“El intenso calor de la luna” de Gioconda Belli. LA IDENTIDAD FEMENINA EN LA MENOPAUSIA.

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Cuanta energía dedicamos a lamentarnos de lo que dejamos de ser

El intenso calor de la luna es una novela tan elocuente que merece la pena escuchar las voces de los personajes. Y es tan vivencial que, en ocasiones, se quiebra el hilo argumental. “Emma no logra hilvanar una narrativa coherente de lo que ha sucedido” (p. 298). Así pues, me limitaré a servir de hilo conductor para evitar que estas páginas se conviertan en un guirigay.

REESCRIBIENDO A FLAUBERT

De un momento a otro puede cambiarle a uno la vida. Todo lo que nos parece seguro y sólido puede desaparecer en un instante. Tomemos el caso de Emma (p.9)

Con este arranque tan novelesco, sabemos que la protagonista va a entrar en conflicto consigo misma y con Emma Bovary. Desde el primer momento sospechamos que irá más allá y trascenderá el modelo femenino de Flaubert. Nuestra Emma, a sus cuarenta y ocho años, se enfrenta a la menopausia y sufre una transformación interior. Se cuestiona su posición en la vida y lo que se espera de ella como mujer. Su lucha no la lleva al suicidio, como a su homónima, porque ya ha pasado el tiempo de inmolación para las mujeres y hemos roto muchos tabúes: “Este es un tránsito hacia vos misma, hacia esa persona que existe fuera de esos esquemas heredados de lo que es la feminidad” (p.96).

No en vano, esta novela es una reescritura de los patrones heredados. Gioconda Belli se arriesga a reescribir al mismo Flaubert: “Si Madame Bovary, su tocaya, pensaba que la luna existía para brillar por su ventana, ella piensa que el sol está en el cielo para alumbrarla a ella” (p.100).

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“Este es un tránsito hacia vos misma, hacia esa persona que existe fuera de esos esquemas heredados de lo que es la feminidad” (p.96).

Emma, después de su proceso catártico, siente conmiseración por las otras mujeres, por las otras emmas que “terminaron aplastadas por la obligación de matrimonios áridos” (p.299).

EL CONTENIDO NARRATIVO

El tema principal es el impacto que produce la menopausia en Emma, una mujer burguesa, tan insatisfecha como la de Flaubert. Y que vive la retirada de la menstruación como una amenaza contra su feminidad. Mientras va conduciendo por Managua, absorta por el retraso de la regla, atropella al joven Ernesto. Este accidente es el detonante de la acción de la novela y despierta nuevos sentimientos en la protagonista, Emma, que no supo rebelarse a tiempo contra los estereotipos que la atenazaban, y que lo hace ahora contra el papel de mujer madura.

La trama novelesca se convierte en una excusa para permitir que Emma supere los mitos que se han atribuido a las mujeres jóvenes, bellas y fértiles: “Los rostros jóvenes son como cuadernos bellamente empastados con las páginas en blanco. Solo el tiempo pone palabras en los rostros, historias, carácter” (p.77).

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Emma, que no supo rebelarse a tiempo contra los estereotipos que la atenazaban, y que lo hace ahora contra el papel de mujer madura.

Sabe que su hija Elena y sus amigas siguen atrapadas en prejuicios atávicos: “Las mujeres jóvenes hacían alarde de no necesitar a los hombres. Pero luego, a los treinta y cinco, cuando el reloj biológico sonaba su alarma, se desesperaban por encontrar padre para los hijos” (p.76). Ella misma se ha sentido asfixiada por las viejas creencias que condenaban a las mujeres menopáusicas: “Si hasta existe un código sobre cómo debe vestir la mujer madura, un claro empeño en invisibilizar la sexualidad femenina cuando ya no cumple la función reproductora” (p.89).

Toda la trama está construida para rendir un homenaje a esta heroína. Los episodios narrativos nos muestran cómo va descubriendo un nuevo erotismo y la posibilidad de llegar a ser ella misma, sin justificarse a través de su marido ni de sus hijos: “Que no le tema a la menopausia, que es la época donde una se pertenece a sí misma y puede alcanzar la plenitud” (p. 109).

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“Que no le tema a la menopausia, que es la época donde una se pertenece a sí misma y puede alcanzar la plenitud” (p. 109).

EL FEMINISMO

Impregna todas las capas de la novela. Diana le confiesa a su amiga Emma: “Una se da cuenta de las falsedades de la historia que nos han contado sobre nosotras mismas. No me quiero sentir víctima, pero a veces no puedo evitarlo ¡Dios mío! Desde Eva nos han mentido” (p. 163).

Emma conquista su nueva conciencia con ayuda de las grandes madres del feminismo: “Que el cuerpo femenino es complicado lo comprendo más que en los libros de texto, leyendo El segundo sexo de Simone de Beauvoir (p. 69). Sonrío recordando una novela de Erica Jong, Paracaídas y besos, en la que la escritora narraba sin tapujos una escena sexual, donde un hombre hacía el amor a una mujer en medio de su ciclo menstrual” (p. 147).

La ginecóloga Jeanine Piñeiro, una especie de alter ego de la autora, deja que se asome su feminismo en las digresiones que va intercalando: “Algunas mujeres pioneras del feminismo, como Betty Friedan, han intentado cambiar la tónica: “La fuente de la edad se llama el libro que esta escribió, donde celebra la edad de la sabiduría y la madurez” (p. 92).

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“Si hasta existe un código sobre cómo debe vestir la mujer madura, un claro empeño en invisibilizar la sexualidad femenina cuando ya no cumple la función reproductora” (p. 89).

En una entrevista que Gioconda Belli concedió a la revista Cultura, sobre El intenso calor de la luna, insistía en la conciencia feminista de su literatura. “Creo que es una novela política, en el sentido de que lo personal es político”. Y descifró algunas claves de su feminismo. A propósito de la relación de Emma con el joven Ernesto decía:

Tiene que ver con la reproducción. El hombre se puede reproducir hasta una edad avanzada, pero la mujer no, tiene un límite. Eso tiene que ver con algo casi atávico, pero es un gran error. Pero es cierto que es totalmente injusta la mirada de la sociedad sobre la mujer que está con un hombre más joven. A las mujeres nos dan un tiempo útil muy corto, entre los veinte y los treinta. Ese es el auge, el tiempo en que la mujer puede ser “miss tal cosa”, la mujer trofeo. Después de eso, una va perdiendo valor, se va depreciando a medida que pasa el tiempo.

Es el tema central que condiciona la trama. Emma atropella a Ernesto porque anda trastornada con un retraso menstrual, y descubre las relaciones de su marido con Margarita por un sofoco inesperado (p. 238).

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Al final, la temida menopausia se convierte en una nueva oportunidad para que Emma se encuentre consigo misma y entienda que el fin de la fertilidad no significa dejar de ser mujer.

LA MENOPAUSIA

Gioconda Belli se atreve con un tema tabú y reivindica una liberación. Intenta romper con un tópico que arrebata la sexualidad de las mujeres:

Este personaje no existía todavía en la literatura. La menopausia es un período en la vida de una mujer que está muy oculto. Se ha hablado más de la menstruación en la literatura, pero de la menopausia solo se habla en revistas científicas. Yo quería tocar el tema de una manera diferente a partir de una mujer que tiene una relación muy especial con su belleza y le dedica tiempo. Como les pasa a muchas mujeres, se ha quedado en mantener la juventud y la belleza a falta de otra cosa que hacer. Ella ya terminó su período maternal, sus hijos se han ido a vivir solos, entonces tiene lo que llaman “el síndrome del nido vacío”.

Al final, la temida menopausia se convierte en una nueva oportunidad para que Emma se encuentre consigo misma y entienda que el fin de la fertilidad no significa dejar de ser mujer.

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Emma piensa en el cuerpo de una mujer desprendiéndose de la luna, desprendiéndose del influjo con que esta ha marcado su vida de hembra de la especie; la sangre menstrual y el calendario de los partos. Ahora solo brillará para ella, como para Emma Bovary (p. 317).

AMOR NO ROMÁNTICO

A Emma la redime el amor que nace de la sensación de que otro ser humano la ama de igual a igual, sin paternalismo ni arrogancia (p. 291). Tiene que romper con el estereotipo romántico de la autonegación y el sacrificio. “Nos han condicionado para que el amor se comporte como debilidad, no como fuerza” (p.97).

EL FINAL

El párrafo final de la novela anuncia el paroxismo del poema con que se cierra el texto.

Emma piensa en el cuerpo de una mujer desprendiéndose de la luna, desprendiéndose del influjo con que esta ha marcado su vida de hembra de la especie; las sangre menstrual y el calendario de los partos. Ahora solo brillará para ella, como para Emma Bovary (p. 317).

Una vez acabada la novela, cuando los actores han salido del escenario, entra un poema, como los ditirambos de los coros de las tragedias griegas, para celebrar el exorcismo con la hoguera de compresas que Emma y Nora, su criada, encienden en el jardín.

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A Emma la redime el amor que nace de la sensación de que otro ser humano la ama de igual a igual, sin paternalismo ni arrogancia (p. 291). Tiene que romper con el estereotipo romántico de la autonegación y el sacrificio. “Nos han condicionado para que el amor se comporte como debilidad, no como fuerza” (p. 97).

En el fondo, la rebelión de Emma era un tema de tragedia porque perturbaba el orden familiar. Los autores clásicos, representantes de la garantía del mundo patriarcal, hubieran condenado a esta heroína a expiar el pecado que no había cometido. Gioconda Belli, una mujer moderna, nos trae un nuevo mensaje a las mujeres.

 

Fuente: ROMEO PEMÁN, Carmen (2016). “La identidad femenina en la menopausia. El intenso calor de la luna, de Gioconda Belli”. Filanderas. Revista interdisciplinar de Estudios Feministas (1), 89-92

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Orna Donath: “El instinto maternal no existe”

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La tesis de fondo que desarrolla Donath es que a las mujeres se les marca el camino; que, a pesar de que se supone que decidimos ser madres libremente, la presión social para tener hijos es enorme, y que el resultado es que algunas acaban arrepintiéndose.

Con ella llegó el escándalo. Esta socióloga israelí se aventuró un buen día a preguntar a varias madres si habían lamentado tener hijos. Las reveladoras respuestas forman parte de “Madres arrepentidas”, un polémico libro que ha levantado un nuevo debate en torno a la maternidad y los derechos de las mujeres.

La socióloga israelí Orna Donath sabía que tocaba nervio cuando se aventuró a preguntar a un grupo de madres si se arrepentían de haber tenido hijos. Pero nunca imaginó que iba a provocar un revuelo global que se resiste a remitir. Su libro Madres arrepentidas (Random House Mondadori) se acaba de publicar en España y en él recoge el testimonio de 23 mujeres que sí, adoran a sus hijos, pero que, si tuvieran que decidirlo ahora, sabiendo lo que significa e implica, optarían por no tenerlos. La tesis de fondo que desarrolla Donath es que a las mujeres se les marca el camino; que, a pesar de que se supone que decidimos ser madres libremente, la presión por tener hijos es enorme, y que el resultado es que algunas acaban arrepintiéndose.

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Hay una percepción de que este debate es peligroso para el Estado y para el orden social, que establece que la esencia de las mujeres en la vida es ser madre.

Donath es una mujer joven (1976), menuda y amable, que investiga sobre la maternidad y el papel de las mujeres en la sociedad en la Universidad Ben-Gurion del Néguev, en Beerseba, desde hace años. Vive a las afueras de Tel Aviv y es una feminista que ha trabajado con mujeres víctimas de abusos. Por su manera de estar en la vida, recuerda a los miles de israelíes y cosmopolitas que poco tienen que ver con las minorías ultrarreligiosas y nacionalistas que perfilan el futuro de un país en eterno conflicto con los palestinos. Su lucha es otra. En 2008, cansada de que durante el curso de sus trabajos no pararan de advertirle que un día se arrepentiría de no querer tener hijos. Donath se lanzó a la investigación que la ha convertido en el rostro global de las madres arrepentidas. Su atrevimiento con un tema altamente espinoso le ha proporcionado fama y reconocimiento internacional, pero también acusaciones e insultos despiadados. Donath parece haber despertado alguna bestia.

A usted le han llamado de todo. Me han llamado niña mimada, narcisista y egoísta por no querer tener hijos. Hay gente que ha escrito comentarios en la Red que decían que sin hijos sería una mujer vacía, que sería una vieja solitaria rodeada de gatos.

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Si sufres y no sabes identificar qué te ocurre, puedes acabar culpando a los hijos en lugar de a la circunstancia de ser madre. La gente suele decir: entierra tus sentimientos y sigue adelante, pero yo creo que reconocer las emociones puede ser un alivio.

Su libro se centra en el arrepentimiento maternal. ¿Sirve para algo lamentarse? Sí. Desde un punto de vista personal es importante. Reconocer lo que te pasa alivia. Si sufres y no sabes identificar qué te ocurre, puedes acabar culpando a los hijos en lugar de a la circunstancia de ser madre. La gente suele decir: entierra tus sentimientos y sigue adelante, pero yo creo que reconocer las emociones puede ser un alivio. Desde un punto de vista social, que las mujeres reconozcan que se arrepienten puede ser una señal de alarma para que se deje de empujarlas a ser madres, para dejar de vender la idea de que la maternidad le va a valer la pena a todas y cada una de ellas. Puede que las mujeres seamos biológicamente iguales, pero somos distintas. Unas quieren ser madres y otras no.

Usted ha entrevistado a 23 mujeres para su libro, una mínima muestra de la que no conviene extrapolar. ¿Cómo de extendido calcula que está el arrepentimiento maternal? Nunca lo sabremos. Desde luego, no afecta a la mayoría de las mujeres, pero es más común de lo que pensamos. En Alemania han hecho una encuesta recientemente en la que el 8% de las participantes decían que se arrepentían. Pero aunque fueran solo las 23 mujeres a las que entrevisté, habría merecido la pena el debate social.

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(…) para que se deje de empujarlas a ser madres, para dejar de vender la idea de que la maternidad le va a valer la pena a todas y cada una de ellas. Puede que las mujeres seamos biológicamente iguales, pero somos distintas. Unas quieren ser madres y otras no.

¿Por qué cree que su trabajo ha generado tanto ruido? Porque hay una percepción de que este debate es peligroso para el Estado y para el orden social, que establece que la esencia de las mujeres en la vida es ser madre. Y yo planteo que es posible no ser madre y también serlo y después arrepentirse. El problema es que no hay un guion alternativo. La gente no puede imaginar otras opciones porque la imaginación está tomada por un discurso único que dice que para ser feliz hay que tener hijos. Yo no digo que la vida sin hijos vaya a ser perfecta. Puede ser una vida difícil, pero suficientemente buena.

El revuelo en Alemania ha sido descomunal. Sí, fue una gran sorpresa. Mi plan era publicar el libro primero en Israel, pero a raíz de una entrevista en Alemania hace año y medio estalló un debate muy fuerte. Es curioso porque tenemos la imagen de Alemania como un país en el que las mujeres no tienen por qué ser madres si no quieren, pero la realidad social es mucho más compleja. Allí se me acercaron jóvenes y me explicaron que se sentían presionadas para ser madres. Puede que en Alemania sea frecuente no tener hijos, pero hay una jerarquía social entre ser madre y no serlo. La presión no es tan evidente como en Israel, pero, si rascas, existe.

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La gente no puede imaginar otras opciones porque la imaginación está tomada por un discurso único que dice que para ser feliz hay que tener hijos. Yo no digo que la vida sin hijos vaya a ser perfecta. Puede ser una vida difícil, pero suficientemente buena.

Es muy difícil decidir sobre si ser madre o no cuando no puedes saber de antemano cómo te vas a sentir una vez que nazca tu hijo. Es cierto. Es una apuesta que se puede ganar o perder. El problema es que la sociedad promete a todas las mujeres que ganarán siendo madres, las empuja asegurándoles la victoria.

Puede que una determinada etapa de la maternidad resulte cuesta arriba, pero que los sentimientos cambien a medida que los niños crecen. En mi estudio participaron abuelas que aún se arrepienten. Puede que la relación cambie, pero en el fondo saben que no quieren tenerla. Ser madre es una manera de estar en el mundo; aunque los hijos se independicen, siempre los tienes en la cabeza.

¿Existe el instinto maternal? No necesariamente. Sí, tratamos de proteger la vida del bebé, le alimentamos, es una criatura indefensa, pero eso no tiene por qué sr equivalente al instinto maternal. Y en todo caso, si existiera, no es dominio exclusivo de las mujeres. Las parejas gais que adoptan hijos son una prueba evidente.

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Parece que el parto, la lactancia y la crianza han de ser experiencias maravillosas. La maternidad es una relación humana como otras, no el reino mítico que venden.

¿Por qué cree que se embellece la maternidad? Parece que el parto, la lactancia y la crianza han de ser experiencias maravillosas. La maternidad es una relación humana como otras, no el reino mítico que venden. Cuando la experiencia maternal no es lo maravillosa que se supone que debería ser, muchas mujeres se sienten monstruos. Rebajar las expectativas haría que se considerasen menos culpables. Es como el amor, no siempre es de color de rosa.

A menudo es difícil disfrutar cuando el reparto de tareas en casa es desigual y los horarios laborales interminables. ¿Hasta qué punto pueden las condiciones contribuir al arrepentimiento? Las condiciones son importantes, pero no lo explican todo. Hay muchas madres que tienen de todo: tiempo, dinero…, y aun así se arrepienten de serlo. Yo misma, aunque tuviera las condiciones ideales, aunque fuera millonaria, no querría tener hijos y punto.

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Se les pide que sea la madre perfecta o que sean como un hombre, una gran profesional, pero hay muchas identidades de mujeres, que no quieren ser madres ni tener éxito laboral (…) No quiero que lo que importe sea lo que hago, sino lo que soy.

Sí, pero cuando las condiciones son hostiles, muchas tiran la toalla, renuncian a sus carreras profesionales para dedicarse a la maternidad. Con el tiempo, esa decisión les genera una enorme frustración. Pero es que para mí no es una cuestión de madres versus carrera profesional. No todas las mujeres anhelan tener una carrera profesional. Se les pide que sean la madre perfecta o que sean como un hombre, una gran profesional, pero hay muchas identidades de mujeres, que no quieren ser madres ni tener éxito laboral. Deseo vivir en una sociedad en la que pueda no ser madre y marcharme a mi casa después del trabajo a tirar aviones de papel. No tengo por qué ser doctora ni escritora. No quiero que lo que importe sea lo que hago, sino lo que soy.

¿Están las mujeres mejor preparadas para cuidar? No. No tiene nada que ver con la naturaleza, es una cuestión política. Hay mujeres incapaces de cuidar a alguien y al revés, pero nos han vendido que es una cuestión de sexo. Los hombres pueden cuidar muy bien, pero para la sociedad este sistema es muy útil. Nosotras lo hacemos todo sin cobrar, mientras que ellos ganan dinero, viajan y entran y salen del cuidado de los hijos a su antojo.

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Los hombres pueden cuidar muy bien, pero para la sociedad este sistema es muy útil. Nosotras lo hacemos todo sin cobrar, mientras que ellos ganan dinero, viajan y entran y salen del cuidado de los hijos a su antojo.

No se trata, insiste Donath, a la defensiva, de posiciones hostiles o viscerales, que algunos pretenden endosarle: “Mire, a menudo me malinterpretan. Hacen ver que mis estudios son propaganda en contra de la maternidad o de los niños, y eso es falso. Hay mujeres que quieren ser madres y que lo disfrutan, pero me gustaría que tuvieran más libertad para decidir”.

Fuente: Ana Carbajosa, Orna Donath: “El instinto maternal no existe”, en El País Semanal del  26 de octubre de 2016

Jhumpa Lahiri, “Me moría por integrarme porque odiaba sentirme diferente”

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Y la transformación constante, asegura, se ha convertido en su verdadero refugio: “No hay otra manera de entender la vida”.

Tras cosechar un éxito fulgurante -ganó el Pulitzer con su primera colección de relatos-, esta escritora estadounidense de origen bengalí se sentía como una cantante a la que todos los conciertos le piden la misma canción. Decidió cambiar de música. Abandonó Nueva York, se mudó a Roma con su familia. Hoy solo escribe en italiano. Y la transformación constante, asegura, se ha convertido en su verdadero refugio: “No hay otra manera de entender la vida”.

Hace un lustro la exitosa escritora Jhumpa Lahiri (Londres, 1967) decidió convertir un año sabático en Roma en una transformación vital. Se quedó tres años con su marido y sus dos hijos y pasó a escribir en italiano. Hoy no quiere volver a hablar de los bengalíes que protagonizan El intérprete del dolor, En tierra desacostumbrada o La hondonada, publicados en España por Salamandra. La suya es la historia de una renuncia al éxito, al dinero y a la lengua para mantener las riendas de su vida.

La grandiosidad de la vista desde su ático en lo alto del Gianicolo contrasta con la sencillez con la que está amueblado el piso, como si lo importante quedara a los pies de su casa. Habla un italiano perfecto. “Ciao, amore”, saluda a su marido, el periodista neoyorquino de origen guatemalteco Alberto Vourvoulias. Y ofrece cerezas y agua con gas. Dulce, menuda, firme y con una fortaleza de junco, relata la historia del éxito que amenazó con devorarla. Y explica cómo le plantó cara.

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Dulce, menuda, firme y con una fortaleza de junco, relata la historia del éxito que amenazó con devorarla. Y explica cómo le plantó cara.

La entrevista transcurre en la terraza, como si no pudiera separarse de las vistas al Aventino romano. Cuenta que Jhumpa, su seudónimo, no remite a nada, “no es como el nombre de mi padre, Amar, que significa inmortal”. Se lo puso su madre, igual que los de nacimiento, Nilanjana Sudeshna. “Los eligió confundida en el hospital de Londres. Tuvo que decidir en un momento lo que en India uno reflexiona durante un tiempo, hasta que el carácter del bebé termina por decidirlo”.

Empezó sin prisas pero imparable. Con 34 años logró el Pulitzer con su primer libro de cuentos, El intérprete del dolor. Luego siguieron ventas astronómicas y una película a partir de su primera novela… ¿Necesito huir de tanto éxito? Tengo una relación difícil con esa identidad, la del éxito.

No es la primera vez que está incómoda en su piel. Mi primera incomodidad nació de mi relación con Estados Unidos. Pero el problema siempre ha sido el mismo: que mi identidad esté en manos de otras personas. He necesitado levantar barreras para construirme a mí misma.

Pero el problema siempre ha sido el mismo: que mi identidad esté en manos de otras personas. He necesitado levantar barreras para construirme a mí misma.

Hace una década decidió estudiar italiano obsesivamente. Hoy ha abandonado el inglés y ha publicado dos pequeños ensayos en italiano. ¿Otra lengua consolidará su identidad? El italiano ha sido una pasión, una fuga y también una cura. Es lo que me ha permitido poco a poco llegar a ser otra.

¿Por qué necesitaba ser otra? ¿Por qué arriesgarse a expresarse en un idioma que no controla cuando se gana la vida escribiendo? Uno debe correr riesgos. Incluso en inglés crear era para mí un juego peligroso. Era ir contra las experiencias de mi familia.

Creí que su padre era bibliotecario. Pero eso tiene poco que ver con ser artista. Asumieron, y yo casi también, que tras el doctorado me convertiría en catedrática. Querían para mí la seguridad de la vida americana que ellos habían logrado. Irónicamente, ahora doy clase en Princeton, pero he llegado por otro camino: porque soy escritora, no por mis estudios. Y eso es lo que quiero ser.

Una autora en perpetua transformación. Aunque Beckett, Nabokov o Agota Kristof cambiaran de idioma, sorprende que escriba ahora en italiano. Para mí es una esquina más. Ya me pasó cuando decidí que quería escribir. Tenía mucho miedo, pero por costoso que sea, y lo es, se decide una vez si uno quiere ser libre o no. El resto son matices.

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Uno debe correr riesgos (…) Tenía mucho miedo, pero por costoso que sea, y lo es, se decide una vez si uno quiere ser libre o no. El resto son matices.

¿De dónde sacó el valor para intentar ser quien quería ser? Me volví loca de amor por la persona con la que supe que tenía que estar. Eso da fuerza. Mi vida parecía hecha, iba directa hacia una carrera académica. Pero tenía un secreto, escribía. Sentirme amada abrió ese secreto cerrado con llave.

Su marido le apoyó. Mi suegra era escultora. Alberto venía de un mundo en el que uno podía plantearse la vida ampliamente. En el momento oportuno, al borde de los 30, por fin encontré un buen hombre.

¿Conoció a muchos malos? Los suficientes para valorar al bueno.

Su primera decisión libre fue convertirse en escritora, la segunda hacer del italiano su lengua, ¿cada cuánto va a necesitar cambiar para sentirse dueña de su vida? ¿Quién sabe? Pero creo que este último cambio bastará. Variar de lengua con 45 años es bastante serio.

Particularmente si involucra a su familia. ¿Es posible reinventarse como persona sin sacrificarlo todo? Cualquier cambio requiere no solo sacrificio, también traición. [Cita en italiano: Ogni cambiamento richiere un tradimento]. Creo que es cierto incluso biológicamente. Para que mi hija sea quien es ha tenido que perderse la que fue hace tres años. Uno gana y pierde. Coge y suelta. Así nos alimentamos: tomamos y dejamos, de lo contrario no funcionaría. Creo que la identidad es eso.

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Cualquier cambio requiere no solo sacrificio, también traición. Creo que es cierto incluso biológicamente. Para que mi hija sea quien es ha tenido que perderse la que fue hace tres años. Uno gana y pierde. Coge y suelta. Así nos alimentamos: tomamos y dejamos, de lo contrario no funcionaría. Creo que la identidad es eso.

¿Cree que sus editores hubieran publicado In altre parole, su memoria en italiano, si no hubiera sido una escritora famosa? No lo sé. Nunca lo había pensado.

Paradójicamente, ha sido el éxito del que quería escapar lo que la ha permitido escapar. No era el olvido ni ignorancia, era distancia lo que necesitaba. Aprender italiano era completamente necesario para mi viaje personal. Si el objetivo es ser feliz y sentir armonía con el mundo, eso solo lo logré después de esta segunda decisión.

¿Cómo afectó esa decisión a su familia? Mi marido escribe y traduce, un trabajo privilegiado, pero pésimamente pagado. Ahora vivo de dar clases porque ya no cobro casi de lo que escribo. De los textos en italiano obtengo poco dinero.

¿No va a volver a escribir en inglés? De momento, no. Ha sido un sacrificio económico importante. Aunque encuentro liberador ganarme la vida con un trabajo que requiere energía pero le permite a uno irse a casa. Prefiero eso a la presión exagerada de tener que hacer un libro que se venda bien. No quiero escribir para complacer a nadie. Para eso preferiría convertirme en jardinera.

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Si uno está dispuesto a arriesgar no hay vuelta atrás. Lo menos que podemos hacer en la vida es tratar de ser felices. No es ser egoísta, sino entender lo necesario. Lo que quiero transmitir a mis hijos es que se beban la vida hasta el final del vaso.

Cuando decidió mudarse a Italia, ¿se enfrentó más a sus padres o a sus editores? Pensábamos que tendríamos una pequeña aventura, nadie anticipó que transformaría nuestra vida. Pero un año no fue suficiente. Mi hija Noor era muy niña. Pero mi hijo Octavio se enfadó. No entendía lo que estábamos haciendo. Traté de explicárselo y siguió enfadado, pero escuchó. Si uno está dispuesto a arriesgar no hay vuelta atrás. Lo menos que podemos hacer en la vida es tratar de ser felices. No es ser egoísta, sino entender lo necesario. Lo que quiero transmitir a mis hijos es que se beban la vida hasta el final del vaso.

¿Qué crea las raíces? ¿Los lugares, la educación, la familia? El amor hacia otras personas, hacia la literatura -en mi caso- o hacia el barrio. Yo amo este lugar. Me gusta todo sobre mi vida cotidiana. Cuando me fui de Nueva York no eché  de menos la ciudad. Alberto y mis hijos, sí, pero yo no. Estudié, trabajé y tuve hijos allí. Tengo recuerdos muy bonitos, pero no tenía raíces. En Roma me siento segura. Y valiente. Eso es lo que debe ser una casa: un lugar donde uno se siente protegido y alentado.

Sus relatos cuentan lo que se gana y se pierde con las elecciones vitales. Creo que siempre escribo sobre huidas. La desubicación y la metamorfosis están en mi trabajo desde el principio.

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Eso es lo que debe ser una casa: un lugar donde uno se siente protegido y alentado.

En italiano parece otra escritora. No me gusta sentirme responsable como creadora. Creo que es un error. Si fuera piloto de avión afrontaría mi trabajo con gran sentido de la responsabilidad. Pero cuando escribo solo quiero ser responsable ante mí misma. Y creo que hemos perdido esa noción del creador. Hoy los artistas dan explicaciones. Tienen que aclarar lo que significan las cosas… Ahora que trabajo en italiano muchos indoamericanos me han dicho: “¿Ya no vas a escribir de nosotros?”. ¡Mi intención nunca fue escribir sobre ustedes!

No quiere ser la voz de los bengalíes emigrantes. No puedo serlo. Yo me enamoré de la literatura sin encontrar jamás un personaje que ni remotamente se pareciera a mí o a mis experiencias. Crecí leyendo a Shakespeare, Thomas Hardy o Tolstoi no porque me hablaran sus personajes, sino porque son obras de arte. Y las obras de arte tienen el poder de ir más allá de los mundos estrechos. ¿Si mis padres son inmigrantes solo debo leer historias de gente cuyos padres son inmigrantes? ¡Per carità! Si es literatura, debe ser capaz de hablar a todos.

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Y las obras de arte tienen el poder de ir más allá de los mundos estrechos (…) El arte y la literatura sirven para ampliar, no para limitar nuestros pequeños mundos.

Vivimos en un mundo de consumo a la carta. Todo el mundo online se basa en eso. Amazon envía continuamente mensajes: “Si compraste esas sillas te gustarán estas”. De modo que nunca te gustarán sillas completamente diferentes porque ni sabrás que existen. La vida está empobreciéndose por las simplificadoras herramientas del marketing. El arte y la literatura sirven para ampliar, no para limitar nuestros pequeños mundos.

¿Cuándo era joven sentía deseo de pertenecer a una cultura? Sentía desesperación. pero me liberé de eso. Era doloroso, un sentimiento de inferioridad y fracaso.

¿Por qué se sentía inferior? Porque no soy estadounidense. América para mi madre era el enemigo. Y yo me moría por integrarme porque odiaba sentirme diferente. Detestaba todo sobre mí misma: mi nombre, mi aspecto… Y ese es un sentimiento devastador.

¿Salió de todo eso sin ayuda? No. Tuve mucha ayuda. Me he psicoanalizado durante años.

¿A su hermana le pasó lo mismo? No puedo hablar por ella, pero creo que no vivió tan atormentada. Es siete años más joven, nació en América y para entonces mis padres llevaban una década fuera de India. Cuando yo nací mi madre se pasó años negando nuestras vidas. No quería que nada de lo que nos rodeaba nos tocara. Y eso es imposible. No confiaba en el lugar donde había ido a vivir. Todo para ella era una amenaza. Tuve que lidiar con eso. Cuando mi hermana nació, el hielo ya estaba roto.

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Sentía desesperación. Pero me liberé de eso. Era doloroso, un sentimiento de inferioridad y fracaso (…) Y yo me moría por integrarme porque odiaba sentirme diferente. Detestaba todo sobre mí misma: mi nombre, mi aspecto… y ese es un sentimiento devastador.

Pasaban los veranos en Calcuta. Creo que es imposible ir y no reaccionar ante lo que ves. Me interesaba mucho habiendo crecido en un lugar tan estéril como Nueva Inglaterra. Me estimulaba. Es un lugar visceral, como Roma elevado a la enésima potencia, un sitio que te hace pensar. Pero lo que no me gustaba era sentirme diferente también allí. Allí éramos los americanos: que si éramos ricos, que si teníamos máquinas que nos limpiaban la casa. Creo que pensaban que vivíamos en la Casa Blanca. Yo sentía la presión por tener allí una experiencia que no era mía: la de volver a casa. Aquello no era mi casa. Con todo, había algunas cosas por las que podía dejar de preocuparme. Por ejemplo, mi nombre. Parece poco, pero es mucho. Allí mis padres eran gente en un contexto. En América eran criaturas aisladas.

Pero todavía viven en Estados Unidos. Mi padre decidió que se quedaban. Su cultura es así, son los hombres los que deciden.

Sin embargo, como sucede con algunos de sus personajes, era su madre quien le buscaba a usted un marido. Sí.

¿De Calcuta? Eso era lo ideal, pero podía ser también un inmigrante indio, alguien como yo.

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Mi insistencia en refugiarme en el cambio es una reacción a mi madre, que, básicamente, se negó a cambiar y rechazó la realidad porque la realidad es cambio. Todo se transforma. No hay otra manera de entender la vida. Mi madre estaba en contra de la vida. Y eso es una batalla perdida: garantiza tu propia infelicidad y la de quienes te rodean.

¿Qué dijo cuando apareció con su marido? No sabían qué hacer. Pero lo quieren mucho. Uno tiene que evolucionar. Mi insistencia en refugiarme en el cambio es una reacción a mi madre, que, básicamente, se negó a cambiar y rechazó la realidad porque la realidad es cambio. Todo se transforma. No hay otra manera de entender la vida. Mi madre estaba en contra de la vida. Y eso es una batalla perdida: garantiza tu propia infelicidad y la de quienes te rodean. Quiero a mi madre y me angustia que naciera en un tiempo y una cultura que esperaba de ella que se adaptara a los deseos de los demás. Ella tuvo una boda arreglada. Se casó con mi padre, que vivía en Londres. Como mi padre quería ir a América, ella fue; como quiso quedarse, ella se quedó. ¿Dónde queda una persona en una vida así? Creo que le aterrorizaba dejar de ser lo que era. Con sus fijaciones sobre cómo teníamos que vivir, vestir o comer nos enviaba el mensaje de que no podíamos dejar que el enemigo se colara en nuestra casa. He conseguido que mi vida no sea así y estoy agradecida.

¿Cómo es su madre hoy? Igual y distinta. Tiene 77 años y puede conducir un coche o irse a comer un trozo de pizza. Eso hubiera sido impensable en India. Sin embargo, tiene vivo el recuerdo de la chica que fue, de cómo durmió entre sus padres hasta que se casó.

¿De dónde se sienten sus hijos? Son americanos, pero espero que se sientan del mundo. Han aprendido a adaptarse. A lo mejor les hago daño. Pero asumo esa responsabilidad. Les pido que sean ellos mismos. Que estén cómodos en sus huesos. Que sean lo que quieran ser.

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Les pido que sean ellos mismos. Que estén cómodos en sus huesos. Que sean lo que quieran ser.

¿En el mundo ha encontrado más racismo, clasismo o sexismo? Todo eso. Toda mi vida he sido muy consciente de la intolerancia y los prejuicios.

¿Sus hijos no los han vivido? En parte sí y en parte no. Los humanos estamos más programados para defendernos que para mezclarnos. Podría decir que hoy hay menos sexismo: soy una mujer que da clase en Princeton. Lo mismo sucede con los estudiantes. Hace dos generaciones eran todos blancos. El mundo, mi mundo, parece haber cambiado. Pero en algunos aspectos nada se ha modificado y los cambios no van a mejor. La política lo refleja. Solo la ciencia me da esperanza en el mundo.

¿Cómo educar sin optimismo? Todo cambia. Si no aceptas ese principio básico, estás eligiendo una vida de infelicidad continua. Si no miramos hacia fuera para tratar de entender y escogemos obsesionarnos con nuestro pequeño mundo, al final lo que hacemos es construir miedos.

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Todo cambia. Si no aceptas ese principio básico, estás eligiendo una vida de infelicidad continua. Si no miramos hacia fuera para tratar de entender y escogemos obsesionarnos con nuestro pequeño mundo, al final lo que hacemos es construir miedos.

¿La visión del mundo que describe no precisa cierta posición económica? ¿Cualquiera puede permitirse esa apertura mental? Hay millones de personas con todo el dinero del mundo y cero innovadoras. Quiero creer que la apertura mental no depende del dinero. Depende de la lucidez más que de las oportunidades. La razón por la que pienso que uno puede abrir su mente sin dinero es porque creo en la literatura. Cualquiera que tiene acceso a una biblioteca puede hacerlo.

¿Qué libro abrió la suya? Leer. Ningún libro en concreto.

En sus obras hay miedo a la tecnología. Los teléfonos inteligentes nos hacen estúpidos. Han acaparado nuestra atención.

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En el mundo humano, incluso si alguien se cambia de sexo, no puede dejar atrás todo su pasado. Cargamos con lo que hemos sido.

Ha escrito sobre cómo en el mundo animal para convertirse en mariposa debe desaparecer el gusano. En el mundo humano, incluso si alguien se cambia de sexo, no puede dejar atrás todo su pasado. Cargamos con lo que hemos sido. Podemos alterar, pero no deshacer. ¿Cuál es entonces la realidad? Eso es lo que me fascina y aterroriza a la vez: lo que nos hacemos a nosotros mismos para dejar de ver lo que tenemos delante.

Fuente: Anatxu Zabalbeascoa, en El país semanal, 17 de septiembre de 2017

Carmen García Ribas: “La mujer tiene miedo a su propio talento. Está más cómoda en la queja”.

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“Las mujeres nos comportamos como huéspedes en casa ajena, pero una situación de huésped debe ser temporal. Si no lo es, si se hace permanente, se convierte en sumisión. Y entonces nos convertimos en víctimas”. *** Ilustración Paula Bonet

La importancia de que la mujer se autolidere para ser capaz de coger las riendas de su propia vida y de su carrera profesional llegando a liderar a los demás, es la lección que aprendimos el pasado sábado de manos de la profesora universitaria Carmen García Ribas, directora del Máster en Liderazgo Femenino de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y presidenta del Congreso Internacional de Liderazgo Femenino, periodista, formadora de directivos y referencia internacional en Liderazgo.

“Las mujeres nos comportamos como huéspedes en casa ajena”, afirmó García Ribas, creadora del concepto de “cultura huésped” y especialista en Liderazgo a través de la gestión del miedo. “Pero, una situación de huésped debe ser temporal. Si no lo es, si se hace permanente, se convierte en sumisión”, explicó. “Y entonces nos convertimos en víctimas”.

La profesora, incansable investigadora de la relación de la mujer con el liderazgo, sostiene que esta situación se da sobre todo entre las mujeres y entre los innovadores: “Son profesionales que no encajan en el modelo de poder establecido desde hace tantos siglos. En el caso de la mujer, el miedo a no ser querida, su necesidad de reconocimiento y aceptación, la lleva a actitudes infantiles y fragilizadoras, que hacen que se sienta mal, porque está negando su propia identidad”.

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“En el caso de la mujer, el miedo a no ser querida, su necesidad de reconocimiento y aceptación, la lleva a actitudes infantiles y fragilizadoras, que hacen que se sienta mal, porque está negando su propia identidad”. ***Ilustración, Paula Bonet

García Ribas contó una anécdota muy gráfica al respecto: “En ocasiones me han preguntado si puedo dar un taller o una clase sobre la gestión del tiempo. Por supuesto -he dicho- apunta en una lista todo lo que tienes que hacer esta semana, y luego tacha todo lo que en realidad estás haciendo sólo por agradar y ser aceptada. Verás como te sobra tiempo”.

Esta actitud de generosidad interminable, no siempre deseada, es lo que la profesora ha llamado “el síndrome de Mari Pili”, la necesidad imperiosa de agradar y de servir a los demás a un precio carísimo: nosotras mismas.

– ¿Dónde está mi talento? ¿Por qué no se ve?

– Pero además, la mujer se siente mal en el mundo público, porque se ve obligada a comportarse de una manera impostada, fingiendo ser quien no es para ser aceptada, para encajar en el modelo de lo que se supone que tiene que ser una profesional o una líder. “Y tenemos miedo. Es un miedo permanente a no ser queridas. Ahora lo llamamos estrés, pero es un eufemismo; en realidad estamos hablando de miedo, un miedo que nos genera malestar físico y psicológico y que nos llega a provocar enfermedades”.

Para colmo, a pesar de estar en 2015, “ser profesional sigue viéndose como un complemento en la vida de una mujer”. No parece adecuado que queramos hacer carrera o que nos sintamos bien haciéndola, dejando de lado otros aspectos de nuestra vida. Esto es otra fuente de fragilidad que debemos superar”.

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“Y tenemos miedo. Es un miedo permanente a no ser queridas. Ahora lo llamamos estrés, pero es un eufemismo; en realidad estamos hablando de miedo, un miedo que nos genera malestar físico y psicológico y que no llega a provocar enfermedades”. ***Ilustración, Paula Bonet

 

NECESITAMOS OTRA POLÍTICA DE IGUALDAD

Por otro lado, “La mujer tiene miedo a su propio talento. Parece que estamos más cómodas en la queja. Muchas veces es más fácil seguir en el papel de víctima, en la actitud de sumisión, que aunque tenga sus inconvenientes nos es familiar y nos es cómoda, ya que aparentemente no tenemos responsabilidad, que emponderarnos y asumir el liderazgo”.

“Y los poderes públicos, el Estado, los organismos e instituciones perpetúan esta actitud con sus “ayudas” a las mujeres en situación de sumisión. Si recibes ayuda por ser una víctima, tal vez valga la pena seguir siendo una víctima. Hay todo un entramado de intereses montado en base a ese concepto y esta idea de que la mujer es víctima y necesita este tutelaje, estas ayudas… lo que hace es seguir infantilizándonos y fragilizándonos. Creo que este no es el camino de la Igualdad”.

Sobre la carrera profesional de las mujeres, García Ribas no se mostró más optimista. “Estadísticamente el talento femenino ocupa puestos de soporte. Los jefes son hombres, y en general, quienes rentabilizan el talento femenino son ellos”.

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“La mujer tiene miedo a su propio talento. Parece que estamos más cómodas en la queja. Muchas veces es más fácil seguir en el papel de víctima, en la actitud de sumisión -que aunque tenga sus inconvenientes nos es familiar y nos es cómoda, ya que aparentemente no tenemos responsabilidad- que empoderarnos y asumir el liderazgo”. ***Ilustración, Paula Bonet

Ante esta realidad, la mujer debe tener un comportamiento estratégico y para ello, tomar conciencia de su entorno. “¿Estamos siendo demasiado pródigas con nuestros talentos emocionales?”, se preguntó nuestra ponente, “Y si realmente somos tan inteligentes ¿de verdad lo somos más que los hombres? Si no somos capaces de ponerlo en valor, no; no lo somos”. **

** Fuente: Womantalent, 04 de octubre de 2015

Carmen García Ribas: Vivir con confianza es vivir con libertad

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“La libertad del siglo XXI es la gestión del miedo, es la capacidad para detectar y sortear los estereotipos limitativos que nos vuelven vulnerables, débiles y sumisos” ***Ilustración, Paula Bonet

Carmen García Ribas considera que gestionar el miedo es la única herramienta para ser libre y la única forma de evitar ser manipulado.

“La libertad del siglo XXI es la gestión del miedo, es la capacidad para detectar y sortear los estereotipos limitativos que nos vuelven vulnerables, débiles y sumisos”.

Esto es lo que descubrió Carmen García Ribas, directora de comunicación de la Escuela Superior de Comercio Internacional de la Universidad Pompeu Fabra, profesora de comunicación y consultora de comunicación estratégica especializada en formación de directivos, cuando hace diez años le encargaron un curso de oratoria.

“La chispa saltó por una casualidad, como la manzana de Newton. Yo era periodista, y pensaban que, como yo hablaba, podía enseñar a hablar. El reto me gustó. Empecé a mirar bibliografía y no vi nada que me convenciera. Entonces decidí observar a las personas e incluso a mí misma para descubrir cuando comunico bien y cuando lo hago mal. Me di cuenta de que la diferencia la marca el miedo. Cuando tienes miedo, no comunicas bien. Tienes que generar confianza en tu interlocutor”.

“Empecé a investigar y me sorprendió descubrir que el miedo sólo se trataba desde el ámbito de la patología. Ese era el colmo de la manipulación, que te hagan sentir enfermo porque tienes miedo. Yo lo ubiqué en la comunicación en lugar de en la patología”.

 

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“Para innovar tienes que ponerte frente al miedo y saber gestionarlo porque es la cortina que te tapa los ojos en cualquier ámbito. Todo el mecanismo de consumo que ha llevado a la crisis financiera actual se basa en el miedo a no ser como los demás”. ***Ilustración, Paula Bonet

– Dices que el primer paso para vencer el miedo es reconocerlo…
– La forma más sencilla es observar tu respiración. Cuando respiras mal, tienes miedo.
Los miedos sociales, los que tenemos todos, se dividen en dos categorías: al fracaso y al rechazo. Distintas son las fobias. Eso sí es patológico y materia de psiquiatra. Las mujeres tenemos más miedo al rechazo y los hombres, al fracaso. Esto viene dado por los estereotipos sociales. La única manera de ser eficaz frente al miedo es verlo, descubrir por qué se produce y decidir cómo manejarlo.

– El miedo es un gran freno…
– Para innovar tienes que ponerte frente al miedo y saber gestionarlo porque es la cortina que te tapa los ojos en cualquier ámbito. Todo el mecanismo de consumo que ha llevado a la crisis financiera actual se basa en el miedo a no ser como los demás. Han hecho creer a todo el mundo que podían tener la gran casa, el gran coche… Esto está fomentado por el marketing, partiendo de la base de hacer creer a todo el mundo que todos son iguales.
Si Isabel Preysler dice que tiene una casa con seis cuartos de baño, la señora Pepa también puede. Y ahí está el miedo a ser diferente, a quedar excluido. Con esto se puede manipular a muchos niveles. Somos muy vulnerables al miedo cuando no reconocemos que lo tenemos.

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“El tema de la igualdad es horroroso. Pensar que todos tenemos que ser iguales es negativo. Tenemos miedo a ser desiguales y la desigualdad es la identidad. La igualdad es anti-creatividad, anti-innovación, anti-avance (…) El miedo lleva a querer ser igual que los demás y te impide ser como eres” ***Ilustración, Paula Bonet

– ¿Cómo influye en la capacidad de liderazgo?

– Lo primero que limita el miedo es tu capacidad de liderazgo personal. Tu capacidad de vivir como quieres y tu capacidad de diseñarte. No estamos acostumbrados a aplicar la estrategia en la vida de cada uno. Hay muchas personas que trabajan haciendo planificaciones estratégicas y ni se les ha ocurrido que su vida también puede ser planificada estratégicamente.
Vivimos según unos estereotipos. Nos dicen “la familia es así”, “la pareja es así”… y tú tratas de adecuarte a la foto fija que te ofrece el mercado de valores. El tema de la igualdad es horroroso. Pensar que todos tenemos que ser iguales es negativo. Tenemos miedo a ser desiguales y la desigualdad es la identidad. La igualdad es anti-creatividad, anti-innovación, anti-avance… Es un término que se ha hecho popular pero la igualdad es castrante. El miedo lleva a querer ser igual que los demás y te impide ser como eres.

– ¿Cómo afecta a la creatividad?

– No hay que quitar el miedo. Hay que identificarlo y gestionarlo. Por ejemplo, hay que separar las amenazas reales de las que son fruto de la imaginación. El miedo provoca lo que temes. Los miedos al rechazo son miedos difusos, alimentados por el entorno y por estas modas americanas como: “¿ qué te gustaría que dijeran de ti el día en que te mueras?”.
Como si no quieren decir nada. Lo que tengo que hacer es vivir gestionando mi miedo y el de los demás. Vivir con confianza es lo mismo que vivir en libertad. Si vives sin miedo, autorizas a los demás a vivir igual. Te autorizas a equivocarte. Autorizarse es la palabra clave para gestionar el miedo.
La libertad de elegir es la libertad de conectar con tu identidad, no la libertad de escoger entre las distintas propuestas que te hace el mercado. Me tengo que autorizar a ser como soy. Gestionar el miedo es la única herramienta de libertad y la única forma de evitar ser manipulado. *

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“La libertad de elegir es la libertad de conectar con tu identidad, no la libertad de escoger entre las distintas propuestas que te hace el mercado. Me tengo que autorizar a ser como soy. Gestionar el miedo es la única herramienta de libertad y la única forma de evitar ser manipulado” ***Paula Bonet

 

El deseo de protección y la sumisión no están en la naturaleza de la mujer.

Para García Ribas, la mujer teme el rechazo y el hombre, el fracaso. Y esto nos lleva a una actitud, en el trabajo y en las relaciones, de búsqueda desesperada de la aprobación. La mujer busca convertirse en una marca blanca, no sobresalir, porque teme que, si despunta en algún área, se hará realidad su temor a no ser querida. “Y es que ellas quieren gustar, mientras que ellos se vuelcan en ganar. Sin embargo, las mujeres siguen situando al hombre como hilo conductor de sus vidas. Todos los logros de las mujeres no son nada sin la luz del hombre, lo que arropado por el término feminidad constituyen los factores determinantes de la autolimitación. En la actualidad, las mujeres se forman para ser mejor producto, no para ser comprador. Aumentan su calidad, desean crear valor, pero para optar al mejor postor, no para ganar autonomía”, explica García Ribas, que recomienda a las mujeres que deseen triunfar que tengan una estrategia. “Esta estrategia pasa por no pensar en ser querida. No se puede salir a la calle todos los días con cariñómetro e intentar agradar a todo el mundo, según te van mirando o hablando, te adaptas. Si tu objetivo en la vida es que te quieran, estarás negando tu propia identidad”.**

* Fuente: Mar Abad, en “Brandlife” número 104, del 29 de enero del 2009.

** Fuente: Elena Gallego, en “Glamour”, del 08 de octubre del 2014.

 

 

 

El “Síndrome de Maripili”: el miedo de las mujeres a no ser queridas.

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“De cómo las mujeres se boicotean a sí mismas porque quieren obedecer a un estereotipo ancestral, ya que no obedecerlo supone asumir la soledad del rechazo o la incomprensión de sus propias familias, no sólo de sus maridos, sino del parentesco político o carnal, incluso de sus propias madres”.

El temor a no gustar, a ser rechazada, frena la carrera de muchas profesionales. Este autosabotaje no consciente es, según Carmen García Ribas, la única causa de que no haya más mujeres en puestos de responsabilidad. Esta profesora de comunicación se dió cuenta de dicha realidad hace unos años, la estudió y la bautizó como “Síndrome de Maripili”. Más adelante diseñó un máster para superar esta patología, el posgrado de Liderazgo Femenino, que actualmente se puede cursar en la Escuela Superior de Comercio Internacional (ESCI) de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

– ” (…) ¿Cómo podría definirse el Síndrome de Maripili?

– Se puede hablar de ciertas conductas observables que son el efecto de dicho síndrome. Estas son todas aquellas que llevan al autosabotaje en diferentes roles.

El síndrome de Maripili tiene raices culturales, sociales, familiares y emocionales.

En una cultura donde se endiosa el perfeccionismo, la estética a ultranza, una ideología de preponderancia masculina y el tomar a los seres humanos como objetos, es lógico que tengan como efecto personalidades autoexigentes y preocupadas por “pertenecer”, donde “pertenecer” significa dejar de lado las propias metas y objetivos para tener en cuenta los objetivos de la cultura.

Por otro lado, ciertos grupos familiares impulsan aún más estos modelos sociales de éxito y perfeccionismo, pretendiendo que las hijas criadas en estos hogares sean “perfectas” en cuanto a su belleza física y a su adecuación al modelo social. Mujeres perfectas para encontrar maridos perfectos (buen nivel económico, probablemente profesionales, deportistas o empresarios exitosos) para tener hijos también perfectos, viviendo en barrios perfectos.

Estas familias provocan un estrés y desgaste emocional profundo en los hijos que educan, en este caso hijas, que tratan desesperadamente de adecuarse a lo que se espera de ellas convirtiéndose en seres inseguros, muchas veces de aspecto físico muy agradable y paradojalmente de baja autoestima, muy atentas a cualquier imperfección física, ya que esto implica descender en el modelo social.

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“Su origen: el miedo de las mujeres a no ser queridas, el miedo a no complacer las expectativas del entorno; en resumen la sumisión como modelo existencial”. ***Ilustración, Jimmy Liao

– ¿Quiénes lo padecen?

– Este síndrome es sufrido por mujeres que viven de acuerdo a un modelo de sumisión. Esto implica aceptarse a sí mismas como objetos, que pueden ser “vendidos” y “comprados” comercialmente, por lo tanto se adaptan a lo que los modelos masculinos pretenden de ellas, lo cual equivale a aceptar un modelo de competitividad, donde algunos están arriba y otro abajo. En este modelo, las mujeres están abajo y los hombres, arriba.

¿Cuál es la causa? ¿Dónde tiene su origen?

– Su origen: el miedo de las mujeres a no ser queridas, el miedo a no complacer las expectativas del entorno; en resumen la sumisión  como modelo existencial.

¿Cómo afecta la vida diaria de quien lo padece?

– Muchas veces su miedo a ser abandonadas y no queridas las lleva a someterse a situaciones  de injusticia y/o violencia por ejemplo, en el seno familiar.

Lo que ocurre es que la ciega necesidad de ser amado, respetado y reconocido por las personas que nos rodean puede llevar a someterse incondicionalmente a otro por temor e inseguridad, con la consiguiente carga de emociones negativas que pueda volcarse hacia el otro o hacia si mismo en conductas violentas autodestructivas (por ejemplo adicciones) o también enfermedades.

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“Las personas que padecen el “Síndrome de Maripili”, plantean que siempre todo está bien, se muestran siempre deseosas de ayudar al otro, olvidándose de sí mismos”.

¿Puede revertirse? ¿Cómo?

– Estas situaciones son reversibles, para eso es necesario:
Tomar consciencia de las capacidades propias y valorarlas.
Tomar la decisión, que si bien los demás son importantes, nosotros también lo somos.
Eliminar creencias machistas.
Reemplazar un modelo competitivo (siempre hay uno que gana y otro que pierde) por uno colaborativo (todos podemos ganar, por lo menos en algo).
Aprender a pedir lo que cada uno esencialmente necesita, en vez de cubrirlo por el temor a la mirada del otro.
Por último, tomar riesgos teniendo la seguridad que es nuestra propia vida y nuestro equilibrio emocional el que esta en juego.

¿Cómo puede colaborar el entorno de la persona?

– Comprendiendo las inseguridades de quien sufre este síndrome, asegurándoles amor y protección, no permitiendo ser complacidas e invitando a que expresen lo que auténticamente piensan y sienten en cada situación, aceptando que por momentos podemos expresar tristezas y enojos y ser comprendidos y protegidos, destacando los logros de estas personas aunque sean pequeños, ya que un pequeño éxito constituye un escalón para un éxito mayor. En síntesis, mostrando amor, comprensión, calidez y protección.

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“Aprender a expresar lo que auténticamente piensan y sienten en cada situación, aceptando que por momentos podemos expresar tristezas y enojos y ser comprendidos y protegidos”. ***Ilustración, Paula Bonet

Las personas que padecen el “Síndrome de Maripili”, suelen encerrarse en sí mismas, plantean que siempre todo está bien, se muestran siempre deseosas de ayudar al otro, olvidándose de sí mismos, nunca plantean preferencias ni gustos personales, van por ejemplo a ver películas que otros deciden, a restaurantes que a otros les agradan, adquieren la ropa que más les gusta a amigas, madre o parejas.

En síntesis, no toman consciencia de sus propios deseos, preferencias, sentimientos. Su única guía es agradar al otro y ocultarse tras esa sensación de que los deseos de los otros están primero que los propios.

Esto, con el transcurso del tiempo provoca más y más emociones desagradables, sienten mucho enojo consigo mismas por su complacencia con otros, pero al mismo tiempo no pueden dejar de hacerlo. Les es difícil salir del círculo de complacencia, enojo, mayor complacencia para tapar el enojo provocado por esta mayor complacencia, círculo que se repite indefinidamente.

Para salir de este círculo, es imprescindible el desarrollo de la inteligencia emocional y de la propia autoestima.

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“No toman consciencia de sus propios deseos, preferencias, sentimientos. Su única guía es agradar al otro y ocultarse tras esta sensación de que los deseos de los otros están primero que los propios”.

Maripili en el mundo laboral.

– En el ámbito laboral, se perciben rápidamente las mujeres que padecen el síndrome de Maripili. Son amables y buenas compañeras, y muchas veces no ascienden en su trabajo, por miedo a no ser queridas.

Cuando en cambio acceden a puestos de liderazgo, son permisivas, les cuesta poner límites. Es más importante para ellas ser queridas y reconocidas que ser efectivas. Lo cual las convierte en líderes poco eficaces y poco protectoras, ya que permiten muchas conductas inadecuadas de sus subordinados.

Estas mujeres, al aceptar el modelo de sumisión cultural al hombre, no se plantean puestos jerárquicos muy elevados, ya que al mismo tiempo, estos puestos entran en competencia e incongruencia con sus otros roles (esposa, madre, etc.).

El llamado techo de cristal existe no sólo por la existencia de un modelo cultural masculino de limitación del crecimiento femenino, sino que se sustenta además por la aceptación que tienen las Maripili de dicho modelo.

Es importante, para el liderazgo femenino tener en cuenta la importancia de un modelo de colaboración posible entre las visiones del mundo masculinas y las visiones femeninas del mismo. Esta integración, de ambas visiones dentro del liderazgo posibilita las potencialidades tanto de hombres como de mujeres.

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“El llamado techo de cristal existe no sólo por la existencia de un modelo cultural masculino de limitación del crecimiento femenino, sino que se sustenta además por la aceptación que tienen las Maripili de dicho modelo”. ***Ilustración, Paula Bonet

Las emociones pueden educarse:

* Inteligencia emocional

¿Cómo desarrollar tu potencial? Inteligencia emocional para manejar eficazmente mis emociones, controlar el impulso, el enojo, los celos, la culpa, tolerar presiones, mejorar las relaciones laborales y desarrollar habilidades sociales.

* Autoestima

El poder de la autoestima. ¿Piensas que los logros de los otros son más importantes que los tuyos? Emociones. Metas. La mirada de los otros. Aprender a decir no y poner límites.

* Quiero pero no puedo

Tener una pareja, conseguir un trabajo, decir lo que siento… quiero, pero no puedo. ¿Cómo lograr aquello que tanto queremos pero no logramos obtener? ¿Cuáles son los obstáculos que me traban? Desarmar las propias estructuras rígidas fundadas en el perfeccionismo, de críticas internas y la búsqueda de aprobación.

* Coordinar y liderar

¿Cómo coordinamos un grupo? ¿Cómo ser un líder efectivo y motivar grupos? Para todos aquellos que tienen a su cargo la coordinación de grupos, herramientas efectivas de la comunicación, manejo de conflictos, mediación y negociación. El coordinador como líder”. **

** Fuente:  Infobae.com entrevistó a la licenciada Elsa E. Alvarez (MN 944) y a la licenciada Cecilia Lotero (MN 37589), del Instituto de Psicología Argentino (Inepa).

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“El miedo al éxito profesional conduce inevitablemente al fracaso, ese miedo viene determinado por el temor a no ser una buena madre, a permanecer sin pareja, a sentir el rechazo de la propia familia, en definitiva a romper con ese estereotipo lacerante en el que aún estamos atrapadas, por no mencionar las nuevas metas a las que debemos aspirar si queremos cumplir con el nuevo corsé de las mujeres actuales: cuidar el físico, estar siempre dispuesta sexualmente, y un largo etc.”.

Huye del “Síndrome de Maripili”

Lo identificó hace una década la periodista y experta en comunicación Carme García Ribas. Los síntomas son inequívocos. A las mujeres, en su faceta profesional, pero también personal, les puede el miedo al rechazo y adoptan actitudes de autosabotaje y sumisión. Es autosabotaje comenzar una intervención en público con un “no sé si me sabré explicar” o un “igual digo una tontería”. Es autosabotaje negar que se es ambiciosa cuando una tiene dos carreras, tres másters y habla inglés y alemán. Y este autosabotaje, esta sumisión fruto del miedo, lleva a perpetuar modelos de conducta marcados por los estereotipos: la queja, el enfado, el victimismo, la tristeza, la importancia del aspecto físico…

García Ribas, para mostrar que las mujeres pueden dirigir sus carreras de forma estratégica sin ceñirse al modelo masculino. “Hay dos miedos sociales: al fracaso y al rechazo. De los dos, el último forma parte de la identidad femenina. Naturalmente, este temor a no ser queridas las lleva a la sumisión, pero ésta implica pasividad y el “Síndrome Maripili” se da en mujeres activas, preparadas, inquietas, con capacidad de crear negocio. Ésa es la diferencia”, explica esta experta en liderazgo. Entonces, ¿qué les ocurre a estas mujeres? ¿Por qué muchas se acobardan y tiran la toalla a pesar de tener formación suficiente? “En lo más íntimo, ellas se sienten insuficientes, aunque sean atrevidas, luchadoras, trabajadoras, guapas, atractivas…”, analiza la profesora. Este desperdicio de talento tiene una clara repercusión económica para las empresas; de hecho, implica una pérdida de casi mil millones de euros al año sólo en Barcelona, según los cálculos de la Cámara de Comercio de la capital catalana.

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“Para Carmen García Ribas, la mujer se ha construido desde la pequeñez. El código familiar antiguo era que la mujer buena era discreta, recatada, humilde, no se hacía ver; y, de alguna manera, es el mensaje que sigue vigente en todo el mundo árabe. Pero al no hacerte ver no puedes ser ambiciosa, ni poderosa, ni tener opinión, ni ser guapa, ni nada”.

Cambiar el modelo

El primer paso para huir de este mal sería cambiar el modelo laboral masculino -que opera en casi todas las empresas- por otro en el que se sintieran más cómodas las mujeres. Pero esto supone una transformación radical en muchos ámbitos, por ejemplo, en la forma de comunicar que suele considerarse femenina. “Si comunicas desde la debilidad o la sumisión, tú misma estás saboteando tu proyecto porque te infantiliza”, manifiesta Carmen García Ribas.

El segundo aspecto que hay que modificar es la relación con el dinero y las finanzas. “A las mujeres no nos parece femenino hablar de dinero. Y no sabemos negociar, porque si tú orientas tu comportamiento a gustar estás `antinegociando´ -dice la experta-. Si yo te digo `vas a cobrar tanto´ o `tienes que trabajar esto´, tú me dirás siempre que sí, porque quieres complacer”. 

Y hay una tercera cuestión en el carro de las carencias femeninas en el mundo de los altos directivos: no saber crear estrategias. Para Carmen García Ribas, el primer paso sería “ser consciente del propio poder, de lo que se quiere, y no creer que tienes que cumplir un estereotipo para gustarle a tu madre o a la vecina”.

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“El primer paso sería ser consciente del propio poder, de lo que se quiere, y no creer que tienes que cumplir un estereotipo para gustarle a tu madre o a la vecina. Seducir es poder, coquetear es sumisión”. ***Ilustración, Paula Bonet

 

PROCESO DE AUTORIZACIÓN

Pero para abrir una vía a esta transformación es necesario que la propia mujer se dé permiso “a ganar más dinero, a tomar más decisiones, a elegir entre varias opciones y a ser ambiciosa”. Carmen García Ribas lo llama `proceso de autorización´, y comienza cuando la propia mujer toma conciencia de lo que es. Sin embargo, algunas profesionales se preguntarán si dejar de ser una “Maripili” tiene un precio; la experta en liderazgo femenino afirma que “lo que tiene un coste es vivir en el síndrome. Salir de él sólo tiene ventajas”.

Para Carmen García Ribas, la mujer se ha construido desde la pequeñez. “Las abuelas decían: `el buen paño en el arca se vende´, y ahora no, el buen paño necesita marketing para venderse. El código familiar antiguo era que la mujer buena era discreta, recatada, humilde, no se hacía ver; y, de alguna manera, es el mensaje que sigue vigente en todo el mundo árabe. Pero al no hacerte ver no puedes ser ambiciosa, ni poderosa, ni tener opinión, ni ser guapa ni nada”.

 

 

 

 

 

 

Fátima Mernissi, Magia del incienso.

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-“Hay magia en el aire, me murmuré justo antes de que mis ojos quedaran hipnotizados por un cuadro que me transportó fuera del tiempo”. *** Rachid Sebti, Magia del incienso

Nos equivocamos cuando decimos que el azar no existe. Porque cuando te ofreces una hora para vagabundear sin fijarte una meta concreta, creas ya un territorio en el que el azar puede manifestarse.  Esa tarde de primavera de 2003 me desperté con ganas de vagabundear. A la puesta de sol, me escapé hasta el Mercado de las Flores de la plaza Pietri, donde me regalé tres orquídeas y una rama de jazmín blanco, y fue en ese momento cuando me di cuenta de que había una exposición al otro lado de la plaza. El nombre del pintor me era desconocido. Lo que era una ventaja, porque, ese día, tenía ganas de desconectar. La galería estaba llena y al principio me entró pánico, porque me horroriza, cuando busco la ensoñación, que me embarquen en saludos y abrazos interminables Moroccan-Style, inevitables en el centro de Rabat. Se produjo un milagro: nadie me saludó. ¡Evidentemente! Todo el mundo estaba absorto con las imágenes expuestas. “Hay magia en el aire”, me murmuré justo antes de que mis ojos quedaran hipnotizados por un cuadro que me transportó fuera del tiempo.

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– “Y ¿cómo se puede practicar el sihr (magia) sin una azotea encalada donde una luna subversiva inunde con su luz turbia los sueños de las mujeres?”. ***Rachid Sebti, Entre deux coussins

Magia del incienso era su título y la escena me era conocida: era el harén familiar de Fez en 1958. Las tres adolescentes con los pies pintados con henna, cuyo sueño celebraba el cuadro, envueltas en una sábana cualquiera, sobre una alfombra, a un palmo del brasero donde expiraba el último trozo de incienso, eran mis primas después de la vigilia de ´Achoura. Efectivamente, eran Chama, Malika y Sakina, mis primas un año mayores que yo, adolescentes precoces que repetían clandestinamente las palabras mágicas del Qbul, ritual de seducción reservado en principio a las mujeres casadas. Estas últimas, es decir, mi madre y las mujeres de mis tíos, se engalanaban como princesas y volaban hacia la azotea antes de que apareciese la luna de la fiesta de ´Achoura, armadas con braseros incandescentes en los que echaban gri-gri disimulado con un poco de incienso, mientras salmodiaban públicamente la fórmula-poema (rubi) que embruja a los maridos para siempre. En cuanto mi madre terminaba de recitar el rubi (poema inventado por las mujeres) en la azotea, fijos sus ojos en la luna y sus manos tejiendo trampas imaginarias alrededor del jawi que ardía en el brasero, unos djinns poderosos se movilizaban para vigilar a mi pobre padre, ajeno a cuanto ocurría.

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-“Nos equivocamos cuando decimos que el azar no existe. Porque cuando te ofreces una hora para vagabundear sin fijarte una meta concreta, creas ya un territorio en el que el azar puede manifestarse”. ***Rachid Sebti, Sur-le-toit

A causa de los ritos mágicos, nuestro vecino, el cadí Chaui, que impartía un curso en la prestigiosa Universidad de Kairuán, prohibía sencillamente a sus tres mujeres que celebrasen la ´Achoura. Y como sabía, como todos los maridos Fassies, que las esposas no obedecen nunca a su dueño, tomaba la precaución de cerrar él mismo la puerta de la azotea con doble llave unos días antes de la fiesta.

-“Y ¿cómo se puede practicar el sihr (magia) sin una azotea encalada donde una luna subversiva inunde con su luz turbia los sueños de las mujeres?”, constataba mi abuela Yasmina escandalizada por la rigidez del cadí.

-“Uno de estos días” -le contestaban a coro Chama, Malika y Sakina, que contaban con la abuela para aprender las fórmulas mágicas-, “el cadí va a prohibir a sus dóciles mujeres que respiren”.

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-“Isti´dad, explicaba a las mujeres que lo visitaban, es la preparación que hay que recibir: tú no recibes nada de la vida si no aclaras primero tu deseo. Luego, debes concentrarte en la búsqueda”. ***Rachid Sebti

Dos viernes antes de ´Achoura, unos vendedores a lomo de burro invadían el barrio y llamaban a las puertas cuando se habían marchado los hombres para vender a las mujeres bkhour, preciosa mezcla de inciensos para quemar, empezando por el jawi y el fasukh. Yo aborrecía el olor de este último, pero como estaba decidida a seducir al planeta, me pegaba al brasero para aprender ´al-Isti´dad, término Sufí que repetía Sidi Soussi, el Fquih favorito de la abuela Yasmina. “Isti´dad”, explicaba a las mujeres que lo visitaban, “es la preparación que hay que recibir: tú no recibes nada de la vida si no aclaras primero tu deseo. Luego, debes concentrarte en la búsqueda”. El deseo mío estaba clarísimo: el planeta a mis pies. Y voy a armarme de jawi y de fasukh para seducir a los profesores que deben darme los diplomas y al hombre con el que me quiero casar.

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– “Y como sabía, como todos los maridos Fassies, que las esposas no obedecen nunca a su dueño, tomaba la precaución de cerrar él mismo la puerta de la azotea con doble llave unos días antes de la fiesta”. ***Rachid Sebti, Les volets bleus

Décadas más tarde, cuando vine a Rabat oficialmente para estudiar Derecho en la Universidad Mohammed V, descubrí los secretos del jawi y del fasukh al encontrar una maravilla que fue mi libro de cabecera: La farmacopea marroquí tradicional: medicina árabe antigua y saberes populares, de Jamal Ballakhdar. Fasukh, explicaba el libro, quiere decir literalmente el que deshace los sortilegios, y añadía que “es el nombre dado a la goma-resina que segrega la planta” que tiene por nombre latino Ferula communis o férula, o también falso hinojo. Bellakhdar afirma que Marruecos está mundialmente reconocido como productor de ésta sustancia mágica: “Fasukh… es el producto comercial más conocido bajo el nombre  de goma amoniaco de Marruecos. Esta antigua sustancia es conocida en todas partes, hasta en la India, y sirve para designar la droga que viene de Marruecos”. En cuanto a jawi o benjuí, está lejos de ser made in Morocco, explica Bellakhdar: “Es una abreviación de al-luban al Jawi, incienso, perfume de Jawa”. Y termina recordando que es el nombre que lleva esta resina aromática en todo el mundo musulmán. Leyendo el libro de Jamal Bellakhdar, me di cuenta de que estaba lejos de ser la única fan de estos productos y que sus consumidores se contaban, desde hace siglos, por millones a través del mundo musulmán.

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– “El deseo mío estaba clarísimo: el planeta a mis pies. Y vo a armarme de jawi y de fasukh para seducir a los profesores que deben darme los diplomas y al hombre con el que me quiero casar”. ***Alexander Mann-Un regard sur le monde extérieur, Maroc 1892

Pero volviendo a la fiesta de ´Achoura que traían a mi memoria los cuadros de la exposición, y sobre todo los que invocaban el trance y las danzas espontáneas, el cadí Chaoui, que era un fino psicólogo, no dejaba de recordar a todas las mujeres de la calle de Salaj, en cuanto aparecía el primer vendedor de incienso, que la definición de la palabra sihr (magia) dada en el siglo XIII por Ibn Manzhur, el autor del diccionario Lissan al arab (La lengua de los árabes), está muy clara en cuanto a su naturaleza  criminal: “El sihr transforma el odio en amor… y, en ese sentido es una traición…”. El sihr es una actividad peligrosa, según Ibn Manzhur, “porque pervierte la naturaleza propia de las cosas… Transforma la mentira en su realidad. Os hace imaginar cosas que no existen”.

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– ” (…) transformar a todos los que me destestan, o, peor aún, a los indiferentes para los que ni siquiera existo, en enamorados perdidos, quemando un poco de jawi y de fasukh en una azotea inundada de luna! La idea de seducir al mundo y a los seres, teniendo a la luna por cómplice, no me abandonó nunca; (…)”. ***Rachid Sebti

Inútil decirles que yo bebía las palabras del cadí Chaoui y aprendía de memoria a Ibn Manzhur porque sólo soñaba con una cosa: dominar los sortilegios durante la luna llena de ´Achoura. Semanas antes de que llegara, yo trepaba detrás de Chama, Malika y Sakina por las escaleras de azulejos verdes de la gran casa familiar, para evitar que se me escapasen echando el cerrojo de la puerta de la azotea. Porque yo sabía que habían escamoteado algo de jawi  y de fasukh, cuando Yasmina declaró que le habían robado su reserva. ¡Ser la sehara de la calle Salaj era mi sueño! Y ¿por qué no?, me decía, con la ayuda de los estudios puedo concursar para el puesto de la sehara más poderosa del reino.

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– “El sihr (magia) es una actividad peligrosa, según Ibn Manzhur, porque pervierte la naturaleza propia de las cosas… Transforma la mentira en su realidad. Os hace imaginar cosas que no existen”. ***Rachid Sebti, La nuit de noces

¡Qué magnífica profesión, me repetía secretamente, una vez en la Facultad de Mohammed V en Rabat, observando atentamente los ciclos de la luna: transformar a todos los que me detestan, o, peor aún, a los indiferentes para los que ni siquiera existo, en enamorados perdidos, quemando un poco de jawi y de fasukh en una azotea inundada de luna! La idea de seducir al mundo y a los seres, teniendo a la luna por cómplice, no me abandonó nunca; de ahí el delicioso viaje en el tiempo hacia el harén de mi infancia, provocado por los cuadros de la exposición de Rachid Sebti.

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– ” (…) el Qbul, ritual de seducción reservado en principio a las mujeres casadas (…) se engalanaban como princesas y volaban hacia la azotea antes de que apareciese la luna de la fiesta de ´Achoura, armadas con braseros incandescentes (…) mientras salmodiaban públicamente la fórmula-poema que embruja a los maridos para siempre”. ***Rachid Sebti, Bonheaur partagé

En el siglo X, el historiador Mas´udi, que había prometido al principio de su libro Muruj adDahab hablarnos de cuanto había visto con sus propios ojos a lo largo de sus viajes, estaba maravillado, después de su visita a China, por la importancia dada a los artistas. “Los habitantes de ese imperio son, de entre las criaturas de Dios, los más hábiles con sus manos en la pintura y en las demás artes. Ninguna otra nación podría superarlos cualquiera que fuese la tarea. Cuando un chino ha hecho con sus manos un trabajo que él cree inimitable, lo lleva al palacio del rey con la esperanza de recibir una recompensa por su obra maestra. El rey ordena de inmediato que esa obra quede expuesta en palacio durante un año, y si durante ese tiempo nadie le encuentra ningún defecto, el rey concede al autor una recompensa y lo admite entre sus artistas. Pero si descubren un defecto en la obra, el autor queda despedido sin gratificación”.

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– ” (…) para intentar seducir al rey con un poco de jawi y de fasukh si fuese necesario, y que acepte restituirnos a nuestro artista, aunque sólo fuese a tiempo parcial durante el verano, para que ayude a las señoras de cierta edad, como yo, que viven en el Reino de Marruecos a reencontrar su adolescencia”. ***Rachid Sebti

Según el consejo de Mas´udi, propongo lo siguiente: si de aquí a mayo de 2004 nadie se queja de las pinturas de Rachid Sebti, que se envíe una delegación diplomática al Reino de Bélgica, porque allí vive el artista, para intentar seducir al rey con un poco de jawi y de fasukh si fuese necesario, y que acepte restituirnos a nuestro artista, aunque sólo fuese a tiempo parcial durante el verano, para que ayude a las señoras de cierta edad, como yo, que viven en el Reino de Marruecos a reencontrar su adolescencia.

 

Fuente: Fátima Mernissi, en “El País” del miércoles, 17 de septiembre de 2003. Traducción de Carmen Martí Fabra