Querido móvil

QUERIDO MÓVIL, recuerdo el día en que te conocí. El tacto frío de tu pantalla líquida. Tus curvas de ensueño. lo poco que ocupabas y lo discreto que eras. Todo lo que prometías. Cómo fui configurándote por dentro según mis necesidades. La cantidad de cosas -ya casi me he olvidado- que me ibas a dar: más facilidades, más rapidez, más contacto con los amigos, más información, más tiempo… Te mando esta carta porque llevamos 15 años juntos y, en fin, tenemos que hablar de lo nuestro.

Querido móvil, lo cierto es que ibas a liberarme y cada vez te veo más cadenas. Me quitas más tiempo, me pones deberes absurdos, ejercito menos la memoria, te me metes en el desayuno y en la cama. La gran paradoja de todo es que antes de tenerte como teléfono telefoneaba más, verás: yo creo que la mayoría ya no te utiliza para llamar a nadie, sino para escucharse a sí misma.

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La gran paradoja de todo es que antes de tenerte como teléfono telefoneaba más, verás: yo creo que la mayoría ya no te utiliza para llamar a nadie, sino para escucharse a sí misma.

Querido móvil, yo sé que has salvado vidas y promovido revoluciones, que ejerces de enciclopedia y de Orfidal, pero añoro cuando no estabas y éramos menos yonquis. Antes leía más en el metro, hablaba más en casa, estaba menos pendiente de mi ombligo, tardaba menos en concentrarme, me cundían más los días y también pisaba menos mierdas de perro.

Querido móvil, te has caído al agua varias veces, te he dejado olvidado en bares y en casas de amigos, tienes la pantalla llena de cicatrices, me has servido de excusa y de coartada, de “espejito, espejito” y de linterna. Pero esto toca a su fin y ya he empezado a hacerlo: hay días en que me voy al periódico y te abandono en la mesilla del salón a propósito. Como cuando lo hacía con el paquete de Ducados y me funcionó para dejar de fumar.

Querido móvil, creo que esta semana voy a comenzar con las amputaciones: quitarte el WhatsApp. Desinstalar tres o cuatro aplicaciones. Cercenar la Liga Fantasy. Vaciarte lo mismo que antes te llené. Olvidarme de mirar la batería que me queda. Y llamar a mi madre cada día en vez de mandarle un mensaje.

No es sólo culpa tuya. Es sobre todo mía. Ojalá que alguna vez podamos tener una relación sana. Ojalá que no le hagas daño a mis hijos. Han sido 15 años y no estuvo mal, pero algo te digo que he aprendido de lo nuestro: lo nuevo no siempre es moderno.

Ve con Dios y no me escribas. Creo que no me voy a perder nada, sino al revés. Esto no es un paso atrás, querido móvil. Esto es un paso adelante.

Fuente: Pedro Simón, El mundo, 12 de noviembre del 2018

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