Gente corriente. Eva María Vergara. “Mi generación es hija del felipismo”.

Eva María Vergara. Su sinceridad es aplastante. Creció con la de que ir a la universidad significaba tener un futuro claro.

Eva María Vergara. Su sinceridad es aplastante. Creció con la idea de que ir a la universidad significaba tener un futuro claro.

– Resúmame 35 años.
– Una de las frases que me marcó de pequeñita fue que me dijeran que éramos los hijos del felipismo. Era una frase que se decía mucho. Es cierto, teníamos todas las cosas que no habían tenido nuestros padres, o como mínimo los míos, que vienen de Cuenca.

– ¿Es la primera generación de universitarios de su familia?
– Mis padres eran los hermanos mayores de sus respectivas familias. El hermano pequeño de mi padre pudo estudiar, así que siempre me dijeron que para tener un buen futuro estudiara como hizo mi tío.

– Y estudió.
– Historia del Arte. Tomamos la decisión a los 13 años e hice lo que se esperaba que hiciera. Lo que mejor me define es que nunca he sabido qué quiero hacer con mi vida. Tengo 35 años y sigo sin saberlo.

– ¿A qué se refiere?
– Tienes que elegir BUP o FP, mis padres preferían BUP, así que hice BUP. Cuando cursé COU, la única asignatura que me gustó fue Historia del Arte.

– Y entró en la universidad.
– Sí. Por las tardes, y los fines de semana trabajaba en panaderías.

– Siga.
– Y no era suficientemente brillante para encontrar un trabajo relacionado con el arte habiendo cursado la carrera en una universidad pública. Una profesora me dijo que hay que pagar un máster para trabajar. Tampoco tenía el tiempo libre que se necesita para aprobar una oposición.

– ¿Qué hace?
– Vendo café en una boutique del paseo de Gracia.

– Empezo a trabajar a los 23…
– De hecho trabajo desde los 18 años, por eso tardé siete años en sacarme la carrera. Después de la universidad he trabajado como teleoperadora, panadera, en una librería. Llevo seis años en el mismo trabajo.

– Pero no se queja.
– No. No tener claro qué quiero es lo que más me pesa, pero me hago responsable de eso. Si lo hubiese sabido, lo habría conseguido. En la parte personal, ahora no sé si quiero tener hijos o formar una familia.

– ¿Hubiese cambiado algo?
– Quizá si en la adolescencia algo me hubiese llamado más la atención, me habría centrado en eso. El trabajo manual me es agradable. Si hubiese encontrado algún tipo de formación profesional…

– ¿Ha pensado en moverse?
– No. Me gusta Barcelona. Nací en Trinitat Nova. Cuando llegué a la adolescencia y empecé a coger el metro me di cuenta de que nos veían como lo que ahora serían las chonis.

– No me haga reír.
– En el barrio no era consciente. Debíamos de ser todas chonis.

– Vivió parte de la lucha del barrio contra la aluminosis.
– El edificio donde vivían mis padres está afectado y entró en el plan de remodelación, pero quedó en la tercera fase. Aún no se ha derribado, pero ahora tiene la mayor parte de las puertas tapiadas y la comunidad no tiene luz.

– ¿Los cambiaron?
– Sí. Hace dos años, al Turó de la Peira.

– ¿Cómo se imagina los 36?
– Con cierto pánico.

– ¿Pánico?
– Pienso poco en ello y vivo el día a día. El trabajo que tengo me da para mantenerme. Tengo lo básico y voy pasando.

Fuente: Catalina Gayà en Gente corriente de “El Periódico” del 17 de octubre del 2013.

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