El “Síndrome de Maripili”: el miedo de las mujeres a no ser queridas.

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“De cómo las mujeres se boicotean a sí mismas porque quieren obedecer a un estereotipo ancestral, ya que no obedecerlo supone asumir la soledad del rechazo o la incomprensión de sus propias familias, no sólo de sus maridos, sino del parentesco político o carnal, incluso de sus propias madres”.

El temor a no gustar, a ser rechazada, frena la carrera de muchas profesionales. Este autosabotaje no consciente es, según Carmen García Ribas, la única causa de que no haya más mujeres en puestos de responsabilidad. Esta profesora de comunicación se dió cuenta de dicha realidad hace unos años, la estudió y la bautizó como “Síndrome de Maripili”. Más adelante diseñó un máster para superar esta patología, el posgrado de Liderazgo Femenino, que actualmente se puede cursar en la Escuela Superior de Comercio Internacional (ESCI) de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

– ” (…) ¿Cómo podría definirse el Síndrome de Maripili?

– Se puede hablar de ciertas conductas observables que son el efecto de dicho síndrome. Estas son todas aquellas que llevan al autosabotaje en diferentes roles.

El síndrome de Maripili tiene raices culturales, sociales, familiares y emocionales.

En una cultura donde se endiosa el perfeccionismo, la estética a ultranza, una ideología de preponderancia masculina y el tomar a los seres humanos como objetos, es lógico que tengan como efecto personalidades autoexigentes y preocupadas por “pertenecer”, donde “pertenecer” significa dejar de lado las propias metas y objetivos para tener en cuenta los objetivos de la cultura.

Por otro lado, ciertos grupos familiares impulsan aún más estos modelos sociales de éxito y perfeccionismo, pretendiendo que las hijas criadas en estos hogares sean “perfectas” en cuanto a su belleza física y a su adecuación al modelo social. Mujeres perfectas para encontrar maridos perfectos (buen nivel económico, probablemente profesionales, deportistas o empresarios exitosos) para tener hijos también perfectos, viviendo en barrios perfectos.

Estas familias provocan un estrés y desgaste emocional profundo en los hijos que educan, en este caso hijas, que tratan desesperadamente de adecuarse a lo que se espera de ellas convirtiéndose en seres inseguros, muchas veces de aspecto físico muy agradable y paradojalmente de baja autoestima, muy atentas a cualquier imperfección física, ya que esto implica descender en el modelo social.

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“Su origen: el miedo de las mujeres a no ser queridas, el miedo a no complacer las expectativas del entorno; en resumen la sumisión como modelo existencial”. ***Ilustración, Jimmy Liao

– ¿Quiénes lo padecen?

– Este síndrome es sufrido por mujeres que viven de acuerdo a un modelo de sumisión. Esto implica aceptarse a sí mismas como objetos, que pueden ser “vendidos” y “comprados” comercialmente, por lo tanto se adaptan a lo que los modelos masculinos pretenden de ellas, lo cual equivale a aceptar un modelo de competitividad, donde algunos están arriba y otro abajo. En este modelo, las mujeres están abajo y los hombres, arriba.

¿Cuál es la causa? ¿Dónde tiene su origen?

– Su origen: el miedo de las mujeres a no ser queridas, el miedo a no complacer las expectativas del entorno; en resumen la sumisión  como modelo existencial.

¿Cómo afecta la vida diaria de quien lo padece?

– Muchas veces su miedo a ser abandonadas y no queridas las lleva a someterse a situaciones  de injusticia y/o violencia por ejemplo, en el seno familiar.

Lo que ocurre es que la ciega necesidad de ser amado, respetado y reconocido por las personas que nos rodean puede llevar a someterse incondicionalmente a otro por temor e inseguridad, con la consiguiente carga de emociones negativas que pueda volcarse hacia el otro o hacia si mismo en conductas violentas autodestructivas (por ejemplo adicciones) o también enfermedades.

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“Las personas que padecen el “Síndrome de Maripili”, plantean que siempre todo está bien, se muestran siempre deseosas de ayudar al otro, olvidándose de sí mismos”.

¿Puede revertirse? ¿Cómo?

– Estas situaciones son reversibles, para eso es necesario:
Tomar consciencia de las capacidades propias y valorarlas.
Tomar la decisión, que si bien los demás son importantes, nosotros también lo somos.
Eliminar creencias machistas.
Reemplazar un modelo competitivo (siempre hay uno que gana y otro que pierde) por uno colaborativo (todos podemos ganar, por lo menos en algo).
Aprender a pedir lo que cada uno esencialmente necesita, en vez de cubrirlo por el temor a la mirada del otro.
Por último, tomar riesgos teniendo la seguridad que es nuestra propia vida y nuestro equilibrio emocional el que esta en juego.

¿Cómo puede colaborar el entorno de la persona?

– Comprendiendo las inseguridades de quien sufre este síndrome, asegurándoles amor y protección, no permitiendo ser complacidas e invitando a que expresen lo que auténticamente piensan y sienten en cada situación, aceptando que por momentos podemos expresar tristezas y enojos y ser comprendidos y protegidos, destacando los logros de estas personas aunque sean pequeños, ya que un pequeño éxito constituye un escalón para un éxito mayor. En síntesis, mostrando amor, comprensión, calidez y protección.

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“Aprender a expresar lo que auténticamente piensan y sienten en cada situación, aceptando que por momentos podemos expresar tristezas y enojos y ser comprendidos y protegidos”. ***Ilustración, Paula Bonet

Las personas que padecen el “Síndrome de Maripili”, suelen encerrarse en sí mismas, plantean que siempre todo está bien, se muestran siempre deseosas de ayudar al otro, olvidándose de sí mismos, nunca plantean preferencias ni gustos personales, van por ejemplo a ver películas que otros deciden, a restaurantes que a otros les agradan, adquieren la ropa que más les gusta a amigas, madre o parejas.

En síntesis, no toman consciencia de sus propios deseos, preferencias, sentimientos. Su única guía es agradar al otro y ocultarse tras esa sensación de que los deseos de los otros están primero que los propios.

Esto, con el transcurso del tiempo provoca más y más emociones desagradables, sienten mucho enojo consigo mismas por su complacencia con otros, pero al mismo tiempo no pueden dejar de hacerlo. Les es difícil salir del círculo de complacencia, enojo, mayor complacencia para tapar el enojo provocado por esta mayor complacencia, círculo que se repite indefinidamente.

Para salir de este círculo, es imprescindible el desarrollo de la inteligencia emocional y de la propia autoestima.

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“No toman consciencia de sus propios deseos, preferencias, sentimientos. Su única guía es agradar al otro y ocultarse tras esta sensación de que los deseos de los otros están primero que los propios”.

Maripili en el mundo laboral.

– En el ámbito laboral, se perciben rápidamente las mujeres que padecen el síndrome de Maripili. Son amables y buenas compañeras, y muchas veces no ascienden en su trabajo, por miedo a no ser queridas.

Cuando en cambio acceden a puestos de liderazgo, son permisivas, les cuesta poner límites. Es más importante para ellas ser queridas y reconocidas que ser efectivas. Lo cual las convierte en líderes poco eficaces y poco protectoras, ya que permiten muchas conductas inadecuadas de sus subordinados.

Estas mujeres, al aceptar el modelo de sumisión cultural al hombre, no se plantean puestos jerárquicos muy elevados, ya que al mismo tiempo, estos puestos entran en competencia e incongruencia con sus otros roles (esposa, madre, etc.).

El llamado techo de cristal existe no sólo por la existencia de un modelo cultural masculino de limitación del crecimiento femenino, sino que se sustenta además por la aceptación que tienen las Maripili de dicho modelo.

Es importante, para el liderazgo femenino tener en cuenta la importancia de un modelo de colaboración posible entre las visiones del mundo masculinas y las visiones femeninas del mismo. Esta integración, de ambas visiones dentro del liderazgo posibilita las potencialidades tanto de hombres como de mujeres.

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“El llamado techo de cristal existe no sólo por la existencia de un modelo cultural masculino de limitación del crecimiento femenino, sino que se sustenta además por la aceptación que tienen las Maripili de dicho modelo”. ***Ilustración, Paula Bonet

Las emociones pueden educarse:

* Inteligencia emocional

¿Cómo desarrollar tu potencial? Inteligencia emocional para manejar eficazmente mis emociones, controlar el impulso, el enojo, los celos, la culpa, tolerar presiones, mejorar las relaciones laborales y desarrollar habilidades sociales.

* Autoestima

El poder de la autoestima. ¿Piensas que los logros de los otros son más importantes que los tuyos? Emociones. Metas. La mirada de los otros. Aprender a decir no y poner límites.

* Quiero pero no puedo

Tener una pareja, conseguir un trabajo, decir lo que siento… quiero, pero no puedo. ¿Cómo lograr aquello que tanto queremos pero no logramos obtener? ¿Cuáles son los obstáculos que me traban? Desarmar las propias estructuras rígidas fundadas en el perfeccionismo, de críticas internas y la búsqueda de aprobación.

* Coordinar y liderar

¿Cómo coordinamos un grupo? ¿Cómo ser un líder efectivo y motivar grupos? Para todos aquellos que tienen a su cargo la coordinación de grupos, herramientas efectivas de la comunicación, manejo de conflictos, mediación y negociación. El coordinador como líder”. **

** Fuente:  Infobae.com entrevistó a la licenciada Elsa E. Alvarez (MN 944) y a la licenciada Cecilia Lotero (MN 37589), del Instituto de Psicología Argentino (Inepa).

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“El miedo al éxito profesional conduce inevitablemente al fracaso, ese miedo viene determinado por el temor a no ser una buena madre, a permanecer sin pareja, a sentir el rechazo de la propia familia, en definitiva a romper con ese estereotipo lacerante en el que aún estamos atrapadas, por no mencionar las nuevas metas a las que debemos aspirar si queremos cumplir con el nuevo corsé de las mujeres actuales: cuidar el físico, estar siempre dispuesta sexualmente, y un largo etc.”.

Huye del “Síndrome de Maripili”

Lo identificó hace una década la periodista y experta en comunicación Carme García Ribas. Los síntomas son inequívocos. A las mujeres, en su faceta profesional, pero también personal, les puede el miedo al rechazo y adoptan actitudes de autosabotaje y sumisión. Es autosabotaje comenzar una intervención en público con un “no sé si me sabré explicar” o un “igual digo una tontería”. Es autosabotaje negar que se es ambiciosa cuando una tiene dos carreras, tres másters y habla inglés y alemán. Y este autosabotaje, esta sumisión fruto del miedo, lleva a perpetuar modelos de conducta marcados por los estereotipos: la queja, el enfado, el victimismo, la tristeza, la importancia del aspecto físico…

García Ribas, para mostrar que las mujeres pueden dirigir sus carreras de forma estratégica sin ceñirse al modelo masculino. “Hay dos miedos sociales: al fracaso y al rechazo. De los dos, el último forma parte de la identidad femenina. Naturalmente, este temor a no ser queridas las lleva a la sumisión, pero ésta implica pasividad y el “Síndrome Maripili” se da en mujeres activas, preparadas, inquietas, con capacidad de crear negocio. Ésa es la diferencia”, explica esta experta en liderazgo. Entonces, ¿qué les ocurre a estas mujeres? ¿Por qué muchas se acobardan y tiran la toalla a pesar de tener formación suficiente? “En lo más íntimo, ellas se sienten insuficientes, aunque sean atrevidas, luchadoras, trabajadoras, guapas, atractivas…”, analiza la profesora. Este desperdicio de talento tiene una clara repercusión económica para las empresas; de hecho, implica una pérdida de casi mil millones de euros al año sólo en Barcelona, según los cálculos de la Cámara de Comercio de la capital catalana.

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“Para Carmen García Ribas, la mujer se ha construido desde la pequeñez. El código familiar antiguo era que la mujer buena era discreta, recatada, humilde, no se hacía ver; y, de alguna manera, es el mensaje que sigue vigente en todo el mundo árabe. Pero al no hacerte ver no puedes ser ambiciosa, ni poderosa, ni tener opinión, ni ser guapa, ni nada”.

Cambiar el modelo

El primer paso para huir de este mal sería cambiar el modelo laboral masculino -que opera en casi todas las empresas- por otro en el que se sintieran más cómodas las mujeres. Pero esto supone una transformación radical en muchos ámbitos, por ejemplo, en la forma de comunicar que suele considerarse femenina. “Si comunicas desde la debilidad o la sumisión, tú misma estás saboteando tu proyecto porque te infantiliza”, manifiesta Carmen García Ribas.

El segundo aspecto que hay que modificar es la relación con el dinero y las finanzas. “A las mujeres no nos parece femenino hablar de dinero. Y no sabemos negociar, porque si tú orientas tu comportamiento a gustar estás `antinegociando´ -dice la experta-. Si yo te digo `vas a cobrar tanto´ o `tienes que trabajar esto´, tú me dirás siempre que sí, porque quieres complacer”. 

Y hay una tercera cuestión en el carro de las carencias femeninas en el mundo de los altos directivos: no saber crear estrategias. Para Carmen García Ribas, el primer paso sería “ser consciente del propio poder, de lo que se quiere, y no creer que tienes que cumplir un estereotipo para gustarle a tu madre o a la vecina”.

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“El primer paso sería ser consciente del propio poder, de lo que se quiere, y no creer que tienes que cumplir un estereotipo para gustarle a tu madre o a la vecina. Seducir es poder, coquetear es sumisión”. ***Ilustración, Paula Bonet

 

PROCESO DE AUTORIZACIÓN

Pero para abrir una vía a esta transformación es necesario que la propia mujer se dé permiso “a ganar más dinero, a tomar más decisiones, a elegir entre varias opciones y a ser ambiciosa”. Carmen García Ribas lo llama `proceso de autorización´, y comienza cuando la propia mujer toma conciencia de lo que es. Sin embargo, algunas profesionales se preguntarán si dejar de ser una “Maripili” tiene un precio; la experta en liderazgo femenino afirma que “lo que tiene un coste es vivir en el síndrome. Salir de él sólo tiene ventajas”.

Para Carmen García Ribas, la mujer se ha construido desde la pequeñez. “Las abuelas decían: `el buen paño en el arca se vende´, y ahora no, el buen paño necesita marketing para venderse. El código familiar antiguo era que la mujer buena era discreta, recatada, humilde, no se hacía ver; y, de alguna manera, es el mensaje que sigue vigente en todo el mundo árabe. Pero al no hacerte ver no puedes ser ambiciosa, ni poderosa, ni tener opinión, ni ser guapa ni nada”.

 

 

 

 

 

 

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