Santiago – La Meca

Dogubayazit y el Monte Ararat al fondo.

Dogubayazit y el Monte Ararat al fondo.

Jolfa, Irán

Jolfa, Irán

Hace menos de cuatro meses creía a pies juntillas que en este mismo momento estaría recorriendo el tramo de la Ruta de la Seda que atraviesa Turquía y se adentra en el desierto iraní siguiendo las huellas de las antiguas posadas o Caravansei, que en época de León el Africano y Marco Polo, entre otros, servían como albergues gratuitos para los comerciantes y peregrinos que venían de ciudades tan míticas como Samarcanda , Shiraz o Esfahan. Pero el ángel o el diablo, todavía no lo sé, descompuso el plan; Estados Unidos se plantea intervenir en Siria. Mi viaje iba a transcurrir por territorio fronterizo sirio y si ya era un plan arriesgado, la amenaza estadounidense lo iba a complicar todo. Además, la vida nos sorprendió a mi familia y a mí; debido a una peritonitis mi padre fue ingresado en la UCI durante dieciséis días. Gracias a su fortaleza y buen estado físico, pudo superar ese revés pero el miedo a una recaída no me permitía alejarme demasiado de él. Necesitaba saberlo de nuevo fuerte y sano para vagabundear por esos mundos de Dios. Así que sintiéndolo, ya que era un viaje muy deseado, no tuve más remedio que anularlo y buscar una alternativa.

Claroscuros iraníes

Claroscuros iraníes

Seductores claroscuros

Seductores claroscuros

La Ruta de la Seda

La Ruta de la Seda

En el 2006, Ana, una de mis mejores amigas, me convenció para que recorriera con élla el tramo del Camino Francés que va de Ponferrada a Santiago. La verdad es que no le costó demasiado ya que soy de natural gitana y vagabundear le sienta muy bien a mi álma. Tres horas transcurrieron entre su propuesta y mi aceptación. La idea me sedujo pero nunca llegué a pensar que iba a resultar una experiencia tan enriquecedora. Ana y yo formamos un maravilloso equipo a pesar de las ampollas; los vómitos; el cansancio; las duchas templadas casi frías; las pulgas; el quedarnos sin un puto duro y pasar hambre ya que pensábamos que en las aldeas perdidas podíamos pagar con tarjeta de crédito; llevar unas mochilas nada anatómicas…más bien lo contrario; ir equipadas con lo que uno se pondría para hacer una barbacoa en el jardín de su casa…etc. A pesar de todo, ibamos a nuestra bola, a nuestro ritmo -el más lento de todo el camino-, disfrutamos como verdaderas pendejas, nos cuidamos la una a la otra y nuestra amistad se fortaleció increíblemente. Por todo éllo el Camino de Santiago me dejó un muy buen sabor de boca y siempre tuve en mente repetirlo de nuevo.

Peregrinos a Santiago

Peregrinos a Santiago

En mi día a día, tengo que tratar con muchas personas de diferentes nacionalidades, ideologías, con diferentes filosofías de vida y he de mantener una actitud conciliadora y dialogante…aunque en mi fuero interno, la cosa cambia. Cada vez me cuesta más soportar a determinados individuos e individuas. Una de las vías de escape que he encontrado en los últimos años y que a mí me serena, apacigua y calma es el senderismo. Siempre que tengo la oportunidad me pierdo por los caminos del interior de Gran Canaria y disfruto de su bellísima naturaleza; aunque en los últimos tiempos esto ya me sabía a poco. Necesitaba rutas más largas, montes más verdes y si todo eso lo podía recorrer en soledad…miel sobre hojuelas. Quizás debido a mi necesidad de largas rutas donde vagabundear y estar a sólas conmigo misma, a mi necesidad de parar y preguntarme qué es lo que realmente deseo, hacía que recurrentemente la idea de recorrer el Camino de Santiago resonase en mi interior.

El Camino Francés

El Camino Francés

Y una cosa trajo a la otra; cuando no hubo más remedio que posponer indefinidamente mi viaje por la Ruta de la Seda, el Camino de Santiago se hizó realidad. Precipitadamente, con ropa de andar por casa, unas buenas zapatillas de trekking y una super mochila Deuter, regalo de Ana, decidí recorrer el tramo León – Santiago. Dicho y hecho…a las dos semanas estaba comenzando mi segundo Camino de Santiago. Un Camino de Santiago que será uno de los preludios de la próxima peregrinación de una infiel a territorio musulmán. Aquí comienza mi Santiago – La Meca.

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