “Nos han condicionado para que el amor se comporte como debilidad, no como fuerza” (p. 97).

En el fondo, la rebelión de Emma era un tema de tragedia porque perturbaba el orden familiar. Los autores clásicos, representantes de la garantía del mundo patriarcal, hubieran condenado a esta heroína a expiar el pecado que no había cometido. Gioconda Belli, una mujer moderna, nos trae un nuevo mensaje a las mujeres.

 

Fuente: ROMEO PEMÁN, Carmen (2016). “La identidad femenina en la menopausia. El intenso calor de la luna, de Gioconda Belli”. Filanderas. Revista interdisciplinar de Estudios Feministas (1), 89-92

“Francine se desarregla” o cómo empatizar con una mujer menopáusica.

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La autora cuenta de forma autobiográfica su experiencia con el proceso del cambio hormonal

La menopausia sigue siendo uno de los grandes temas tabú de la sociedad. En medio de la lucha universal por conservar la juventud, el cambio de ciclo hormonal recuerda a todas las mujeres, antes o después, que el tiempo pasa sin piedad.

Francine se desarregla es un libro en el que la autora, Francine Oomen, cuenta a través de ilustraciones cómo se enfrentó a ella cuando a los 52 años le llegó la hora de experimentarla.

El proceso fue largo y angustioso. Oomen tuvo que enfrentarse a sus miedos y al sentimiento de culpa, y libró su batalla interior en medio de los sofocos y cambios bruscos de humor. Pero salió victoriosa.

La autora canalizó toda la frustración del trámite dibujando y plasmó su experiencia paso a paso en forma de viñetas.

El resultado son estas memorias gráficas en las que muestra su lucha personal con el objetivo de demostrar a todas las mujeres que la menopausia solo es una etapa más de la vida y que hay que asumirla sin miedo.

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Un buen día, Francine empezó a experimentar síntomas extraños, desconocidos para ella. No era capaz de trabajar, sentía angustia y miedo. Pensó que estaba perdiendo la cabeza o que padecía alguna enfermedad grave.

Después de unas semanas de muchas dudas, la pareja de Francine le abrió los ojos. No tenía ninguna enfermedad, había empezado la menopausia.

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Con la causa de sus males ya identificada, Francine primero se relajó. Era una buena noticia saber que no se enfrentaba a un ictus o al Alzheimer.

Sin embargo, superado el alivio inicial, comprendió lo que se avecinaba y volvió a sentir miedo.

Se sintió al borde del abismo cuando le cayó encimo de golpe la conciencia del paso del tiempo.

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Viviendo en una sociedad que se aferra como puede a la juventud y que espera que las mujeres sean siempre jóvenes y perfectas, la menopausia se convierte en el enemigo. Francine se sintió vieja de repente.

Después de una intensa lucha consigo misma, se dejó llevar por lo irremediable y empezó a buscar la forma de asumir el cambio de la mejor forma posible.

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Francine comprendió que la única que podía sacarla de aquel agujero era ella misma.

El momento de enfrentarse al cambio hormonal fue decisivo.

Fue entonces cuando tomó las decisiones necesarias para afrontar esta nueva etapa.

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Dejó de trabajar, hizo terapia y empezó a tener citas. Pensó en lo que de verdad quería hacer con su vida y empezó a dedicarse tiempo a sí misma.

Finalmente, a pesar del duro trance al que le sometieron las hormonas, Francine empezó a aprovechar sus nuevas circunstancias para desprenderse de los miedos y de la autoexigencia con la que había convivido toda la vida.

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Francine superó su desarreglo y comprendió que la menopausia solo es una etapa más de la vida que hay que superar como otra cualquiera.

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El proceso fue largo y angustioso. Oomen tuvo que enfrentarse a sus miedos y al sentimiento de culpa, y libró su batalla interior en medio de los sofocos y cambios bruscos de humor. Pero salió victoriosa.

Fuente: Marya González, “Estas ilustraciones ayudan a entender lo que vive una mujer cuando le llega la menopausia” Huffpost a 01 de junio 2018

Claves para vivir la etapa de la menopausia con la máxima plenitud

Hoy, debido a que la esperanza de vida supera los 80 años y va en aumento, esta percepción ha cambiado y la menopausia se ha convertido en la etapa más larga de la vida de las mujeres, aunque todavía es desconocida y está llena de tabúes, dudas y estereotipos”.

Hace unos años, cuando la esperanza de vida femenina se situaba en 62 años, la menopausia era poco deseada por muchas mujeres, por miedo a los cambios corporales y emocionales que se producen y porque casi marcaba el fin de la vida. Así lo señala Montse Roura, directora de la asociación “Ella y el abanico”.

“Hoy, debido a que la esperanza de vida supera los 80 años y va en aumento, esta percepción ha cambiado y la menopausia se ha convertido en la etapa más larga de la vida de las mujeres, aunque todavía es desconocida y está llena de tabúes, dudas y estereotipos”, añade Roura.

“Ahora las posibilidades de vivir esa etapa con plenitud y disfrute son infinitas porque, para empezar, no hay que preocuparse más de los embarazos no deseados, por lo que podemos vivir nuestra sexualidad plenamente”, señala Roura.

Según dice, dos de los tabúes de la menopausia son el rechazo y la incomprensión que, según esta entidad, viven un 40 por ciento de las mujeres, sobre todo entre los 45 y 50 años.

“La sociedad premia exageradamente la juventud como si se tratase de un logro personal, pero ser joven no tiene mérito”, señala a Efe Margarita Legorburu, que es médica y acupuntora, participante en el fórum “Mujer y Menopausia”, un ciclo de conferencias y talleres que organiza “Ella y el abanico” en distintas ciudades de España.

La sensación de rechazo tiene más que ver, en general, “con lo que la misma mujer piensa que los otros piensan de ella, que con lo que realmente piensan los demás”. “Muchas mujeres añoran la figura que ya no tienen y hay síntomas como los sofocos y la sudoración profusa que, a veces, son evidentes y visibles aumentando el miedo al rechazo”, añade.

“Ahora hay señoras estupendas de 50 y 60 años en adelante, con dinamismo y poder adquisitivo, que el mercadeo y la publicidad ya reconocen como un grupo de consumo emergente”, según Legorburu, responsable médica de la Unidad de acupuntura de la Clínica Sant Josep de Vic y máster en Programación Neurolingüística (PNL).

Para Legorburu, la sensación de rechazo tiene más que ver, en general, “con lo que la misma mujer piensa que los otros piensan de ella, que con lo que realmente piensan los demás”.

“Muchas mujeres añoran la figura que ya no tienen y hay síntomas como los sofocos y la sudoración profusa que, a veces, son evidentes y visibles aumentando el miedo al rechazo”, añade.

“Hay cambios hormonales y energéticos innegables en el cuerpo y, aunque en algunos casos crean situaciones problemáticas, no ocurre siempre, no tienen por qué ser de gran intensidad. La mayoría de ellos solo los va a notar la propia mujer”, recalca.

“Los otros van a ver una mujer hermosa, segura, simpática y convencida, aunque acalorada”, señala Legorburu, para quien “es importante estar lo mejor posible de salud, y el resto hay que relativizarlo, ya que tener alguna arruguita o algún kilito de más, es bastante normal a esta edad… es ley de vida”.

“A unas mujeres la vida las habrá tratado mejor que a otras en el aspecto externo, pero la impresión que se llevan de ellas los demás es de si se sienten contentas o no con su vida, y eso no depende de las hormonas, si no de la actitud”, explica.

Vivir al máximo

“Por ejemplo en una sala de teatro es frecuente observar a un montón de mujeres abanicándose, pero lo único que provoca es una sonrisa de solidaridad entre las semejantes”, apunta Legorburu.

“A unas mujeres la vida las habrá tratado mejor que a otras en el aspecto externo, pero la impresión que se llevan de ellas los demás es de si se sienten contentas o no con su vida, y eso no depende de las hormonas, si no de la actitud”, explica.

En una cita a ciegas con un hombre esta médica también aconseja relativizar, ya que seguramente “él” se siente como ella y sabe que no es como antes, ya que “solo sirve ser natural, ser uno mismo”.

“Y si te apetece ir a bailar “zumba”, ¿Qué más te da lo que piensen los demás? ¿Te vas a quedar en casa? Te pueden quedar 30 años de vida por delante ¡ y se pueden hacer muy largos!” enfatiza.

“Otro miedo frecuente es el relativo a las relaciones, pero puede ser una época de “gran sexo”, sin complicaciones y con mucha gratificación, en la que se puede pedir orientación a muchos profesionales sobre las dificultades físicas y hay que usar el sentido del humor para que la cosa funcione y perder los complejos”, según esta especialista.

“Y si te apetece ir a bailar “zumba”, ¿Qué más te da lo que piensen los demás? ¿Te vas a quedar en casa? Te pueden quedar 30 años de vida por delante ¡y se pueden hacer muy largos!” enfatiza.

Según Legorburu, los hijos pueden ser muy duros juzgando a su madre, pero ellos tienen su vida, y ella tiene derecho a vivir al máximo la suya.

“¿Qué mejor ejemplo puede ofrecerles que el de ser una madre que se mima, que se gusta y que se quiere a sí misma, y a la vez que los cuida y quiere a ellos?”, reflexiona.

“A veces en el entorno cercano de la mujer puede surgir cierta incomprensión, de su pareja, familia, amigos o compañeros de trabajo, ante las fluctuaciones de la libido, cambios de humor, alteraciones físicas u hormonales o la desconcentración, olvidos y cansancio que pueda experimentar”, explica Legorburu.

Claves del éxito

Para afrontar la sensación de rechazo o las situaciones de incomprensión debes tener en cuenta estos consejos:

Cuida tu alimentación y realiza ejercicio físico en función de tus posibilidades y gustos, como por ejemplo andar.

Sal con tus amig@s, participa en actividades sociales, y no te quedes en casa, ni dejes de relacionarte.

Dedica un tiempo cada día a estar contigo misma y hacer lo que te guste: leer, tocar el piano, hacer manualidades, meditar…

Dedica un tiempo cada día a estar contigo misma y hacer lo que te guste: leer, tocar el piano, hacer manualidades, meditar…

Consulta a profesionales de la salud, como tu médico o ginecólogo, ya que sea lo que sea no eres la primera ni la última.

Infórmate sobre la Medicina Integrativa (tradicional y complementarias combinadas) que complementa los tratamientos médicos con los de bienestar personal y apoyo emocional.

Acéptate, gústate y quiérete a ti misma y recuerda que la belleza está en el interior, y la felicidad se refleja en el rostro.

Recuerda que la opinión que tienen los otros de ti no es tu opinión ni tu problema, sino el de los demás.

Pide ayuda cuando la necesites, ya que no te hace más débil, tanto a nivel físico como emocional.

Asume solo las responsabilidades que te corresponden, sin convertirte en esclava de tus padres, hijos ni pareja.

Valora las cosas positivas que no tenías hace 20 años: aprende a distinguirlas y disfrútalas. ¡Son muchísimas!

Acéptate, gústate y quiérete a ti misma y recuerda que la belleza está en el interior, y la felicidad se refleja en el rostro.

Añade a tu vida sentido del humor, pase lo que pase. No te tomes la vida demasiado en serio. Pocas cosas son tan serias como crees.

Date permiso y permítete aceptar tus cambios. Hay cosas que no están en tus manos y que no puedes controlar.

Recuerda poner límites en tu entorno explicando con todas las letras y a todos los que sea necesario, ¡que no puedes con todo!

No olvides que tienes derecho a: cambiar, evolucionar, actuar de otro modo, opinar diferente y dejar atrás el sentimiento de culpa.

Huye de las etiquetas y enseña a los jóvenes que, a cualquier edad, hay belleza y que aprendan a valorarlo.

Acepta a aquella gente a la que le cueste ponerse en tu lugar, ya que al no vivir la situación en primera persona necesitarán tiempo para asumir los cambios y nuevos roles.

Mejora tu vida sexual

Para aumentar el deseo: maneja el estrés, resuelve los problemas de pareja y de comunicación. Enfócate en la intimidad.

Separa tiempo para el acto sexual y concéntrate en disfrutarlo.

Añade a tu vida sentido del humor, pase lo que pase. No te tomes la vida demasiado en serio. Pocas cosas son tan serias como crees.

Aumenta la excitación: aumenta el tiempo del juego preparatorio antes del acto sexual. No fumes ni ingieras alcohol en exceso. Usa lubricantes vaginales si sientes resequedad vaginal.

Alcanzar el orgasmo: aumenta el estímulo sexual. Puedes intentar juegos y utilizar la fantasía e imaginación.

Minimizar el dolor: intenta distintas posiciones y lleva a cabo otras actividades sexuales que no envuelvan la penetración. Usa lubricantes si tienes resequedad vaginal y vacía la vejiga antes del acto sexual. Permite suficiente tiempo para la excitación antes de la penetración. Si la resequedad vaginal no se mejora con lubricantes, visita tu médico ya que existen tratamientos muy efectivos para resolver ese problema.

Para aumentar el deseo: maneja el estrés, resuelve los problemas de pareja y de comunicación. Enfócate en la intimidad. Separa tiempo para el acto sexual y concéntrate en disfrutarlo.

Si no has notado mejoría, visita un profesional de la salud con conocimiento en estos temas, como el ginecólogo y un sexólogo. Sé abierta y honesta. Involucra a tu pareja. No hay por qué sentirse avergonzada. Todo tiene solución si se atiende a tiempo.

Fuente: American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG)

Javier Gurruchaga: “Estamos tontos perdidos”

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Está uno harto de que nos manipulen y nos mientan con cortinas de humo para distraernos de los problemas. Y el caso es que estamos tontos perdidos, nos acostumbramos y nos lo creemos.

Lo tiene una clavadito en la retina caracterizado como la periodista Victoria Prego entrevistando a un actor enano disfrazado del expresidente Felipe González en el programa Viaje con nosotros de Televisión Española, allá por 1988. El lío -y el surrealismo- de la frase retrata bien a Javier Gurruchaga, músico, cantante, actor –“entertainment”– cuya fama al frente de la Orquesta Mondragón fue mítica hasta que los vaivenes de la vida le hicieron desaparecer del radio mediático. Quedamos en un videoclub transformado en local de moda del barrio de Chueca. Pide un café con leche y un pastel de queso del que da glotona cuenta en la charla y somete a aprobación la chistera que trae para salir más Gurruchaga en las fotos. Excesivo, histrión, personaje, tanto truco no oculta del todo cierta melancólica amargura en la voz y la mirada.

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Excesivo, histrión, personaje, tanto truco no oculta del todo cierta melancólica amargura en la voz y la mirada.

¿Qué hay de nuevo, viejo?

No hay demasiadas novedades. Hay avances en los ifones, en las redes sociales, en esas cositas, pero en el fondo estamos más solos que la una y seguimos no leyendo un puñetero libro.

¿Por qué Noticia bomba?

Estamos viendo noticias cada vez más increíbles, las reales y las falsas. Está uno harto de que nos manipulen y nos mientan con cortinas de humo para distraernos de los problemas. Y el caso es que estamos tontos perdidos, nos acostumbramos y nos lo creemos. Estoy muy alarmado, quería denunciar tanto disparate.

Noticia bomba.

Así, como el libro donde Evelyn Waugh satiriza sobre la prensa sensacionalista de los años treinta, se llama el nuevo disco de Javier Gurruchaga (San Sebastián, 1958). El alma de la Orquesta Mondragón considera que, en los tiempos de las fake news, está más vigente que nunca.

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Hay avances en los ifones, en las redes sociales, en esas cositas, pero en el fondo estamos más solos que la una y seguimos no leyendo un puñetero libro.

Canta un tema llamado Que viene Trump. ¿Es Trump el nuevo lobo para asustar a los niños?

El lobo es ahora el del turrón. Trump sí da miedo. Está el presidente más tonto, más infantiloide y peligroso que ha habido nunca.

Pura carne de parodia.

Me divierte parodiarle. Pero los tiempos no tienen ninguna gracia. Tener un presidente neonazi en EE UU, varios clones en Europa, incluso aquí encontrar elementos supremacistas produce terror. Estoy por disfrazarme de Sara Montiel, que sí tenía gracia, pero se fue hace cinco años.

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Está el presidente más tonto, más infantiloide y peligroso que ha habido nunca.

¿Es más difícil hacer humor hoy? ¿Se autocensura mucho?

Sí, si no, no te llaman. Canto menos Ellos las prefieren gordas. Casi pido permiso, y digo gordas y gordos. Estoy un poquito hasta los cojones. Hay que llamar a las cosas por su nombre: gordas, mentirosos, hijos de la gran chingada, corruptos, no decir chorradas blancas. Y luego, en la tele, todo es lo mismo, tanto Masterchof, tanto fútbol, tanta Eurovisión. Estoy muy destructivo hoy.

¿Cómo se ve a los 60?

Me joden. Soy hijo único. Mi madre, que murió hace poco, decía, “ay, Javi, ¿por qué no adelgazas? Estás gordo y viejo”. Miro el espejo y parezco Belushi, que en paz descanse. Me preocupo, quiero estar bien. No fumo, no bebo…

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Canto menos Ellos las prefieren gordas. Casi pido permiso, y digo gordas y gordos. Estoy un poquito hasta los cojones. Hay que llamar a las cosas por su nombre: gordas, mentirosos, hijos de la gran chingada, corruptos, no decir chorradas blancas.

¿No… lo otro?

No, de lo otro estoy ahora muy tranquilo, también porque me estoy tomando una medicación que anula la libido. Ahora soy más de cine de terror. Soy coqueto, soy vanidoso. Me miro todo el rato la tensión: ahora estoy en 14-8, pero tengo que bajar unos kilitos.

Lo veo un pelín hipocondriaco

Mucho. Estoy asustado, siempre mirándome al espejo. Pero quiero vivir. Hay agarraderos.

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¿Cómo se ve a los 60? Me joden. Mi madre que murió hace poco, decía, “ay, Javi, ¿por qué no adelgazas? Estás gordo y viejo” (…) Estoy asustado, siempre mirándome al espejo. Pero quiero vivir. Hay agarraderos.

¿Cómo la religión? ¿Cree?

A veces rezo un poquito por mi madre y mi padre, me acuerdo y miro al cielo. Elijo una iglesia barroca y voy a pensar en ellos. Pero no, mi cabeza está pensando más en montajes de Broadway.

¿Nostalgia por el pasado?

No soy nostálgico. Vivo el presente y pienso en el futuro. Voy a hacer una obra sobre Napoleón. Javier Tomeo, el autor, me llamaba Napo: hace ya años que se marchó. Me acuerdo mucho de los seres queridos que se han ido. Pero pienso en el futuro. Tengo 60, pero mira cómo está Jagger y Sting y Elton John, y son setentones.

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No queramos estar tan comunicados cuando estamos más incomunicados que nunca y la bomba va a estallar.

Deme alguna esperanza.

Siempre nos quedará París. De hecho, Macron es la gran esperanza. Y luego, leer, ir a museos y a teatros y menos volvernos locos con los móviles. No queramos estar tan comunicados cuando estamos más incomunicados que nunca y la bomba va a estallar.

Pues sí que lo has arreglado.

Cena unas alubias de Tolosa.

Fuente: Luz Sánchez-Mellado, Gente con Luz, “El País”, 27 de mayo de 2018