No sabe que yo sé

Hemos aprovechado el viaje en guagua para conocernos un poco más. Son raras las veces en que coincidimos y podemos charlar. Trabajamos en diferentes departamentos; ella es vieja -debe tener unos cuarenta, yo veinticuatro-; ella es peninsular, yo senegalesa; ella vive sola, yo con mi familia. Lo que ella no sabe es que yo sé que intentó llevarse a la cama a mi novio; un hombre blanco, casado que sólo tiene ojos para mí y que la rechazó porque me ama tanto como yo le amo a él. No sé por qué pero ella me intriga a la vez que me repele. Si a su edad yo siguiera soltera y sin hijos sería la mujer más desgraciada del mundo, repudiada por mi comunidad y la vergüenza de mi familia. No entiendo cómo ningún hombre la ha hecho su esposa, es atractiva, educada, inteligente…alguna tara debe tener. Mi cultura me exige mucho y eso que mis padres confían en mí. Me han permitido estudiar como cualquier niña canaria, no han creído necesario educarme en Senegal para ser una buena musulmana. Puedo trabajar, vestir a la occidental, incluso tener un coche. Pero a cambio mi imagen ha de ser irreprochable por lo que debo fingir, esconderme incluso de mi misma. Mis padres me repudiarían si supieran que no soy virgen y aunque no me elijan marido, jamás permitirán que me case con alguien blanco, no musulmán. A veces la envidio, envidio su libertad.*

*Microrrelato presentado al concurso Purorrelato de Casa África

WRA-e1348189414186[1]

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