Ángela Molina: “Lo que Dios pone en la mirada de la gente, es lo que vale; el resto es pura vanidad”.

Lo que Dios pone en la mirada de la gente, es lo que vale; el resto es pura vanidad. No lo juzgo, pero creo que es mejor estar disponible para el cine con tu naturaleza.

Lo que Dios pone en la mirada de la gente, es lo que vale; el resto es pura vanidad. No lo juzgo, pero creo que es mejor estar disponible para el cine con tu naturaleza.

Ángela Molina es pura emoción. Con la paz y naturalidad que le caracterizan, transmite su alegría y su luz cuando habla de la vida y de su oficio, una ocupación en la que lleva 40 años y que le ha dado “todo”. Y es que esta actriz a la que han calificado como “uno de esos milagros que ocurren de vez en cuando en el cine español”, disfruta de un presente en el que recibirá la Medalla de Oro 2013. La intérprete madrileña, a la que a la primera de cambio le sale la vena andaluza, se enteró del reconocimiento de la Academia en Roma, donde el escaso tiempo libre que le dejaba el trabajo lo aprovechó en ver películas “en el cine”. Cambió la capital italiana por Ibiza, donde el mar “me quita todas las penas” y de vuelta a Madrid, el próximo 23 de octubre recogerá la Medalla que hace un año recayó en Manolo Gutiérrez Aragón, a cuyas órdenes rodó Camada negra y El corazón del bosque, y apuntaló su carrera con papeles protagonistas en historias como Demonios en el jardín. “Tengo la suerte de seguir de cerca siempre a Manolo. Es curioso que este premio se lo dieran a él y ahora a mí. Si hubiera podido elegir el momento de este reconocimiento, hubiese sido tal y como se ha dado”, declara esta hija, hermana y madre de artistas.

A punto de cumplir 58 años, esta excepcional mujer transmite buenas sensaciones con lo que dice y cómo lo dice. Ducha en una profesión que le ha enseñado a valorar “lo que me han dado y también me ha preparado a perder” y que nunca se ha olvidado de ella, asume los galardones, homenajes y satisfacciones que le ha proporcionado el cine con naturalidad. “Nunca he pensado en nada que no fuera el trabajo de cada día, en adaptarme siempre a lo que necesitan de mí. Este es un arte que se apoya en la mirada del otro. Los premios te vienen en momentos determinados y te dan el privilegio de compartir la alegría con quien te la procura. Por encima de nosotros, las cosas son como son y hay que gozarlas”, manifiesta la que fue la primera intérprete española que consiguió el David de Donatello. Pero son muchas más las recompensas -la Concha de Plata, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, el Gran Premio de la Crítica de Nueva York, varios Fotogramas de Plata y la Espiga de Plata de la Seminci…- que tiene por su labor en el cine, un medio que, además de ser “una manera de vivir”, la ha llevado por la senda “del conocimiento y la curiosidad del otro. No puedo separarlo de mí misma”.

Molina ha subrayado que siempre ha tratado de "ir dando valor a la realidad y disfrutando de lo que hay, aunque a veces no sea lo que una sueña". "Hay que vivir cualquier cosa hasta las últimas consecuencias porque nos merecemos disfrutarlo y la vida es nuestra".

La Molina está en racha, sigue dando batalla en el celuloide, en el que empezó a los 16 años. “La vida tiene un orden y, desde cómo soy físicamente, parto para ser otros seres humanos. Dentro de uno hay todas las edades, del 1 al 100 puedes soñar lo que quieras. Yo me quedo con esto, aunque a veces me tengo que frenar, me digo a mí misma `oye, que no tienes 18 años´. Estoy contenta con mis años y confío ciegamente en el futuro”, asegura la tercera hija del actor y cantante Antonio Molina.

En todas sus entrevistas sale su padre, responsable de su pasión por el cine porque de chica fue a un cine de verano a ver El pescador de coplas, y en la escena en la que Porrina de Badajoz le echaba agua a su progenitor se asustó y empezó a llorar. Cuando acabó la proyección la gente la reconoció y empezaron a besarla…
Yo tenía seis años y había nacido mi hermana Paula. Como siempre he sido muy teatrera, me quedaba observando a los demás porque sentía que no existía. Miraba detrás de las puertas para ver si hablaban de mí y solo tenían palabras para la niña nueva. No comía nada, y mi madre le dijo a Gregoria, que estuvo toda su vida con nosotros y era mi segunda madre, que me llevara al pueblo, a Campillo de la Jara, para ver si con el cambio de aires me volvía el apetito. Allí había un cine al aire libre muy fresquito, era como en un corral, con esos muros encalados de blanco y el silencio del campo. Y el día de mi llegada coincidió con la proyección. Cuando vi la escena de jarro de agua, me puse a llorar como loca y a gritar: “papá, papá, que te van a echar agua”. La gente se dio cuenta de lo que pasaba y al final del pase Gregoria se entretuvo con la gente y todas las personas empezaron a decirme cosas. No sé si en ese momento comenzó mi amor por el cine, pero esa imagen entró en mi retina milagrosamente. Tampoco recuerdo si fue la primera película que descubrí, supongo que no porque mi madre es muy cinéfila, pero de ahí surge ese punto de inflexión del amor por el público.

Aunque la vida sea dura, siempre hay que disfrutarla al máximo aunque sea combatiendo por lo que nos merecemos.

Aunque la vida sea dura, siempre hay que disfrutarla al máximo aunque sea combatiendo por lo que nos merecemos.

Han pasado cuatro décadas y esa motivación sigue vigente.
Es que el cine me ha dado la vida. A través de mi trabajo, que es el trabajo de cada uno, te conoces, sufres, te vas descubriendo… Y cuando te das cuenta, tu vida ya está al otro lado de la balanza, pero sigues sintiendo lo mismo de una forma tan emocionante e intensa como cuando eres inocente. El cine me ha dado su propia historia, una historia que es tan grande… Quiero seguir conociendo este trabajo con mis colegas, con la gente que necesito para continuar amándolo.

¿Qué significa ser la musa de un director?
Nunca he sentido ese término con los cineastas que he trabajado. Siempre se ha dado una atracción verdadera. Por un lado, ha sido al pan pan y al vino vino para saber lo que teníamos entre manos, y, al mismo tiempo, existía ese lugar diáfano en el que no sabes qué tienes para estar abierto y así indagar y descubrir. Me he sentido muy bien dirigida por todos al ir con esa verdad por delante y, en muchos casos, ha nacido un sentimiento profundo y puro gracias a la confianza, la libertad y el respeto.

¿Cómo lleva ser una actriz descubierta por Luis Buñuel?
Como un privilegio que no sé cómo agradecer. No sabría por donde empezar a hablar de él porque le conocí mucho antes de hacer Ese oscuro objeto del deseo siendo público de sus filmes. Sigo necesitando y admirando su cine. Tenía una personalidad desbordante y divertida, era un hombre muy cercano que me enseñó cosas que, a lo largo de mi vida, sigo aprendiendo. Con él tengo la sensación de que me preparó desde los cimientos.

A través de mi trabajo, que es el trabajo de cada uno, te conoces, sufres, te vas descubriendo... Y cuando te das cuenta, tu vida ya está al otro lado de la balanza, pero sigues sintiendo lo mismo de una forma tan emocionante e intensa  como cuando eres inocente.

A través de mi trabajo, que es el trabajo de cada uno, te conoces, sufres, te vas descubriendo… Y cuando te das cuenta, tu vida ya está al otro lado de la balanza, pero sigues sintiendo lo mismo de una forma tan emocionante e intensa como cuando eres inocente.

¿Cuánto se aprende trabajando con talentos como Fernando Fernán Gómez?
Es que he estado con los más grandes -Jaime Camino, Jaime Chávarri, Jaime de Armiñán, José Luis Borau, Pontecorvo, Bigas Luna, Josefina Molina, Marco Bellocchio, Ridley Scott, Alejandro Agresti, Miguel Picazo, los hermanos Taviani, Pedro Almodóvar, Luigi Comencini, Ricardo Franco, Miguel Littin, Alain Tanner, Tornatore… La lista es interminable-. Antes de hacer películas con ellos, ya estaban en mi corazón, me habían dado mucho y había soñado que estaban dentro de mí. Se entabla una relación de tú a tú de manera muy sencilla y real, y los momentos que compartimos juntos son para toda la vida, están conmigo. Con Fernando tuve una amistad casi familiar. Él era una especie de gran talismán: sabio, valiente, docto, divino. Fueron tantas noches en el Palacio Real rodando Esquilache… Yo bajaba a por helados y, entre toma y toma, charlábamos y charlábamos.

Con todo ese saber acumulado, ¿dará el paso a la dirección?
No sé dirigir, pero sí lo que es el cine. Sé cuando una escena está viva, cuando te enamoras de un guión y, como público, qué historia me gustaría y en cual me perdería. No me cierro a nada. Si tienes un equipo que esté tan ilusionado como tú con el proyecto, si confías en las personas que te rodean y aportan su sabiduría a tu sueño y lo mantienen de manera sincera, pues las películas se muestran a uno.

Ángela Molina es pura emoción. Con la paz y la naturalidad que le caracterizan, transmite su alegría y su luz cuando habla de  la vida y de su oficio, una ocupación en la que lleva 40 años y que le ha dado "todo".

Ángela Molina es pura emoción. Con la paz y la naturalidad que le caracterizan, transmite su alegría y su luz cuando habla de la vida y de su oficio, una ocupación en la que lleva 40 años y que le ha dado “todo”.

De lo que podría hacer a lo que no hizo. Rechazó Cambio de sexo, Furtivos, Carmen y Las edades de Lulú.
Generalmente, esos noes fueron porque pensé que no iba a llegar, que no iba a saber, aunque luego te das cuenta que no es verdad porque sabes darle la vuelta. Cuando me ofrecieron Las edades de Lulú tenía hijos pequeños y eran unas aguas que no me apetecía mover. Cuando salió Carmen, estaba en Italia filmando La bella Otero y no pude, pero me hubiera gustado. Durante muchos años Carlos Saura y yo nos hemos reído porque le comentaba que nunca me lo iba a perdonar. Ese personaje lo hizo Laura del Sol, una bailarina por derecho.

Pero usted también baila.
Uno de los títulos que tengo y que más gracia me hace es el de maestra de danza clásica española. En Las cosas del querer tenía a mi lado a artistas natos, de instinto, así que ni siquiera en esa película hice uso de él. Siempre he necesitado la palabra.

Le falta contar qué pasó con Furtivos
Una idiotez. Me acababan de teñir el pelo y tenía heriditas en la cabeza. Estaba con el trauma de rubia platino, y como me tenía que cortar el pelo al cero, pensé que necesitaba que me dejasen en paz. En ese momento no miraba más allá de lo que me preocupaba: mi pelo. Con el tiempo, me di cuenta de lo tonta que fui porque la película es magnífica. No lo hice porque tendría que ser así, Furtivos es perfecta tal y como es.

No hago distinciones entre personajes grandes y pequeños. Y muchas veces acepto porque es mi pan, vivo de mi trabajo y me he sabido adaptar a dar valor a lo que tenía delante.

No hago distinciones entre personajes grandes y pequeños. Y muchas veces acepto porque es mi pan, vivo de mi trabajo y me he sabido adaptar a dar valor a lo que tenía delante.

Usted era muy joven cuando hizo Camada negra ¿condicionó su manera de entender el cine las amenazas que recibió esa película?
Lo viví con temor, pero con orgullo. Había que esclarecer esas situaciones políticamente insostenibles, avisar donde estaba el peligro. Siempre me ha gustado escribir y era muy chiquita cuando escribí a mi madre un poema -y recita “llora llora el pobre con su alma limpia y ríe ríe el rico con su alma sucia, y el pobre cuando sonríe, su sonrisa está en el alma, y el rico cuando sonríe, su sonrisa es vana, muy vana”- que yo no sé de donde me saldría. Combatir las injusticias, luchar por la igualdad y estar con la gente oprimida siempre ha estado dentro de mí. Me he dejado guiar por mi instinto, y he elegido historias que me iban a ayudar a entender situaciones y aportar cosas. El cine nos enseña, es un arte más, un arte muy completo porque es el arte de lo humano. Vamos a una sala, vemos una película y cuando ésta te llega forma parte de ti para siempre. El cine aparece cuando tiene que aparecer y las películas están con nosotros.

Asocio su nombre al de Ana Belén y Victoria Abril ¿qué pasó en esa generación, es muy diferente a la de ahora?
No veo diferencias, sino afinidades. Cada una tiene algo único, y eso es lo más importante, y da una vida, una historia y una visión a sus personajes a través de su mundo personal como intérpretes y como artistas. En estos momentos hay unos intérpretes con una formación fantástica. Es una continuidad porque se hereda lo que deja el otro y va sumando. Admiro a las actrices de la generación posterior a la mía y a las jóvenes de ahora las busco y las sigo. Ana Belén, Victoria son mis compañeras y amigas. Afortunadamente, somos muchas. Me siento muy orgullosa del cine que he hecho y del que venimos, un cine que no se amuerma y que siempre está creciendo.

La actriz madrileña recibió el 23 de octubre, la medalla de Oro de la Academia de  Cine del 2013, un premio a toda una carrera jalonada de trofeos en medio mundo.

La actriz madrileña recibió el 23 de octubre, la medalla de Oro de la Academia de Cine del 2013, un premio a toda una carrera jalonada de trofeos en medio mundo.

Ha hecho una apuesta clara por los proyectos independientes, las operas primas y los papeles breves, pero intensos.
No hago distinciones entre personajes grandes y pequeños. Hay colaboraciones muy especiales. Mi norte es si me interesa o no el guión y quién hay detrás. Y muchas veces acepto porque es mi pan, vivo de mi trabajo y me he sabido adaptar a dar valor a lo que tenía delante.

La saga de los Molina es muy conocida y querida. Es la hija de Antonio Molina y la madre de Olivia Molina ¿se siente como la matriarca de los Reverte, su personaje en la serie de televisión “Gran Reserva”?
No me veo como nada. Soy la hija de mi padre y la madre de mis hijos -tiene cinco-. Me emociono cada vez que hablo de mi padre, estoy aquí por él, y me llena y conmueve su público con esa emoción en la mirada de agradecimiento a lo que les dejó en el corazón. Estoy muy, muy cerca de él. No se me olvida que cada vez que íbamos a la calle a comprar pan tardábamos más de dos horas porque se entretenía con todo el mundo.

Me he dejado guiar por mi instinto, y he elegido historias que me iban a ayudar a entender situaciones y aportar cosas.

Me he dejado guiar por mi instinto, y he elegido historias que me iban a ayudar a entender situaciones y aportar cosas.

¿Qué me dice de Olivia Molina? ¿Le da consejos?
En mi familia no somos de dar consejos. Decimos cómo vemos las cosas, y luego cada uno hace lo que tiene que hacer. Admiro mucho a Olivia porque ha creado su propio lenguaje, no nos parecemos mucho y, al mismo tiempo, compartimos la pasión por lo que hacemos. Olivia ha mamado este mundo, ha vivido esta realidad y, sin darme cuenta, me lo estaba pidiendo. María, la pequeña, también lo hace. Es una niña que pinta muy bien. La noche de los Goya llegué muy tarde a casa y me estaba esperando porque me había hecho el dibujo de una estatuilla pintada de verde. Cuando me lo dio, me dijo: “este es mi Goya para ti, para toda tu vida”. Y me derrumbé, me puse a llorar, porque con mis hijos nunca me va a faltar nada.

Cuando no está interpretando, cantando, bailando o escribiendo, ¿cuál es su mundo?
El del otro. Es el momento de mis sueños.

Volvamos a un tema más terrenal. No parece que la edad le haya condicionado, pero ¿se le ha pasado por la cabeza pasar por el quirófano?
Lo que Dios pone en la mirada de la gente, es lo que vale; el resto es pura vanidad. No lo juzgo, pero creo que es mejor estar disponible para el cine con tu naturaleza. Me gusta más aceptar las cosas como son.

Me gusta más aceptar las cosas como son.

Me gusta más aceptar las cosas como son.

Y, ¿cómo soporta los tiempos que corren para el cine?
Son tiempos muy feos para la cultura. El cine es un arte eterno, nunca morirá. Cómo todos, en cine, teatro y televisión, me voy ajustando con lo que hay. Con lo que hay, hay que hacer todo lo que podamos, algunos proyectos salen adelante en unas condiciones que, a veces, son por amor al arte. Es lo que hay, y hay que estar muy despierta para que esto siga.

Su última aparición en la gran pantalla, Blancanieves, de Pablo Berger, sigue dando que hablar para bien. En Inglaterra se han deshecho en elogios con esta producción.
Hay imágenes que se te quedan. Cuando veo esa lágrima de Blancanieves al final de la película, pienso que no existe la muerte. Nos la han contado, pero no debe existir.

Con lo que hay, hay que hacer todo lo que podamos.

Con lo que hay, hay que hacer todo lo que podamos.

Fuente: Chusa L. Monjas, Actualidad del cine español, Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España.

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