“El amor es un espacio de desigualdad” Irantzu Valera

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Irantzu Varela es periodista especializada en feminismo. El amor es para Irantzu Varela (Vizcaya, 1974) “el gran espacio de desigualdad para la mujer”

¿Por qué hay que deconstruir el amor romántico?

Porque aún hoy el amor romántico es un espacio de desigualdad para las mujeres. A la mitad de las mujeres asesinadas en el mundo las mata su pareja o expareja hombre. Lo que debería ser un espacio de cuidado y respeto se convierte en un espacio de control y violencia. Tenemos que aprender a querernos de forma igualitaria.

¿Es posible darle la vuelta?

Sí, está clarísimo que vamos avanzando. No creo que ahora haya más violencia, hay más conciencia, se denuncia más y se tolera mucho menos. Antes teníamos una cultura que legitimaba aún más la violencia contra las mujeres, eran los trapos sucios que se lavaban en casa. Ahora hay más conciencia en la sociedad, las mujeres ni aguantamos ni toleramos lo que no se debe y cada vez hay una comunidad mayor de mujeres que luchan por derechos de todas.

¿No se le ponen los pelos de punta al ver que los adolescentes reproducen los mismos roles?

Sí. Que la desigualdad y el machismo están relacionados con la edad y generaciones pasadas es un falso mito. El machismo es una forma de pensar que se adapta a los tiempos. Por eso tratamos el tema del amor, porque ahora es el gran espacio de desigualdad de las mujeres. Hemos conquistado cierta igualdad legal y formal, pero en la vida privada sigue habiendo mecanismos para mantenernos en segundo plano, sumisas. Me llama la atención que la gente muy joven piense que el control o los celos son amor. Pero también encuentro gente muy joven con pensamientos avanzados. Son muestra de que se están logrando muchas cosas.

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Se nos impone constantemente que el amor sea nuestro proyecto vital fundamental. Se nos ha enseñado a querernos en función de lo que nos quieran. Y para que nos quieran tenemos que ganárnoslo: cuidar gratis, ser monas y agradables, estar calladitas… Ser mujer es la búsqueda constante de la aprobación ajena. Y el amor es la gran búsqueda de aprobación.

Es usted optimista, veo.

Si no, no sería feminista. Tiene que haber una transformación social y la va a liderar el feminismo.

¿Por qué nos aferramos a esa idea del amor romántico?

Se nos impone constantemente que el amor sea nuestro proyecto vital fundamental. Hay que estudiar y trabajar, pero lo que de verdad se espera es que encontremos un marido, un hombre más alto, que gane más dinero que nosotras, con el que tengamos criaturas y nos hagamos fotos en Navidad. Eso está mucho más inoculado en nuestro interior de lo que pensamos. Se nos ha enseñado a querernos en función de lo que nos quieran. Y para que nos quieran tenemos que ganárnoslo: cuidar gratis, ser monas y agradables, estar calladitas… Dichas así, esas ideas suenan fatal, producen rechazo, pero las tenemos muy interiorizadas. Ser mujer es la búsqueda constante de la aprobación ajena. Y el amor es la gran búsqueda de aprobación. El gran trabajo es buscar el amor propio, que es la historia de amor más bonita y gratificante que puedes tener. Pero eso no se nos enseña a las mujeres.

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Se convence a los hombres de que vienen al mundo a satisfacer sus deseos y necesidades y a nosotras de que venimos a satisfacer los ajenos. Nosotras tenemos que gustar por nuestro aspecto, por cuánto nos adaptemos a lo que se espera de nosotras y por cuántas expectativas ajenas cumplamos.

La sociedad es más cruel con nosotras que con ellos. Con las exigencias del físico, por ejemplo.

Sí. Se convence a los hombres de que vienen al mundo a satisfacer sus deseos y necesidades y a nosotras de que venimos a satisfacer los ajenos. Nosotras tenemos que gustar por nuestro aspecto, por cuánto nos adaptemos a lo que se espera de nosotras y por cuántas expectativas ajenas cumplamos. De los hombres se espera que tengan sus propias expectativas y que las consigan. Por eso aún funciona una sociedad que mantiene a la mitad de la población en desigualdad: cobramos menos por el mismo trabajo, empleo más precarizado, no estamos en espacios de decisión, pasamos miedo cuando volvemos solas a casa… Y esto se vive con normalidad porque nos han hecho creer que la desigualdad es el estado natural.

Así que el poder de cambiar lo tenemos nosotras.

Sí. La buena noticia es que cada una de nosotras tiene la oportunidad de desobedecer el mandato de gustar a todos, de cubrir las expectativas de los demás, de preocuparnos por la aprobación ajena… Cuestionarnos qué queremos cuidarnos a nosotras las primeras. Ahí comienzan muchos cambios. Es fundamental la organización colectiva. Hay una movilización feminista sin precedentes en la calle. Las mujeres nos hemos dado cuenta de que no queremos seguir viviendo así. Cada una en su casa y en su vida tiene que hacer cambios, pero la lucha es colectiva.

Desobedecer… Las niñas debíamos ser obedientes, la rebeldía sólo se les permitía a ellos.

Sí, claro. Una mujer desobediente descoloca y genera un precedente peligroso. Imagina que nos ponemos todas a desobedecer, a despreocuparnos de nuestro aspecto y ocuparnos de nuestra vida interior, a preocuparnos menos de lo que esperan los demás y más lo que esperamos nosotras… El día que hagamos eso las cosas van a cambiar, el sistema lo sabe, por eso nos quiere obedientes y nos necesita sumisas.

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Imagina que nos ponemos todas a desobedecer, a despreocuparnos de nuestro aspecto y ocuparnos de nuestra vida interior, a preocuparnos menos de lo que esperan los demás y más de lo que esperamos nosotras… El día que hagamos eso las cosas van a cambiar, el sistema lo sabe, por eso nos quiere obedientes y nos necesita sumisas.

¿Por qué feminista se usa como insulto?

La palabra feminista no es un insulto, el insulto es decir “yo no soy feminista”. El feminismo es la idea radical de que las mujeres somos personas y lo único que buscamos es tener los mismos derechos y oportunidades que los hombres. Quien no es feminista está a favor de la desigualdad, del machismo y de la violencia contra las mujeres. La propaganda machista se ha preocupado de que suene a insulto, pero no lo es. Estás a favor de los derechos de las mujeres o en contra. No hay otra.

Muchas famosas, cuando se les pregunta si son feministas responden que ni feministas ni machistas. ¿Qué les diría?

Decir eso es un error, decir que el feminismo es como el machismo pero al revés es tan de cuñado, tan antiguo… No es que no hayan leído a Simone de Beauvoir, es que no se han molestado en hablar con una feminista dos minutos. El machismo, y lo dice hasta la RAE, es la idea de que los hombres son superiores y por tanto deben tener más derechos que las mujeres. Feminismo es la lucha por la igualdad de las mujeres. Ese paralelismo es absurdo y deja en evidencia a quien lo hace, es como cuestionar que la Tierra es redonda.

Pero lo hacen…

Si eres una mujer con proyección pública decir que eres feminista te significa mucho, te vuelves incómoda. Dejas claro que eres consciente de tus derechos y de que vas a pelear por conseguirlos. Los tuyos y los de todas.

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El gran trabajo es buscar el amor propio, que es la historia de amor más bonita y gratificante que puedes tener.

¿Para ser feminista también hay que salir del armario?

Sí, llevamos tiempo saliendo del armario. Hace unos años Beyoncé o Lady Gaga no querían ni hablar del tema y ahora lo ponen con luces de neón en sus conciertos. Han entendido que estaban haciendo el tonto, que hay millones de mujeres y de hombres, que entienden que la única manera de estar en el mundo es estando a favor de la igualdad. Feminista se puede acabar convirtiendo en un piropo en breve.

¿De verdad lo cree?

Para mí ya lo es y creo que sí, que esta batalla la estamos ganando.

No cobramos lo mismo, no estamos representadas como toca en política ni ocupamos altos cargos en empresas en la misma proporción que los hombres. ¿En esta situación no es peligroso hablar de que existe una igualdad formal?

Sí, hay mucha gente, sobre todo jóvenes, que han crecido en una sociedad sin diferenciaciones muy obvias, que creen que viven en lo que llamamos el espejismo de la igualdad. Podemos estudiar, conducir, tener pasaporte y cuenta corriente. Eso hace que mucha gente crea que la desigualdad es algo del pasado. Hasta que no tienen una experiencia de violencia contra las mujeres, entran en el mercado laboral, entablan una pareja heterosexual o se quedan embarazadas no ven que no es así. El feminismo es una cuestión de tiempo, las que no se hacen feministas por decisión propia al final la vida las hace feministas. Hay un momento en que te das cuenta de que ahí fuera no somos iguales, por mucho que lo diga la ley.

Dos mujeres asesinadas por semana. ¿Cómo se puede parar esto?

¿Sabes cómo sería muy diferente? Si en vez de dos mujeres fueran dos hombres. Se solucionará el día que admitamos que las muertes son sólo la punta del iceberg.

Fuente: Marta Torres Molina, “El amor es un espacio de desigualdad” en La Provincia del 04 de abril de 2017

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