A tu salud María y gracias… Una escapada a Playa del Valle, Fuerteventura.

Ni leer prensa, ni escuchar radio, ni ver televisión; tan sólo buscaba tranquilidad, relajarme y estar con la gente que quiero.

Ni leer prensa, ni escuchar radio, ni ver televisión; tan sólo buscaba tranquilidad, relajarme y estar con la gente que quiero.

Recién aterrizada en Fuerteventura, mi amiga Ana me invitó a una barbacoa en un lugar que según ella no conocía y me iba a encantar. En un principio la idea no me seducía especialmente ya que mi intención era desconectar y olvidarme del mundo por unos días. Ni leer prensa, ni escuchar radio, ni ver televisión; tan sólo buscaba tranquilidad, relajarme y estar con la gente que quiero. Ana consiguió convencerme al decir que la fiesta se celebraba en un paraje perdido frente al mar.

Después de perdernos por sendas escondidas -el GPS es todavía un misterio para mí y a Ana no le gusta preguntar hasta que está absolutamente convencida de que estamos perdidas- llamamos a María para que nos orientara antes de que fuese demasiado tarde ya que llegado a cierto punto del camino no hay cobertura telefónica. Siguiendo sus instrucciones conseguimos llegar a Playa del Valle. El paisaje lunar. Lomas romas color canela, moteadas de aulagas a modo de ornamento. Al ir descendiendo las lomas, divisamos una agreste costa golpeada por un mar bravo y salvaje que se niega a ser domesticado; para finalmente desembocar en una playa pedregosa y casi virgen… tan sólo tres casas perfectamente integradas en el paisaje. En el paisaje de María.

Al ir descendiendo las lomas, divisamos una agreste costa golpeada por un mar bravo y salvaje que se niega a ser domesticado.

Al ir descendiendo las lomas, divisamos una agreste costa golpeada por un mar bravo y salvaje que se niega a ser domesticado.

María nos estaba esperando en el camino y en su cara se apreciaba una pícara y cariñosa mueca que se reía de estas peninsulares equipadas con GPS. Había oído hablar mucho de ella pero era la primera vez que nos veíamos. Mi primera impresión fue la de tener a una persona firmemente anclada pero, al mismo tiempo, dejándose mecer por los diferentes tonos e intensidades de las mareas de su amado Atlántico.

Nos dirigimos a su casa y en el umbral el mar ya está presente. Todos los elementos decorativos, sabiamente ensamblados por la propia María, pertenecen al mar o son aperos de pesca. Toda su casa es un tributo al mar. Incluso algunos de los muebles como la barra de la cocina o el mismo sofá están hechos por ella. La creatividad está presente en miles de detalles como el reposapiés del sofá que originalmente era una barandilla de un barco que naufragó frente a esa misma costa. En cada rincón de la casa se encuentran objetos realizados con materiales marinos dispares e inimaginables que forman un todo armónico. El orden también está muy presente, es imprescindible para encauzar el torrente creativo y no desbordarse en el caos.

Nos dirigimos a su casa y en el umbral el mar ya está presente. Todos los elementos decorativos, sabiamente ensamblados por la propia María, pertenecen al mar o son aperos de pesca. Toda su casa es un tributo al mar.

Nos dirigimos a su casa y en el umbral el mar ya está presente. Todos los elementos decorativos, sabiamente ensamblados por la propia María, pertenecen al mar o son aperos de pesca. Toda su casa es un tributo al mar.

Una vez instaladas, fuimos a inspeccionar la zona. Nos extasiamos por lo agreste y escarpado de la costa. Si queríamos recorrer algo de ese bello arrecife, teníamos que darnos prisa, la marea estaba subiendo y en poco tiempo los riscos iban a resultar intransitables. Con cierta precaución, no estoy habituada a caminar por esos parajes, nos dejamos conducir por María. Yo calzaba deportivas y me sentía insegura. Ella, quitándose las cholas, fue recorriendo los riscos descalza. No podía parar de observarla, me fascinaba, sus pies se adherían a las rocas y no había ni asomo de indecisión o titubeo. Con absoluta precisión y rapidez  se desplazaba apoyando los pies en los escollos mientras, iba indicándonos el camino más sencillo a seguir. Se nota que el mar es su medio, en su tiempo libre le encanta mariscar y conoce el tiempo y lenguaje de las olas. Ha dado innumerables veces la vuelta a Fuerteventura en piragua, de hecho ha ganado varios premios en esa modalidad. Sabe de la peligrosidad de los riscos y las mareas. El acantilado está plagado de cruces que recuerdan los muertos que se ha cobrado esta costa; pero aunque María respete la fiereza de este paisaje, no lo teme.

Sabe de la peligrosidad de los riscos y las mareas. El acantilado está plagado de cruces que recuerdan los muertos que se ha cobrado esta costa; pero aunque María respete la fiereza de este paisaje, no la teme.

Sabe de la peligrosidad de los riscos y las mareas. El acantilado está plagado de cruces que recuerdan los muertos que se ha cobrado esta costa; pero aunque María respete la fiereza de este paisaje, no lo teme.

Cuando las olas empezaron a alertar de su imparable ascensión, fuimos retirándonos. Ya estaba oscureciendo y hacía frío. Al llegar a casa, María empezó a preparar la barbacoa. Por mucho que insistimos, no nos dejó ayudarle. Así que mientras bebíamos unos chatos de vino y escuchábamos música, ella preparó unos pimientos asados, unos champiñones al ajillo, además de asar un delicioso costillar en la barbacoa. Cenamos en la terraza a la luz de las velas y,  a parte de nuestra conversación, la música y el mar, fuimos capaces de apreciar el sonido del silencio. En un lugar como Playa del Valle, el silencio es la partitura donde los elementos escriben su melodía y en las noches de mar calmo y viento imperceptible, el silencio toma cuerpo y se convierte en una entidad que acompaña y a veces asusta. María, aún siendo una persona sociable, activa, participativa y muy amiga de sus amigos, se nutre de la soledad. En su trabajo resulta dicharachera y amigable pero cuando atardece necesita de su amiga soledad, retirándose a su reino donde convive felizmente con ella misma. Defiende su tiempo, su espacio y su tranquilidad con celo pero, a la vez, es una persona muy generosa y paciente. Si le gustas, comparte su tiempo contigo, te agasaja con sus atenciones y te obsequia con su sabia sencillez. La sabia sencillez de estar totalmente comprometida con su libertad y, lamentablemente, en nuestra sociedad, no abundan las personas conscientes de su propia y verdadera identidad.

En un lugar como Playa del Valle, el silencio es la partitura donde los elementos escriben su melodía y en las noches de mar calmo y viento imperceptible, el silencio toma cuerpo y se convierte en una entidad que acompaña y a veces asusta.

En un lugar como Playa del Valle, el silencio es la partitura donde los elementos escriben su melodía y en las noches de mar calmo y viento imperceptible, el silencio toma cuerpo y se convierte en una entidad que acompaña y a veces asusta.

A la mañana siguiente, después de desayunar, volvimos al acantilado a bañarnos en unas pozas escondidas entre los escollos. Al ver los riscos por los que teníamos que trepar, fui un poco reacia a continuar pero me obligué a superar mi temor. Fue todo un ejercicio de confianza, cuanto más avanzaba más seguridad adquiría y una sensación de paz y libertad iba arraigando en mí. Jamás pensé que sería capaz de ascender y descender por esas rocas, el conseguirlo me llenó de satisfacción. Coronamos el descenso bañándonos desnudas en aquellas piscinas naturales. Me sentía como una niña, feliz, satisfecha, con la sensación de que la vida es mucho más sencilla de lo que pensamos. Jugamos, reímos, gritamos y después nos tendimos en una roca a solearnos. Fui feliz, muy feliz… en ese momento no necesitaba nada, todo era perfecto tal y como estaba.

Me sentía como una niña, feliz, satisfecha, con la sensación de que la vida es mucho más sencilla de lo que pensamos. Jugamos, reímos, gritamos y después nos tendimos en una roca a solearnos. Fui feliz, muy feliz... en ese momento no necesitaba nada, todo era perfecto tal y como estaba.

Me sentía como una niña, feliz, satisfecha, con la sensación de que la vida es mucho más sencilla de lo que pensamos. Jugamos, reímos, gritamos y después nos tendimos en una roca a solearnos. Fui feliz, muy feliz… en ese momento no necesitaba nada, todo era perfecto tal y como estaba.

Ya en casa y después de almorzar una riquísima tortilla de pimientos y papas preparada en un periquete por nuestra anfitriona, no tuvimos más remedio que abandonar tan grata compañía y tan bello lugar. El tiempo que compartimos con María me dejó un buen sabor de boca. Me recordó que a pesar de los condicionamientos que la sociedad nos impone para convertirnos en otra oveja del rebaño, todavía es posible encontrar nuestra propia individualidad, asumir la responsabilidad de lo que somos y vivir nuestra verdad. Esta actitud vital exige de una cierta valentía para asumir los riesgos de moverse en soledad y abandonar la protección del rebaño. Valentía para dejar de ser dócil, conveniente y muy obediente. Valentía para ser auténticos sin dejar de tender puentes hacia los que no nos son afines. Gracias María por recordarme con tu sabia actitud y sencillez que la belleza puede encontrarse en las cosas ordinarias y simples de la vida. Gracias por recordarme que se puede vivir una vida extraordinaria dentro de una vida ordinaria. Gracias María y… FELIZ CUMPLEAÑOS.

Gracias María por recordarme con tu sabia actitud y sencillez que la belleza puede encontrarse en las cosas ordinarias y simples de la vida. Gracias por recordarme que se puede vivir una vida extraordinaria dentro de una vida ordinaria.

Gracias María por recordarme con tu sabia actitud y sencillez que la belleza puede encontrarse en las cosas ordinarias y simples de la vida. Gracias por recordarme que se puede vivir una vida extraordinaria dentro de una vida ordinaria.

Fotos: Ana María Del Río Otero

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