Carmen García Ribas: “La mujer tiene miedo a su propio talento. Está más cómoda en la queja”.

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“Las mujeres nos comportamos como huéspedes en casa ajena, pero una situación de huésped debe ser temporal. Si no lo es, si se hace permanente, se convierte en sumisión. Y entonces nos convertimos en víctimas”. *** Ilustración Paula Bonet

La importancia de que la mujer se autolidere para ser capaz de coger las riendas de su propia vida y de su carrera profesional llegando a liderar a los demás, es la lección que aprendimos el pasado sábado de manos de la profesora universitaria Carmen García Ribas, directora del Máster en Liderazgo Femenino de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y presidenta del Congreso Internacional de Liderazgo Femenino, periodista, formadora de directivos y referencia internacional en Liderazgo.

“Las mujeres nos comportamos como huéspedes en casa ajena”, afirmó García Ribas, creadora del concepto de “cultura huésped” y especialista en Liderazgo a través de la gestión del miedo. “Pero, una situación de huésped debe ser temporal. Si no lo es, si se hace permanente, se convierte en sumisión”, explicó. “Y entonces nos convertimos en víctimas”.

La profesora, incansable investigadora de la relación de la mujer con el liderazgo, sostiene que esta situación se da sobre todo entre las mujeres y entre los innovadores: “Son profesionales que no encajan en el modelo de poder establecido desde hace tantos siglos. En el caso de la mujer, el miedo a no ser querida, su necesidad de reconocimiento y aceptación, la lleva a actitudes infantiles y fragilizadoras, que hacen que se sienta mal, porque está negando su propia identidad”.

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“En el caso de la mujer, el miedo a no ser querida, su necesidad de reconocimiento y aceptación, la lleva a actitudes infantiles y fragilizadoras, que hacen que se sienta mal, porque está negando su propia identidad”. ***Ilustración, Paula Bonet

García Ribas contó una anécdota muy gráfica al respecto: “En ocasiones me han preguntado si puedo dar un taller o una clase sobre la gestión del tiempo. Por supuesto -he dicho- apunta en una lista todo lo que tienes que hacer esta semana, y luego tacha todo lo que en realidad estás haciendo sólo por agradar y ser aceptada. Verás como te sobra tiempo”.

Esta actitud de generosidad interminable, no siempre deseada, es lo que la profesora ha llamado “el síndrome de Mari Pili”, la necesidad imperiosa de agradar y de servir a los demás a un precio carísimo: nosotras mismas.

– ¿Dónde está mi talento? ¿Por qué no se ve?

– Pero además, la mujer se siente mal en el mundo público, porque se ve obligada a comportarse de una manera impostada, fingiendo ser quien no es para ser aceptada, para encajar en el modelo de lo que se supone que tiene que ser una profesional o una líder. “Y tenemos miedo. Es un miedo permanente a no ser queridas. Ahora lo llamamos estrés, pero es un eufemismo; en realidad estamos hablando de miedo, un miedo que nos genera malestar físico y psicológico y que nos llega a provocar enfermedades”.

Para colmo, a pesar de estar en 2015, “ser profesional sigue viéndose como un complemento en la vida de una mujer”. No parece adecuado que queramos hacer carrera o que nos sintamos bien haciéndola, dejando de lado otros aspectos de nuestra vida. Esto es otra fuente de fragilidad que debemos superar”.

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“Y tenemos miedo. Es un miedo permanente a no ser queridas. Ahora lo llamamos estrés, pero es un eufemismo; en realidad estamos hablando de miedo, un miedo que nos genera malestar físico y psicológico y que no llega a provocar enfermedades”. ***Ilustración, Paula Bonet

 

NECESITAMOS OTRA POLÍTICA DE IGUALDAD

Por otro lado, “La mujer tiene miedo a su propio talento. Parece que estamos más cómodas en la queja. Muchas veces es más fácil seguir en el papel de víctima, en la actitud de sumisión, que aunque tenga sus inconvenientes nos es familiar y nos es cómoda, ya que aparentemente no tenemos responsabilidad, que emponderarnos y asumir el liderazgo”.

“Y los poderes públicos, el Estado, los organismos e instituciones perpetúan esta actitud con sus “ayudas” a las mujeres en situación de sumisión. Si recibes ayuda por ser una víctima, tal vez valga la pena seguir siendo una víctima. Hay todo un entramado de intereses montado en base a ese concepto y esta idea de que la mujer es víctima y necesita este tutelaje, estas ayudas… lo que hace es seguir infantilizándonos y fragilizándonos. Creo que este no es el camino de la Igualdad”.

Sobre la carrera profesional de las mujeres, García Ribas no se mostró más optimista. “Estadísticamente el talento femenino ocupa puestos de soporte. Los jefes son hombres, y en general, quienes rentabilizan el talento femenino son ellos”.

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“La mujer tiene miedo a su propio talento. Parece que estamos más cómodas en la queja. Muchas veces es más fácil seguir en el papel de víctima, en la actitud de sumisión -que aunque tenga sus inconvenientes nos es familiar y nos es cómoda, ya que aparentemente no tenemos responsabilidad- que empoderarnos y asumir el liderazgo”. ***Ilustración, Paula Bonet

Ante esta realidad, la mujer debe tener un comportamiento estratégico y para ello, tomar conciencia de su entorno. “¿Estamos siendo demasiado pródigas con nuestros talentos emocionales?”, se preguntó nuestra ponente, “Y si realmente somos tan inteligentes ¿de verdad lo somos más que los hombres? Si no somos capaces de ponerlo en valor, no; no lo somos”. **

** Fuente: Womantalent, 04 de octubre de 2015

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