Una década sin Vázquez Montalbán

"Para él era más importante el debate de las ideas que el lujo del preciosismo", explica Francesc Salgado, estudioso de la obra del escritor.

“Para él era más importante el debate de las ideas que el lujo del preciosismo”, explica Francesc Salgado, estudioso de la obra del escritor.

Nada más anónimo y desesperanzador que morir en un aeropuerto, como lo hizo Manuel Vázquez Montalbán en el de Bangkok el 18 de octubre del año 2003. Y, sin embargo, la huella montalbaniana es inabarcable. Han pasado diez años de su muerte y se han programado algunas celebraciones -incluso gastronómicas-, nuevas publicaciones, pequeños homenajes de quienes le quisieron, le admiraron, o las dos cosas.
Nacido en Barcelona en 1939, hijo de madre republicana, catalanista y viuda de un soldado de la FAI muerto en el conflicto, fue un escritor obsesionado con algunos símbolos -el buen yantar, el Barça, la reivindicación de los orígenes- y a él le debemos la creación del prototipo de detective español -lejos del trillado francés o el inglés- con la invención de un Carvalho singular aunque él mismo reconociera que en sus mejores novelas no aparecía este personaje.
Si en algo se ponen de acuerdo amigos y enemigos del escritor es en reconocer que no quiso mover un ápice sus pilares ideológicos. Pasaron los años, las modas, los gobiernos, pero él seguía en sus trece. Fiel a sus ideas (“llevabas a menudo contigo el cansancio del intelectual comprometido”, escribe su hijo Daniel), quiso ser impecable en ciertas cosas -aún cuando otros se bajaran del barco- e inflexible muchas otras. A veces lo logró. La voluntad de coherencia, las pocas concesiones, eran conceptos que querían preservar y que junto a su fabulosa presencia de escritor total contrastaba con su actitud, a corta distancia reservada, ácida, mordaz, de frases cortas y sincopadas.

Insiste el hijo de Vázquez Montalbán en que su padre siempre quiso mantenerlo a salvo de los daños colaterales que comporta ser hijo de famoso. En una ocasión, siendo niño, Daniel le preguntó "¿por qué siempre dedicas libros a los demás? ¿es que a mi no me quieres? a lo que el escritor le contestó que "nadie tiene la culpa de tener el padre que tiene".

Insiste el hijo de Vázquez Montalbán en que su padre siempre quiso mantenerlo a salvo de los daños colaterales que comporta ser hijo de famoso. En una ocasión, siendo niño, Daniel le preguntó “¿por qué siempre dedicas libros a los demás? ¿es que a mi no me quieres? a lo que el escritor le contestó que “nadie tiene la culpa de tener el padre que tiene”.

Formo parte de esa pléyade de personajes a los que se quiere a rabiar o se aborrece y así ha continuado siendo su estela, dependiendo a quien uno le pregunte. Premio Planeta, premio Nacional de Literatura, premio Nacional de las Letras Españolas, a su hijo le duele especialmente que algunos personajes de la cultura “le hayan sido infieles o le adjudiquen opiniones, cuando ya no puede darlas, que no sabemos si hoy serían las suyas. Como la polémica sobre escribir en castellano, por ejemplo. ¿Qué diría hoy? No lo sé.
Además del volumen más esperado, Recuerdos sin retorno (Ed.Península), escrito por el hijo de Vázquez Montalbán, Daniel Vázquez Sallés, se publica ahora una primera biografía periodística. El periodista voraz. Apuntes para una biografía (EnDebate), libro electrónico que pasea por todos los paisajes posibles del autor. Su autor, Francesc Salgado (Barcelona, 1962), se doctoró en el 2009 con una tesis sobre la obra periodística de Vázquez Montalbán y durante esa labor tres cosas le sorprendieron: la tenacidad en la reflexión del personaje, el desconocimiento que había sobre el trabajo en prensa durante cuarenta años y su capacidad para mantener diferentes círculos de amistades que nunca coincidían, como si fueran planetas que orbitaran en sistemas distintos.
En su libro, el seguidor de Vázquez Montalbán descubrirá un ser apasionado por el periodismo, un inconformista que fracasó algunas veces -advierte Salgado- pero nunca se cansó de sus ideas “porque jugaba una partida -la libertad cívica, el desarrollo social- en las que se plasmaban principios de la Ilustración que hoy palidecen”. El neófito comprenderá que la crisis no empieza en el 2008 sino que sigue enquistada en la misma esencia de la democracia porque el sistema todavía no ha expulsado a los especuladores de sus entrañas.

Daniel se reconoce en algunos rasgos de su padre -la curiosidad, el escepticismo, las botellas medio vacías- y está seguro que él, si viviera, se cabrearía casi con todo -el Gobierno central, el fraude fiscal, la precariedad de la cultura- porque fue un hombre sin miedo a manifestar su opinión. "Quien opina mucho se la juega. Pero era muy consciente de ello; estoy seguro de que hoy no sería feliz en este mundo".

Daniel se reconoce en algunos rasgos de su padre -la curiosidad, el escepticismo, las botellas medio vacías- y está seguro que él, si viviera, se cabrearía casi con todo -el Gobierno central, el fraude fiscal, la precariedad de la cultura- porque fue un hombre sin miedo a manifestar su opinión. “Quien opina mucho se la juega. Pero era muy consciente de ello; estoy seguro de que hoy no sería feliz en este mundo”.

“Aunque se reedita, se lee poco y mal. Ya ocurría al final de su vida: como tuvo a bien ser fiel a sus ideas, se le dio por supuesto durante mucho tiempo”, lamenta Francesc Salgado que cree que ha llegado el momento de expurgar su obra y quedarse con la esencia de ese intelectual crítico, lúcido y hedonista. “Llevará un tiempo. Su vacío debería empujarnos a la plaza pública, a la de verdad o a la virtual. No sirve de mucho lamentarse. Así que sería mejor poner en práctica su integridad y su humor”, concluye.
¿Cuál es el equívoco más común respecto a Vázquez Montalbán? A criterio de quienes le han estudiado, que trabajaba demasiado y corregía poco. “Algo tan manido que hasta yo mismo acabo pensándolo”. ¿La razón? Que la voracidad de su pensamiento era inseparable de su oficio y de cómo entendía la vida. “Para él era más importante participar en el debate de las ideas que el lujo del preciosismo”.
Manuel Vázquez Montalbán, una biografía revisada (Ed. Alrevés), de José V. Saval, se añade a estas citas-homenaje tras una década sin el escritor y Planeta reeditará toda la serie de Carvalho en siete volúmenes. El primero de ellos, El círculo virtuoso, con prólogo de George Tyras, uno de los principales estudiosos de su obra a quien Manuel Vázquez Montalbán confesó un día, a mediados de los años ochenta, que prefería la memoria a la nostalgia. “La nostalgia es solo la censura de la memoria”.

Aunque se reedita, se lee poco y mal. Ya ocurría al final de su vida: como tuvo a bien ser fiel a sus ideas, se le dio por supuesto durante mucho tiempo.

Aunque se reedita, se lee poco y mal. Ya ocurría al final de su vida: como tuvo a bien ser fiel a sus ideas, se le dio por supuesto durante mucho tiempo.

Fuente: Núria Escur, en Cultura de “La Vanguardia” del 12 de octubre 2013

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