Juliette Binoche: “Hay una libertad que llega con la edad, especialmente frente a la cámara”.

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“La vita è un´aventura: vado Dove mi porta il corpo”.

Juliette Binoche tiene una doble ocupación en la presente edición del Festival de Cine de Berlín: presidenta del jurado y protagonista de Celle que vous croyez, de Safy Nebbou, basada en la novela homónima de Camille Laurens. En la película, presentada en la Berlinale Special Gala, Binoche interpreta a una mujer divorciada de cincuenta años llamada Claire, que inicia una relación amorosa online con Alex, un hombre mucho más joven. Pero el problema es que Claire usa un perfil falso y su mentira empieza a tener consecuencias.

Claire es una profesora exitosa, tiene unos hijos preciosos y una buena carrera profesional. ¿Por qué de repente finge tener 20 años?

Yo creo que el sentimiento de abandono es insoportable para ella. Su marido la abandona por una mujer más joven; su amante, que tampoco se preocupa por ella, también la deja. Intenta encontrar la forma de no sentir ese abandono (manteniendo algo que ya no funciona). Facebook es uno de los recursos que utiliza, pero llega un momento en que debe romper la ilusión. Le duele darse cuenta de que es una perdedora, pero eso le proporciona una fuerza renovada. Ya no tiene miedo, llega a un lugar donde puede abrirse a cosas nuevas y es capaz de moverse. Ese sentimiento de abandono es horrible. Lo sentimos cuando somos niños, pero sentirlo en la edad adulta…

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Cuando creces emocionalmente, parece que te estás muriendo. Y en parte es verdad porque una parte de ti muere para llegar a esa capa más profunda. La edad puede ser una herramienta maravillosa para el crecimiento personal.

Ella se esconde detrás de mensajes de texto. Pero expresar emociones de esta forma no es segur, ¿verdad?

Parece seguro pero esta película demuestra que no lo es. Es una ilusión. El físico sirve para confirmar sentimientos: el cuerpo necesita implicarse. Y cuando no se llega a eso, es más peligroso. Estás atrapado en esa ilusión.

Es una película que no tiene reparo en mostrar la sexualidad femenina, aunque otros piensen que ya no puede sentir deseo.

Mi padre tiene 85 años y todavía flirtea con las enfermeras. Nunca se va. El deseo siempre está ahí pero tú eliges cómo expresarlo. Con el tiempo, se aprende a vivir con él de una forma diferente (y mejor, si tienes suerte). No dependes de él como cuando tienes 20 años.

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El deseo siempre está ahí pero tú eliges cómo expresarlo. Nunca se va. Con el tiempo, se aprende a vivir con él de una forma diferente (y mejor, si tienes suerte).

Así que, cuando se aproxima una relación, ¿uno debe estar preparado para que se acabe?

O para permitir que no sea nada, que tampoco es fácil. Cuando creces emocionalmente, parece que te estás muriendo. Y en parte es verdad porque una parte de ti muere para llegar a esa capa más profunda. La edad puede ser una herramienta maravillosa para el crecimiento personal. Siempre estamos culpando a la edad y teniéndole miedo pero la edad es lo que nos aporta serenidad. Hay una libertad que llega con la edad, especialmente frente a la cámara. Saca la verdad de lo que sientes como ser humano. Estoy contenta con este papel porque la vida es aprendizaje, y uno aprende tanto en la infancia como en la vejez.

¿Hay algo que estés buscando como presidenta del jurado?

Me interesa lo que es importante aportar al mundo. Ese es el poder que tenemos: centrarnos en temas específicos. La Berlinae elige películas políticas que tienen temáticas muy contemporáneas; y creo que cada vez tendremos más directoras en los festivales. Ya están mostrando su creatividad y destreza. Dieter (Kosslick, la directora del festival) me dijo: “No elegí estas películas porque estuviesen hechas por mujeres, las elegí porque eran buenas”.

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Siempre estamos culpando a la edad y teniéndole miedo pero la edad es lo que nos aporta serenidad. Hay una libertad que llega con la edad…saca la verdad de lo que sientes como ser humano.

Claire es un personaje complicado porque miente todo el tiempo: a su amante, a su terapeuta, interpretada por Nicole García, y a sí misma. Como actriz experimentada, ¿crees que puedes comprender el comportamiento las personas?

Interpretar un papel no es contar mentiras, es decir la verdad. Pero mi personaje trata de evitarla y es como jugar al escondite. Como actor, estás acostumbrado a analizar emociones, sabes hacia donde ir para expresar o recrear, como un pianista que sabe dónde está D menor. Es parte de mi trabajo.

Fuente: Marta Balaga

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¿Tienes sentimientos contradictorios ante tus padres? Es posible que hayas crecido junto a unos padres tóxicos.

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Los propios hijos de estas familias prefieren autoengañarse y pensar que no les está ocurriendo nada en realidad y acaban descartando o filtrando de la la realidad todas las pruebas, situaciones o conductas que les hacen daño, para no tener que aceptar que en realidad, sienten que tienen grandes problemas emocionales causados por la relación con sus propios padres.

Los padres tóxicos, son así llamados por las sensaciones fisiológicas que poco a poco van produciendo en la interacción con sus hijos, además de los problemas emocionales, psicológicos y conductuales que afloran de esa relación en la que los hijos, acaban siendo “intoxicados” por los propios problemas de sus padres. Fueron denominados así por la psicóloga estadounidense Susan Forward, existen y además es un fenómeno que se esconde en el trasfondo de muchos hogares que en apariencia no parecen tener ningún problema. Los propios hijos de estas familias prefieren autoengañarse y pensar que no les está ocurriendo nada en realidad y acaban descartando o filtrando de la realidad todas las pruebas, situaciones o conductas que les hacen daño, para no tener que aceptar que en realidad, sienten que tiene grandes problemas emocionales causados por la relación con sus propios padres. Muchas personas han crecido junto a padres y madres egoístas, narcisistas, que sólo piensan en ellos mismos, que incluso envidian los logros de sus propios hijos e intentan rebajarles a través de todo tipo de chantajes emocionales, criticarles, humillarles minimizando sus éxitos, con tal de quedar ellos siempre por encima.

Podemos detectar algunas conductas tóxicas como la de machacar a los hijos imponiéndoles un ritmo de estudio que ellos no desean o para el que no están preparados o capacitados. Son esos padres que les dicen a sus hijos que no valen nada, que sin ellos no son nadie, que critican cada paso que sus hijos dan o que nunca demuestran su apoyo incluso aunque hagan lo que ellos les dictan. En casos extremos son los padres que golpean o insultan gravemente por cualquier tontería al niño, justificándose con excusas como que no le quedaba otra salida, que el niño es insoportable o que se lo merecía.

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Muchas personas han nacido junto a padres y madres egoístas, narcisistas, que solo piensan en ellos mismos (…). Puede parecer una barbaridad, pero lo cierto es que este tipo de relaciones tóxicas fácilmente se salen de control y están detrás de muchos hogares, enfermedades y problemas de conducta que provienen en apariencia por otras causas, por lo que es fundamental detectar el problema a tiempo.

Son padres tóxicos también aquellos que no están disponibles emocionalmente para sus hijos, ya sea mediante una marcada ausencia o porque parecen estar presentes, pero en realidad nunca preguntan a sus hijos, ni los abrazan, besan o les preguntan sobre sus emociones, miedos o inquietudes. En el polo opuesto tenemos también a los padres que se desviven por sus hijos, los sobreprotegen y no les dejan respirar, para los que cualquier posibilidad de independencia se convierte en algo negativo y las personas externas como otros amigos, parejas o incluso otros familiares, se convierten en enemigos de ese vínculo simbiótico que el padre o la madre intentará mantener durante toda la vida, llevando a cabo comportamientos que acaben aislando a sus hijos, como involucrarse en sus relaciones de pareja, criticar a sus amigos o impedirles relacionarse con libertad. Estos padres tratan al adulto como si fuera un niño pequeño eternamente.

Son también padres y madres que proyectan sus frustraciones y deseos de tener éxito personalmente a través de sus hijos y por ello, necesitan que el hijo o la hija triunfen para sentirse ellos triunfadores/as. Por lo que desde pequeños motivan, manipulan e incluso exigen de forma neurótica a sus hijos que deben ser los números uno en la escuela, en el fútbol, en la universidad, en el trabajo o profesión, en música o en cualquier cosa en las que ellos/ellas mismos/as les hubiera gustado triunfar. Por otra parte, también pueden utilizarles para satisfacer sus propias necesidades de ser “mejores” que los demás y por eso, pueden manipularles para querer ser mejores que sus amigos, que sus vecinos, que sus primos y en general, “mejores” que el resto; depositando así en sus hijos gérmenes de la vanidad, el perfeccionismo, la ansiedad, intolerancia a la frustración o la necesidad de llamar la atención de los demás, convirtiéndose en niños o incluso adultos que pueden llegar a ser “triunfadores/as” pero incapaces de escuchar, trabajar en equipo o empatizar con otros.

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Los padres tóxicos, son así llamados por las sensaciones fisiológicas que poco a poco van produciendo en la interacción con sus hijos, además de los problemas emocionales, psicológicos y conductuales que afloran de esa relación en la que los hijos, acaban siendo “intoxicados” por los propios problemas de sus padres.

Susan Forward señala haber elegido la palabra toxicidad, para designar el efecto que esos padres ejercen sin pausa en sus hijos. Un padre o una madre tóxica va a serlo seguramente, desde el principio al final de sus días; a no ser que tome conciencia de su comportamiento y realmente decida cambiar con ayuda profesional, pero lo más común es que su conducta tóxica continúe sucediendo aunque su hijo/a tenga 50 años.

Los padres tóxicos usualmente provienen también de vínculos parentales negligentes o tóxicos e inconscientemente van repitiendo el mismo patrón de conducta con sus hijos/as, otros al darse cuenta a través de su propia experiencia del coste emocional que estas conductas negativas traen consigo, intentan hacer lo contrario que hicieron con ellos, convirtiéndose también en padres tóxicos por ser por ejemplo, demasiado protectores o dependientes emocionales.

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Son padres tóxicos también aquellos que no están disponibles emocionalmente para sus hijos, ya sea mediante una marcada ausencia o porque parecen estar presentes, pero en realidad nunca preguntan a sus hijos, ni los abrazan, besan o les preguntan sobre sus emociones, miedos o inquietudes.

Este tipo de relaciones tóxicas, junto con otros problemas de personalidad y patologías a las que suelen estar asociadas, pueden llegar a tener graves consecuencias; por ejemplo, uno de los casos extremos sería El Síndrome de Münchhausen por poder (MSBP), llamado en inglés Münchhausen Syndrome by power, es un término acuñado por un médico de origen inglés, el Dr. Samuel Roy Meadow, al referirse a lo que él consideró un trastorno en el que una persona, generalmente el cuidador o la madre del niño/a, causa una enfermedad, trastorno o lesión a otra persona, generalmente el hijo/a generalmente para tener que cuidarlo y obtener ciertas ventajas psicológicas y económicas de ello. En algunos casos esta conducta se produce gracias a una disociación de la realidad y a trastornos graves de la personalidad que hacen que la persona llegue a sentir que no está haciendo nada malo y pueda llegar incluso a envenenar poco a poco con pequeñas cantidades de medicación a su propio hijo/a; en España existen varios casos en los que generalmente madres, han llegado a matar a varios hijos por esta causa y la realidad es que es más común de lo que parece. Estas madres suelen buscar un entorno en el que sean protagonistas y protegidas, aunque sea el de un hospital y podríamos decir que son el punto máximo de una escala gradual que existe en muchas familias. Por ejemplo, en consulta he visto varios casos en los que la madre o el padre ha invalidado a sus hijos de forma inconsciente haciendo por ejemplo que sus hijos tengan que depender de ell@s económicamente durante toda la vida y de esta forma poder seguir siendo toda la vida imprescindibles para sus hijos, ser los que han de tomar las decisiones importantes de la familia o simplemente desempeñar eternamente el rol de madres o padres por haber concentrado durante años su vida psicológica en este aspecto y haber ignorado las otras áreas de su vida; por lo que se sienten incapaces de volver a generar su propia identidad sin ese rol de ser padres o madres y sienten un profundo miedo a tener que perder ese rol, esa zona de protagonismo y reafirmación personal que creen que les identifica como personas y gracias al que creen tener una función o un sentido en sus vidas. Su idea inconsciente en muchos casos es: “Quiero que me necesites (aunque sea porque no tienes pareja, trabajo, amigos, dinero o aunque te tenga que destruir)”.

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Son también padres y madres que proyectan sus frustraciones y deseos de tener éxito personalmente a través de sus hijos y por ello, necesitan que el hijo o la hija triunfen para sentirse ellos triunfadores/as. Por lo que desde pequeños motivan, manipulan e incluso exigen de forma neurótica a sus hijos que deben ser los números uno en la escuela…(…). Por otra parte, también pueden utilizarles para satisfacer sus propias necesidades de ser “mejores” que los demás y por eso, pueden manipularles para querer ser mejores que sus amigos, que sus vecinos, que sus primos y en general “mejores” que el resto; depositando así en sus hijos gérmenes de la vanidad, el perfeccionismo, la ansiedad, intolerancia a la frustración o la necesidad de llamar la atención de los demás.

Puede parecer una barbaridad, pero lo cierto es que este tipo de relaciones tóxicas fácilmente se salen de control y están detrás de muchos hogares, enfermedades y problemas de conducta que provienen en apariencia por otras causas, por lo que es fundamental detectar el problema a tiempo.

Susan Forward detectó varias categorías de padres y madres tóxicos: Controladores, manipuladores, negligentes, competitivos, perfeccionistas, los que insultan y un largo etcétera. Algunos son más de una categoría a la vez. Algunos actúan de manera muy sutil, con frases como: “Esto te lo digo por tu bien” o te dicen que era una broma tras haber pronunciado una frase hiriente, otros que realizan amenazas de forma indirecta o chantajes emocionales de tipo “si me dejas me muero”, otros que simulan enfermedades para que los tengas que cuidar, otros que investigan y rebuscan en las cosas de sus hijos, invadiendo su privacidad si no se hace lo que ellos quieren y acaban seleccionando, quiénes son sus amigos o sus parejas. Todo ello a través de conductas y comentarios sutiles y contradictorias que hacen que este tipo de toxicidad pase inadvertida a nivel racional; por ejemplo, realizan grandes sacrificios económicos y luego te piden que hagas lo que ellos dictan a cambio; o están las madres que de día te llevan el desayuno a la cama y de noche se enfadan si no te quedas con ella en casa y al final acaban por decirte “¡Con todo lo que yo hago por ti!” y también aquellos que si consigues mucho más que ellos, te sabotean por pura rivalidad inconsciente y de repente, deciden no pagarte los estudios o te invitan a trabajar en el negocio familiar en el que ellos serán tus eternos jefes/as.

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Podemos detectar algunas conductas tóxicas como la de machacar a los hijos imponiéndoles un ritmo de estudio que ellos no desean o para el que no están preparados o capacitados. Son esos padres que les dicen a sus hijos que no valen nada, que sin ellos no son nadie, que critican cada paso que sus hijos dan o que nunca demuestran su apoyo incluso aunque hagan lo que ellos les dicen.

Este tipo de vínculos parentales tóxicos puede hacer que el adulto, por ejemplo tenga tendencia a involucrarse en relaciones emocionales abusivas, de maltrato o de dependencia emocional o por el contrario, que se conviertan en personas incapaces de vincularse afectivamente, desapegadas y con profundos miedos al compromiso o el sentimiento de incapacidad ante la posibilidad de convertirse algún día en madres o padres. Según el carácter y las situaciones del contexto, este tipo de vínculos pueden hacer que los adultos se conviertan por ejemplo, en personas conflictivas, sumisas, con grandes sentimientos de culpa e inseguridad.

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Los padres tóxicos usualmente provienen también de vínculos parentales negligentes o tóxicos e inconscientemente van repitiendo el mismo patrón de conducta con sus hijos/as, otros al darse cuenta a través de su propia experiencia del coste emocional que estas conductas negativas traen consigo, intentan hacer lo contrario que hicieron con ellos, convirtiéndose también en padres tóxicos por ser, por ejemplo, demasiado protectores o dependientes emocionales.

A las personas que quieran superar este tipo de vínculos, se les recomienda confrontar y hacer un esfuerzo por hablar sobre estos sentimientos con sus padres de forma asertiva y aprender a expresar sus emociones hasta llegar a pequeños acuerdos con ellos. Lamentablemente, hay casos que son muy extremos y se torna casi imposible razonar con padres o madres que se resisten a reconocer un problema en su conducta y que siempre justifican sus actos. A veces la solución pasa por “poner tierra de por medio” y separarse de esos padres y madres que sientes que te están haciendo la vida imposible. Otra opción sería simplemente, aceptar que nunca podrás llegar a tener una relación sana con ellos. En muchas ocasiones, la gran necesidad psicológica de permanecer a su lado hace que quizás la decisión más aceptable a nivel emocional; en la mayoría de los casos, sea comprender las causas y carencias que les llevan a comportarse así, dedicar tiempo a realizarles preguntas y expresarles emociones aunque las rechacen o no las escuchen; trabajar para poder llegar a empatizar con su situación personal y generar sentimientos de compasión y aprender a poner límites; comenzar a decir que “no”, aprender a analizar las intenciones inconscientes de las conductas y frases tóxicas; como la búsqueda de atención o la demanda de cariño y poder satisfacer esas necesidades de forma racional y saludable. Trabajar con uno mismo para no tomarse las cosas tan personalmente o demasiado en serio, aceptando las limitaciones de tus propios padres o madres; construir una “coraza” ante ellos o círculo psicológico de protección ante sus ataques para que no lleguen a afectarle realmente sus palabras y aprender a proteger su autonomía emocional, psicológica y económica y su propia capacidad individual en la toma de decisiones. No se trata de criminalizar, juzgar o victimizar; sino de aprovechar los aprendizajes y retos que esas vivencias nos puedan plantear en nuestras vidas, mirarnos a nosotros mismos y aprender a responsabilizarnos de nuestras reacciones ante esas circunstancias. Podemos pasarnos la vida compadeciéndonos de nosotros mismos, repitiendo patrones de conducta o podemos darnos permiso para reinterpretar lo sucedido, aprender de nosotros mismos y despojarnos de nuestra propia parte tóxica, egoíca y plagada de miedo y autoengaño. Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio para la reflexión, la consciencia, la interpretación y la libre elección y ese espacio es responsabilidad de cada uno de nosotros.

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Podemos pasarnos la vida compadeciéndonos de nosotros mismos repitiendo patrones de conducta o podemos darnos permiso para reinterpretar lo sucedido, aprender de nosotros mismos y despojarnos de nuestra propia parte tóxica, egoíca y plagada de miedo y autoengaño.

 

Fuente: Angela Fernández, “¿Tienes sentimientos contradictorios ante tus padres? Es posible que hayas crecido junto a unos PADRES TÓXICOS”, La Opinión de Murcia.

The thing about beauty

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The thing about beauty is that actually it doesn´t have much to do with looks at all. It´s not about the colour of your hair, or your size, or your shape. It´s all in here.´She tapped her head.

“… `I hated school´, she told me yesterday. `I hated the kids and the teachers too. All those people who thought I was a freak, and who wouldn´t sit with me because of the herbs and stuff Mum used to put into my pockets. Asfoetida  -God, that´s Rank- and patchouli because it´s supposed to be spiritual, and dragon´s blood, that gets everywhere and leaves these red stains- And so the other kids used to laugh at me, and say I´d got nits, and say I smelt. And even the teachers got drawn in, and one woman  -Mrs. Fuller, she was called-  gave me a talk about personal higiene…´

`That´s rotten!´

She grinned. `I paid them back´

`How?´

`Another time, perharps. The point is, Nanou, that for a long time I thought it was my fault. That I really was a freak, and I´d never amount to anything.´

`But you´re so clever -and besides, you´re gorgeous.´

`I didn´t feel clever or gorgeous then. I never felt good enough, or clean enough, or nice enough for them. I never bothered to do any work. I just assumed everyone was better than me. I talked to Mindly all the time-´

She stopped talking, and I looked at her, trying to imagine her in those days. Trying to imagine her without her confidence, her beauty, her style…

`The thing about beauty,´Zozie said, `is that actually it doesn´t have much to do with looks at all. It´s not about the color of your hair, or your size, or your shape. It´s all in here.´She tapped her head. `It´s how you Walk, and talk, and think -and whether you Walk about like this-´

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`Call it attitude, if you like. Call it carisma, or chutzpah, or glamour, or charm. Because basically it´s just about standing straight, looking people in the eye, shooting them a killer smile and saying, fuck off, I´m fabulous.´

And then suddenly she did something that really startled me. She changed her face. Not like pulling a face, or anything; but her shoulders slumped, and she turned her eyes away, and her mouth drooped somehow, and she made her hair into a limp kind of curtain, and suddenly she was someone else, someone else un Zozie´s chothes, not ugly, not quite, but someone you wouldn´t turn round to see twice, someone you´d forget as soon as they´d gone.

`-or like this, ´she said, and she shook her hair and straightened up and just like that she was Zozie again, brilliant Zozie with her jingling bangles and her black-and-yellow peasant skirt and her pink-streaked hair and bright-yellow patent platform shoes that would have just looked weird on anyone else, but on Zozie they looked terrific, because she was Zozie, and everything does.

`Wow,´I said. `Could you teach me that?´

`I just did,´she said, laughing.

`It looked like -magic,´I said.

`Then call it something else.´She shrugged. `Call it attitude, if you like. Call it charisma, or chutzpah, or glamour, or charm. Because basically it´s just about standing straight, looking people in the eye, shooting them a killer smile and saying, fuck off, I´m fabulous.´

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Well, most magic really is that simple.

I laughed at that, and not just because Zozie had said the f-Word. `I wish I could do that,´I said.

`Try it,´said Zozie. `You might be surprised.´

Of course I was lucky. Today was exceptional. Even Zozie couldn´t have known. But I did feel different, somehow; more alive, as if the wind had changed.

First there was Zozie´s whole attitude thing. I´d promised her I´d try it, and so I did, feeling just a bit self-conscious this morning with my hair just washed and a Little of Zozie´s rose perfurm on, as I looked at myself in the bathroom mirror and practised my killer smile.

I have to say, it didn´t look bad. Not perfect, of course, but really, it makes a world of difference if you stand up straight and say the words (even if it´s only in your head).

 

Fuente: Joanne Harris, The Lollipop Shoes, Chapter 5

Querido móvil

QUERIDO MÓVIL, recuerdo el día en que te conocí. El tacto frío de tu pantalla líquida. Tus curvas de ensueño. lo poco que ocupabas y lo discreto que eras. Todo lo que prometías. Cómo fui configurándote por dentro según mis necesidades. La cantidad de cosas -ya casi me he olvidado- que me ibas a dar: más facilidades, más rapidez, más contacto con los amigos, más información, más tiempo… Te mando esta carta porque llevamos 15 años juntos y, en fin, tenemos que hablar de lo nuestro.

Querido móvil, lo cierto es que ibas a liberarme y cada vez te veo más cadenas. Me quitas más tiempo, me pones deberes absurdos, ejercito menos la memoria, te me metes en el desayuno y en la cama. La gran paradoja de todo es que antes de tenerte como teléfono telefoneaba más, verás: yo creo que la mayoría ya no te utiliza para llamar a nadie, sino para escucharse a sí misma.

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La gran paradoja de todo es que antes de tenerte como teléfono telefoneaba más, verás: yo creo que la mayoría ya no te utiliza para llamar a nadie, sino para escucharse a sí misma.

Querido móvil, yo sé que has salvado vidas y promovido revoluciones, que ejerces de enciclopedia y de Orfidal, pero añoro cuando no estabas y éramos menos yonquis. Antes leía más en el metro, hablaba más en casa, estaba menos pendiente de mi ombligo, tardaba menos en concentrarme, me cundían más los días y también pisaba menos mierdas de perro.

Querido móvil, te has caído al agua varias veces, te he dejado olvidado en bares y en casas de amigos, tienes la pantalla llena de cicatrices, me has servido de excusa y de coartada, de “espejito, espejito” y de linterna. Pero esto toca a su fin y ya he empezado a hacerlo: hay días en que me voy al periódico y te abandono en la mesilla del salón a propósito. Como cuando lo hacía con el paquete de Ducados y me funcionó para dejar de fumar.

Querido móvil, creo que esta semana voy a comenzar con las amputaciones: quitarte el WhatsApp. Desinstalar tres o cuatro aplicaciones. Cercenar la Liga Fantasy. Vaciarte lo mismo que antes te llené. Olvidarme de mirar la batería que me queda. Y llamar a mi madre cada día en vez de mandarle un mensaje.

No es sólo culpa tuya. Es sobre todo mía. Ojalá que alguna vez podamos tener una relación sana. Ojalá que no le hagas daño a mis hijos. Han sido 15 años y no estuvo mal, pero algo te digo que he aprendido de lo nuestro: lo nuevo no siempre es moderno.

Ve con Dios y no me escribas. Creo que no me voy a perder nada, sino al revés. Esto no es un paso atrás, querido móvil. Esto es un paso adelante.

Fuente: Pedro Simón, El mundo, 12 de noviembre del 2018

Carmen

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Era apasionada, entusiasta, cariñosa, muy culta, muy capaz, muy feminista.

Era tan guapa que enseguida empezaron a decir que era tonta. Era tan amable que decían que no se enteraba de nada. Era apasionada, entusiasta, cariñosa, muy culta, muy capaz, muy feminista. Fue la ministra de nuestros sueños, la pesadilla de quienes se cansaron de atacarla cuando comprendieron que no iban a poder con ella. Por muchos ministros, muchas ministras de Cultura que llegue a conocer en mi vida, Carmen Alborch siempre será la mía, la figura que encarnó los anhelos de quienes aspirábamos a una gestión cultural progresista, diversa, radicalmente nueva. Y sin embargo, a pesar de la importancia de su labor, Carmen fue mucho más que lo que hizo en el ministerio. Precursora de un modelo de mujer destinado a triunfar, su ejemplo se fue agrandando con el paso tiempo, mientras demostraba que se podía trabajar con la misma convicción en el poder y en la oposición. Pienso en los años difíciles de sus derrotas electorales, cuando Barberá parecía destinada a convertirse en la eterna alcaldesa de Valencia, y la recuerdo con la sonrisa y las fuerzas intactas, tan tenaz, tan luchadora como siempre. Entonces me pareció aún más admirable. La última foto que compartió con sus amigas es un montaje en el que aparece, esplendorosa como una estrella de cine de los años dorados de Hollywood, envuelta en una capa roja y abrazando a un Paul Newman muy joven, en albornoz. Mientras luchaba a brazo partido con la muerte, se aferraba a la vida con la conmovedora determinación de las mujeres valientes, y ni siquiera la enfermedad logró detenerla. Su última iniciativa fue pedir, hace menos de veinte días, que el feminismo fuera declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Sin ella, todas estamos un poco más solas.

Fuente: Almudena Grandes, Carmen, El País, 29 de octubre de 2018

Carmen Alborch, Agua muy clara.

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Carmen Alborch era una verbena, pero una verbena muy seria. Llegaba, estallaba, iluminaba, escuchaba, decidía, animaba. Y era profunda. Luminosa y profunda.

Quiero despedir a Carmen Alborch citando, adaptado al personaje, al gran poeta valenciano Andrés Vicent Estellés: “No hi havia a València una llum com la teua, car de llums com la teua, a tot arreu i ara, en son parides ben poques” (“No había en Valencia una luz como la tuya, porque luces como la tuya, en todas partes y ahora, son paridas muy pocas”).
Carmen Alborch era una verbena, pero una verbena muy seria. Llegaba, estallaba, iluminaba, escuchaba, decidía, animaba. Y era profunda. Luminosa y profunda.

De sus tiempos como ministra de Cultura recuerdo, sobre todo, el profundo contraste establecido con su sucesora en el cargo, Esperanza Aguirre, ética y estéticamente, pero sobre todo éticamente. Era, para qué os lo voy a decir, todo lo contrario. Culta, socialista sin caspa, llena de savia y fecundidad, frutal. Pienso en ella y solo se me ocurren imágenes relacionadas con la madre tierra y con el mar. La tierra que ahora la acoge y que será mejor porque ella la abona. Carmen Alborch fue exactamente lo que necesitaba este país: lo contrario de Bernarda Alba (que sería Aznar, si también me lo permiten).

Era agua muy clara.

Fuente: Maruja Torres, Agua muy clara, El País, jueves 25 de octubre de 2018

“El intenso calor de la luna” de Gioconda Belli. LA IDENTIDAD FEMENINA EN LA MENOPAUSIA.

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Cuanta energía dedicamos a lamentarnos de lo que dejamos de ser

El intenso calor de la luna es una novela tan elocuente que merece la pena escuchar las voces de los personajes. Y es tan vivencial que, en ocasiones, se quiebra el hilo argumental. “Emma no logra hilvanar una narrativa coherente de lo que ha sucedido” (p. 298). Así pues, me limitaré a servir de hilo conductor para evitar que estas páginas se conviertan en un guirigay.

REESCRIBIENDO A FLAUBERT

De un momento a otro puede cambiarle a uno la vida. Todo lo que nos parece seguro y sólido puede desaparecer en un instante. Tomemos el caso de Emma (p.9)

Con este arranque tan novelesco, sabemos que la protagonista va a entrar en conflicto consigo misma y con Emma Bovary. Desde el primer momento sospechamos que irá más allá y trascenderá el modelo femenino de Flaubert. Nuestra Emma, a sus cuarenta y ocho años, se enfrenta a la menopausia y sufre una transformación interior. Se cuestiona su posición en la vida y lo que se espera de ella como mujer. Su lucha no la lleva al suicidio, como a su homónima, porque ya ha pasado el tiempo de inmolación para las mujeres y hemos roto muchos tabúes: “Este es un tránsito hacia vos misma, hacia esa persona que existe fuera de esos esquemas heredados de lo que es la feminidad” (p.96).

No en vano, esta novela es una reescritura de los patrones heredados. Gioconda Belli se arriesga a reescribir al mismo Flaubert: “Si Madame Bovary, su tocaya, pensaba que la luna existía para brillar por su ventana, ella piensa que el sol está en el cielo para alumbrarla a ella” (p.100).

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“Este es un tránsito hacia vos misma, hacia esa persona que existe fuera de esos esquemas heredados de lo que es la feminidad” (p.96).

Emma, después de su proceso catártico, siente conmiseración por las otras mujeres, por las otras emmas que “terminaron aplastadas por la obligación de matrimonios áridos” (p.299).

EL CONTENIDO NARRATIVO

El tema principal es el impacto que produce la menopausia en Emma, una mujer burguesa, tan insatisfecha como la de Flaubert. Y que vive la retirada de la menstruación como una amenaza contra su feminidad. Mientras va conduciendo por Managua, absorta por el retraso de la regla, atropella al joven Ernesto. Este accidente es el detonante de la acción de la novela y despierta nuevos sentimientos en la protagonista, Emma, que no supo rebelarse a tiempo contra los estereotipos que la atenazaban, y que lo hace ahora contra el papel de mujer madura.

La trama novelesca se convierte en una excusa para permitir que Emma supere los mitos que se han atribuido a las mujeres jóvenes, bellas y fértiles: “Los rostros jóvenes son como cuadernos bellamente empastados con las páginas en blanco. Solo el tiempo pone palabras en los rostros, historias, carácter” (p.77).

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Emma, que no supo rebelarse a tiempo contra los estereotipos que la atenazaban, y que lo hace ahora contra el papel de mujer madura.

Sabe que su hija Elena y sus amigas siguen atrapadas en prejuicios atávicos: “Las mujeres jóvenes hacían alarde de no necesitar a los hombres. Pero luego, a los treinta y cinco, cuando el reloj biológico sonaba su alarma, se desesperaban por encontrar padre para los hijos” (p.76). Ella misma se ha sentido asfixiada por las viejas creencias que condenaban a las mujeres menopáusicas: “Si hasta existe un código sobre cómo debe vestir la mujer madura, un claro empeño en invisibilizar la sexualidad femenina cuando ya no cumple la función reproductora” (p.89).

Toda la trama está construida para rendir un homenaje a esta heroína. Los episodios narrativos nos muestran cómo va descubriendo un nuevo erotismo y la posibilidad de llegar a ser ella misma, sin justificarse a través de su marido ni de sus hijos: “Que no le tema a la menopausia, que es la época donde una se pertenece a sí misma y puede alcanzar la plenitud” (p. 109).

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“Que no le tema a la menopausia, que es la época donde una se pertenece a sí misma y puede alcanzar la plenitud” (p. 109).

EL FEMINISMO

Impregna todas las capas de la novela. Diana le confiesa a su amiga Emma: “Una se da cuenta de las falsedades de la historia que nos han contado sobre nosotras mismas. No me quiero sentir víctima, pero a veces no puedo evitarlo ¡Dios mío! Desde Eva nos han mentido” (p. 163).

Emma conquista su nueva conciencia con ayuda de las grandes madres del feminismo: “Que el cuerpo femenino es complicado lo comprendo más que en los libros de texto, leyendo El segundo sexo de Simone de Beauvoir (p. 69). Sonrío recordando una novela de Erica Jong, Paracaídas y besos, en la que la escritora narraba sin tapujos una escena sexual, donde un hombre hacía el amor a una mujer en medio de su ciclo menstrual” (p. 147).

La ginecóloga Jeanine Piñeiro, una especie de alter ego de la autora, deja que se asome su feminismo en las digresiones que va intercalando: “Algunas mujeres pioneras del feminismo, como Betty Friedan, han intentado cambiar la tónica: “La fuente de la edad se llama el libro que esta escribió, donde celebra la edad de la sabiduría y la madurez” (p. 92).

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“Si hasta existe un código sobre cómo debe vestir la mujer madura, un claro empeño en invisibilizar la sexualidad femenina cuando ya no cumple la función reproductora” (p. 89).

En una entrevista que Gioconda Belli concedió a la revista Cultura, sobre El intenso calor de la luna, insistía en la conciencia feminista de su literatura. “Creo que es una novela política, en el sentido de que lo personal es político”. Y descifró algunas claves de su feminismo. A propósito de la relación de Emma con el joven Ernesto decía:

Tiene que ver con la reproducción. El hombre se puede reproducir hasta una edad avanzada, pero la mujer no, tiene un límite. Eso tiene que ver con algo casi atávico, pero es un gran error. Pero es cierto que es totalmente injusta la mirada de la sociedad sobre la mujer que está con un hombre más joven. A las mujeres nos dan un tiempo útil muy corto, entre los veinte y los treinta. Ese es el auge, el tiempo en que la mujer puede ser “miss tal cosa”, la mujer trofeo. Después de eso, una va perdiendo valor, se va depreciando a medida que pasa el tiempo.

Es el tema central que condiciona la trama. Emma atropella a Ernesto porque anda trastornada con un retraso menstrual, y descubre las relaciones de su marido con Margarita por un sofoco inesperado (p. 238).

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Al final, la temida menopausia se convierte en una nueva oportunidad para que Emma se encuentre consigo misma y entienda que el fin de la fertilidad no significa dejar de ser mujer.

LA MENOPAUSIA

Gioconda Belli se atreve con un tema tabú y reivindica una liberación. Intenta romper con un tópico que arrebata la sexualidad de las mujeres:

Este personaje no existía todavía en la literatura. La menopausia es un período en la vida de una mujer que está muy oculto. Se ha hablado más de la menstruación en la literatura, pero de la menopausia solo se habla en revistas científicas. Yo quería tocar el tema de una manera diferente a partir de una mujer que tiene una relación muy especial con su belleza y le dedica tiempo. Como les pasa a muchas mujeres, se ha quedado en mantener la juventud y la belleza a falta de otra cosa que hacer. Ella ya terminó su período maternal, sus hijos se han ido a vivir solos, entonces tiene lo que llaman “el síndrome del nido vacío”.

Al final, la temida menopausia se convierte en una nueva oportunidad para que Emma se encuentre consigo misma y entienda que el fin de la fertilidad no significa dejar de ser mujer.

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Emma piensa en el cuerpo de una mujer desprendiéndose de la luna, desprendiéndose del influjo con que esta ha marcado su vida de hembra de la especie; la sangre menstrual y el calendario de los partos. Ahora solo brillará para ella, como para Emma Bovary (p. 317).

AMOR NO ROMÁNTICO

A Emma la redime el amor que nace de la sensación de que otro ser humano la ama de igual a igual, sin paternalismo ni arrogancia (p. 291). Tiene que romper con el estereotipo romántico de la autonegación y el sacrificio. “Nos han condicionado para que el amor se comporte como debilidad, no como fuerza” (p.97).

EL FINAL

El párrafo final de la novela anuncia el paroxismo del poema con que se cierra el texto.

Emma piensa en el cuerpo de una mujer desprendiéndose de la luna, desprendiéndose del influjo con que esta ha marcado su vida de hembra de la especie; las sangre menstrual y el calendario de los partos. Ahora solo brillará para ella, como para Emma Bovary (p. 317).

Una vez acabada la novela, cuando los actores han salido del escenario, entra un poema, como los ditirambos de los coros de las tragedias griegas, para celebrar el exorcismo con la hoguera de compresas que Emma y Nora, su criada, encienden en el jardín.

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A Emma la redime el amor que nace de la sensación de que otro ser humano la ama de igual a igual, sin paternalismo ni arrogancia (p. 291). Tiene que romper con el estereotipo romántico de la autonegación y el sacrificio. “Nos han condicionado para que el amor se comporte como debilidad, no como fuerza” (p. 97).

En el fondo, la rebelión de Emma era un tema de tragedia porque perturbaba el orden familiar. Los autores clásicos, representantes de la garantía del mundo patriarcal, hubieran condenado a esta heroína a expiar el pecado que no había cometido. Gioconda Belli, una mujer moderna, nos trae un nuevo mensaje a las mujeres.

 

Fuente: ROMEO PEMÁN, Carmen (2016). “La identidad femenina en la menopausia. El intenso calor de la luna, de Gioconda Belli”. Filanderas. Revista interdisciplinar de Estudios Feministas (1), 89-92